Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

ES VIRAL

Jacob Lorenzo, sobre el viral de su hijo Matías en Carnaval: “No me entra en la cabeza hablar de orientaciones con niños de 4 años”

Jacob Lorenzo recuerda en un podcast cómo su hijo eligió un disfraz de hada “por una capa, unas alas y una varita” y cómo la escena terminó haciéndose viral.

Jacob Lorenzo: "Quiero que mi hijo Matías sea libre y lo que quiera ser"

La Provincia

Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

En pleno Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, Jacob Lorenzo volvió a hablar de la escena que emocionó a miles: su hijo Matías disfrutando la fiesta vestido de hada. En el podcast El padre de los podcast, el canario cuenta cómo nació el disfraz en casa, la naturalidad con la que lo vivieron y cómo un vídeo familiar terminó convirtiéndose en un fenómeno viral.

La historia ya había emocionado a Canarias semanas atrás. LA PROVINCIA contó el pasado 18 de febrero que Matías se convirtió en símbolo de una forma libre y espontánea de vivir el Carnaval, una fiesta asociada en Tenerife a la fantasía, la creatividad y la posibilidad de jugar a ser cualquier personaje sin corsés. En esa cobertura, el diario subrayaba precisamente la sonrisa del menor y el valor emocional de una escena que muchos interpretaron como una defensa de la infancia sin prejuicios.

La elección del disfraz

En el podcast, Jacob Lorenzo enmarca el episodio en un debate social que, a su juicio, a veces se aleja de lo esencial. “Se han hablado de cosas de orientaciones sexuales con niños de 4 años que para mí, o sea, no me entra en la cabeza”, afirma. Frente a ese enfoque, el comunicador reivindica una lectura mucho más sencilla de lo ocurrido: la de un niño que entra en una tienda de disfraces y se fija en aquello que le llama la atención.

El vídeo viral en Canarias que celebra la libertad infantil en los Carnavales de Tenerife

La Provincia

“Se ha dejado de lado que el niño entra a un sitio de disfraces y vamos a buscar un disfraz de Superman para él y otro para mí y él ve una capa y se enamora de la capa”, relata. A partir de ahí, según cuenta, la supuesta polémica se reduce a un gesto infantil tan reconocible como cualquiera: la fascinación inmediata por un complemento. No por una etiqueta, no por una consigna, sino por un elemento visual y lúdico.

“Le gustaba la capa”

Lorenzo insiste en que todo ocurrió con absoluta espontaneidad. “Tuvimos que buscar otros 200 accesorios para que se pudiese disfrazar de algo que yo no sabía ni de lo que era, él le gustaba la capa”, explica entre risas. En su versión, lo importante no era encajar en una idea prefabricada del disfraz, sino seguir el impulso del niño, completar aquello que él había imaginado y dejar que el juego hiciera el resto.

En esa misma línea, añade otro detalle que termina de dibujar la escena: “Y de repente pues él quería ser un hada. Y porque vio las alas y vio la varita y fue tan simple, lo compramos”. La frase resume la tesis central de su testimonio: para la familia no hubo conflicto, debate ideológico ni cálculo simbólico; solo una elección nacida de la ilusión con la que se vive el Carnaval en Tenerife, donde el disfraz forma parte de una tradición profundamente arraigada. El Coso Apoteósico, uno de los actos más emblemáticos del Carnaval de Santa Cruz, se celebró precisamente el 17 de febrero dentro del programa oficial de 2026.

Camino al Coso de Los Realejos

El canario sitúa después la escena en Los Realejos, adonde acudieron disfrazados para participar del ambiente carnavalero. “Decidimos ir al coso, el niño se viste”, rememora. Lejos de cualquier incomodidad, Jacob cuenta incluso con orgullo cómo su hijo se manejaba con soltura entre maquillaje, brillos y accesorios: “Yo le pongo su brillante, él los pone mejor que yo, sin duda, o sea, porque es una máquina”.

Ahí vuelve a insistir en una idea que ha repetido desde que el vídeo empezó a circular: “Sí que es real que lo vi una cosa súper normal”. Esa normalidad, precisamente, fue la que conectó con miles de personas en redes. La escena no aparecía como una provocación ni como un manifiesto, sino como una instantánea familiar reconocible en una celebración que, por definición, invita a transformarse, jugar y exagerar.

La viralidad inesperada

Lo que vino después, según Lorenzo, sí fue completamente inesperado. Mientras la familia tomaba algo, él se puso a editar el vídeo en el móvil y lo subió como había hecho tantas otras veces. “Llegamos al coso, pues edito el vídeo que mientras estábamos tomando algo, pues edito el vídeo y se sube”, recuerda. Nada hacía pensar que aquella publicación iba a tener un recorrido distinto al de otros contenidos cotidianos.

Sin embargo, el crecimiento fue casi inmediato. “Ya con la sorpresa de que en media hora habían subido como unos 4.000 seguidores. Y yo no sabía qué estaba pasando”, asegura. El propio Lorenzo recalca que no hubo intención de buscar notoriedad: “Te prometo que no sabía ni lo había ni hago ese vídeo buscando que tenga esta repercusión”. En su opinión, la difusión obedeció a una combinación de azar y algoritmo: “Hubo alguien que lo publicó o Instagram quiso que fuese así, porque creo que funciona un poco así, ¿no? Y claro, y ahora pues se me rompió el Instagram”.

Un relato contra los prejuicios

El caso de Matías terminó trascendiendo la anécdota digital para abrir una conversación social más amplia sobre infancia, estereotipos y libertad. La pieza difundida por LA PROVINCIA ya apuntaba que el gesto del niño había emocionado a muchos canarios precisamente por su naturalidad y por la forma en que el Carnaval puede convertirse en un espacio de expresión sin filtros para los más pequeños.

Las declaraciones de Jacob Lorenzo en El padre de los podcast refuerzan ahora esa misma lectura. Su testimonio no busca elevar la historia a categoría ideológica, sino devolverla a su origen: un niño que vio una capa, unas alas y una varita, y quiso jugar. En tiempos de debate crispado, Lorenzo reivindica la sencillez de aquella escena familiar y la resume con una frase que probablemente explique mejor que ninguna otra el alcance de la historia: “Yo lo vi una cosa súper normal”.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents