Los puntos más verdes de Endesa en Canarias
La energética viste con flora autóctona sus centrales y parques de renovables en las islas

Obras de ajardinamiento en el parque eólico de Arinaga. / LP/DLP
Los parques eólicos y los campos solares no son terrenos baldíos ni yermos. Al contrario, son oasis en los que tanto la flora como la fauna de la zona en la que están instalados pueden vivir sin ser perturbados, convirtiéndose en ocasiones en refugios inesperados para algunas especies. Así ocurre en estas instalaciones de Endesa en Canarias, donde cada proyecto de parque eólico o planta solar incluye siempre la integración de las especies vegetales autóctonas que habitan en esos terrenos y el respeto y protección hacia la fauna local. También las tradicionales centrales térmicas distribuidas por las islas disponen de un cinturón verde.
De esta forma, los campos eólicos y solares de Endesa en Canarias no solo extraen energía de fuentes limpias y renovables como son el viento y el sol, sino que contribuyen a mantener el entorno y a conservar las especies que los habitan.
Un ejemplo destacado es el parque solar de Arinaga, en Gran Canaria. Allí, Enel Green Power España, la filial de renovables de Endesa, aprovechó la repotenciación de las instalaciones en 2024 para transformarlas minimizando su impacto sobre el paisaje. Para ello se colocó picón de diferentes tonalidades en el suelo, sobre todo en el área perimetral, y se plantaron numerosas especies vegetales autóctonas, como la palmera canaria y los cardones, en los cerca de 40.000 metros cuadrados que ocupa el parque, equivalentes a unos cuatro campos de fútbol.
Además, el vallado se sustituyó por postes de madera de unos 20 centímetros de diámetro y un metro de altura unidos por una soga, respetando así el desplazamiento de especies por el suelo o de semillas por el aire, llenándose de vida y dando luz al paisaje.
Algo similar ha ocurrido en el recién estrenado parque solar de El Matorral, integrado en la Central Térmica Barranco de Tirajana, en el sur de Gran Canaria. Se trata de una de las plantas solares más modernas de España, y ya en su construcción se prestó especial atención al respeto hacia el paisaje local y las especies que la habitan.
Así, se han ido plantando progresivamente hasta culminar los trabajos el pasado febrero más de 3.300 ejemplares vegetales autóctonos, como balos, tabaibas, tarajales, cardones, verodes y salados, dentro del perímetro de la planta.
Esta medida, además de suponer una mejora considerable desde un punto de vista estético y paisajístico al integrar el parque con su entorno, tiene otras muchas ventajas. En primer lugar, supone una protección natural frente a la erosión del suelo, especialmente relevante en un terreno ya antropizado. En segundo lugar, el manto verde ayuda a consolidar las comunidades vegetales preexistentes en el terreno. Y por último, mejora el entorno natural y la biodiversidad local mediante el uso exclusivo de flora autóctona.
Para este importante trabajo de jardinería, Endesa contó con la empresa Envera, un centro especial de empleo que da trabajo a personas con diferentes grados de discapacidad intelectual, dando también un paso hacia adelante en la diversidad e integración. Por otro lado, los ejemplares vegetales que no han llegado a ser colocados en el parque serán próximamente regalados a vecinos de la zona, concretamente de la población de Salineros del Matorral, en un gesto más del interés de Endesa por el bienestar de los vecinos cercanos a sus instalaciones.
Tecnología al servicio de aves únicas
Más allá de la flora, la fauna isleña también recibe incontables atenciones por parte de Endesa para contribuir a su protección y conservación, especialmente las aves. Y si hay un ave singular en Canarias esa es la pardela. Con su canto misterioso y su vuelo nocturno, está severamente amenazada por la contaminación lumínica, que hace que sus ejemplares se pierdan al regresar a sus nidos o que sufran choques al ser deslumbradas por luces intensas.
Endesa, consciente de la importancia de esta especie para Canarias, ha adoptado algunas medidas para su protección, como suavizar las luces de sus centrales térmicas durante la noche.
Pero además, a la hora de seleccionar la tecnología más puntera para sus parques eólicos en Canarias, Endesa ha ido incorporando progresivamente a sus aerogeneradores un innovador sistema de detección de aves basado en inteligencia artificial que es capaz de avisar al motor de la presencia de un ejemplar cercano. Cuando esto ocurre, el motor recibe en tiempo real una señal para detener las aspas, disminuyendo el riesgo de colisión.
A esto se suma el equipo de avistadores y avistadoras, quienes combinan la observación directa con tecnologías punteras. Su experiencia les permite entender los diferentes comportamientos de determinadas especies, como el del alcaraván, que elige la gravilla de las bases de los aerogeneradores para poner sus huevos. Cuando esto es detectado, el equipo protege la zona, evita que nadie la pise y acompaña el proceso hasta que los polluelos están a salvo.
Es un ejemplo de cómo la convivencia entre energía renovable y biodiversidad se construye cada día, con datos, atención y sensibilidad. Cuando ