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LA + SINCERA

Omayra Cazorla reivindica el papel de la cómica canaria y habla de su peor momento: "No supe tocar las puertas adecuadas"

La humorista canaria reivindica a las cómicas invisibilizadas (Petit Lorena, Yanely, Lili Quintana), defiende el oficio del monologuista y confiesa su mayor miedo y los pensamientos intrusivos.

El lado más vulnerable de Omayra Cazorla y su mayor miedo

La Provincia

Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

Omayra Cazorla se abrió en canal en Helado Oscuro, el podcast de Doramas Sosa: defendió el humor hecho por mujeres en Canarias y, a la vez, habló sin postureo de vulnerabilidad, salud mental y miedos. La humorista grancanaria repasó su trayectoria y el peso de la fama en redes con una idea clara: las cómicas canarias siempre han estado ahí, pero durante años el foco no las miró.

Cazorla explicó que su relación con la comedia no nació solo desde el escenario, sino también desde una conciencia social muy marcada por su formación. “Cuando encuentro el humor, digo, ahí esto esto es más sencillo, es otra sintonía totalmente diferente”, relató sobre el descubrimiento de un lenguaje que sintió más cercano que el drama. Pero ese hallazgo no fue únicamente artístico. “Al haber estudiado trabajo social dije, bueno, yo tengo que utilizar el humor como una herramienta de reivindicación”, añadió, dejando clara una idea que atraviesa buena parte de su carrera: el humor no solo sirve para entretener, sino también para señalar desigualdades y disputar espacios.

Referentes invisibles

Ese enfoque apareció con fuerza cuando la conversación se detuvo en el papel de las mujeres dentro del circuito cómico canario. Frente a la idea de que apenas había referentes femeninos, Cazorla defendió que sí los hubo, aunque durante demasiado tiempo no se les diera la misma visibilidad. Puso nombres y apellidos a esas pioneras y contemporáneas, y citó con admiración a artistas como Yanely, Lili Quintana o Petit Lorena. Sobre esta última, lanzó una de las frases más contundentes del episodio: “Para mí Petit era cuestión de tiempo”.

Lejos de presentarlo como una sorpresa, Cazorla enmarcó el éxito reciente de Petit Lorena como una consecuencia lógica del talento y la perseverancia. “Ahora es cuando dio el pelotazo, pero esa señora lleva viviendo de esto en La Palma calladita la boca, yendo a donde la llamaban, cobrando su caché y volviendo a su casa”, recordó. Su tesis es que el problema nunca fue la ausencia de mujeres graciosas o capaces de llenar teatros, sino la falta de foco sobre ellas. “Lo que pasa es que no era visible. Esa es la putada, pero no quiere decir que no existiera”, resumió.

“Nos han silenciado”

La humorista dio un paso más al señalar que el avance de las mujeres en la comedia ha sido fruto, sobre todo, de una conquista colectiva. “Lo que pasa es que nos han silenciado”, afirmó. Y desarrolló esa idea con una imagen repetida varias veces en la entrevista: la del trabajo persistente, pequeño pero constante, de muchas mujeres empujando a la vez. “La mujer esté donde está ahora ha sido fruto de nosotras mismas pelearlo. De pelearlo, bien, mal, regular, a veces con razón y a veces sin razón... pero es verdad que ha sido una hormiguita, otra hormiguita, otra hormiguita”.

Cazorla no se excluyó de ese proceso, aunque matizó que en su caso las redes sociales fueron decisivas. “A mí me ayudaron las redes. O sea, yo eso no lo puedo negar”, admitió. Sin embargo, evitó romantizar ese ascenso y recordó de dónde venía. “Es verdad que cuando tú estás encerrada en un bar con 10 personas y te cambias en el trastero del bar con 300 Coca-Colas al lado, pues estoy en la mierda”, dijo con crudeza, en una imagen que resume la precariedad de muchos comienzos en el oficio.

El oficio frente al contenido

La frase funciona casi como una declaración de principios: detrás del reconocimiento, de las salas llenas y del personaje público, hubo escenarios pequeños, camerinos improvisados y mucha resistencia. La artista también aprovechó para lanzar una crítica hacia quienes, a su juicio, banalizan el trabajo del humorista profesional. “Una cosa que sí voy a decir que me da coraje es la gente que hace vídeos de humor y no se dedica al humor”, señaló.

No cuestionó que existan nuevos formatos, pero sí defendió la necesidad de distinguir entre quien genera contenido ocasional y quien ha construido un oficio sobre el escenario. “Ahí es donde yo digo que sí me siento en la necesidad de defender al humorista, al monologuista”, expuso. Su mirada hacia el gremio, en cambio, fue de reconocimiento cuando habló de otros compañeros canarios.

Admiración por sus compañeros

Admiro muchísimo a Aaron Gómez porque me parece un talentazo”, aseguró. También tuvo palabras de respeto para Quique Pérez y para otros nombres del panorama insular, al que describió como un ecosistema amplio y valioso. Esa defensa de sus compañeros, unida a la reivindicación de las cómicas que abrieron camino, dibuja una Omayra Cazorla que se sitúa dentro de una tradición colectiva y no como una excepción aislada.

Pero si una parte de la entrevista estuvo marcada por ese tono combativo y reivindicativo, el tramo final giró hacia una dimensión mucho más íntima. Ahí apareció una Omayra más vulnerable, atravesada por la terapia, los procesos personales y la conciencia de sus propias fragilidades.

El miedo más real

Cuando Doramas Sosa le preguntó por un miedo real, la respuesta sorprendió por su sencillez y honestidad: “El avión”. No se quedó en la anécdota. Cazorla explicó que no habla de un temor pasajero, sino de un miedo profundo, irracional y trabajado con esfuerzo. “Pánico, tío. Ya menos, ya mucho menos, pero sí es un miedo que todos los miedos son irracionales, pero yo este lo siento como real”, confesó.

La respuesta enlazó con otro de los grandes temas de la conversación: la necesidad de pedir ayuda y no banalizar la salud mental. “Enfrentándome. No hay más”, dijo sobre la manera en que trata de combatir ese miedo. Ese momento abrió una reflexión más amplia sobre los pensamientos intrusivos, la ansiedad y la terapia.

Pensamientos intrusivos y terapia

Cazorla habló sin impostura, sin buscar dramatismo, pero sin esconder lo complejo de convivir con la propia cabeza cuando se convierte en un lugar hostil. “Yo sí tengo. Yo convivo con ellos. Son duros, eh, súper difícil de gestionar. Pero se gestiona. Bien. Hay trabajo detrás”, relató al hablar de esos pensamientos que irrumpen y alteran el equilibrio. En una de las frases más reveladoras del tramo final, resumió el riesgo de darles demasiada fuerza: “Cuando tú le das ese poder a ese pensamiento, ese pensamiento es el que te domina”.

De ahí que su consejo para quien atraviese un proceso parecido fuera directo y sin adornos. “Que vayan a terapia”, respondió cuando se le pidió un mensaje para otras personas que pudieran sentirse identificadas. Y remató con otra idea rotunda: “Hay que pedir ayuda y dejarnos de rollos”.

La persona detrás del personaje

Para la humorista, el gran error está en creer que uno puede cargar solo con todo. “Lo que te habla cuando no pides ayuda es el ego, el orgullo, el ‘yo puedo’. Te va a salpicar. A lo mejor no ahora, pero dentro de seis años con otra cosa que no tenga nada que ver”, advirtió. En esa mezcla de reivindicación colectiva y verdad personal se sostiene gran parte del valor de la entrevista.

Omayra Cazorla defendió el lugar de las mujeres en la comedia, recordó el barro del que viene y la invisibilidad que muchas han sufrido, pero también se permitió bajar la guardia para mostrar que detrás del personaje hay una persona en pleno proceso de transformación. Entre la comicidad y la herida, entre la lucha profesional y la terapia, la artista dejó en Helado Oscuro una idea de fondo: hacer reír no borra la fragilidad, y ocupar espacio en el humor también pasa por contarlo.

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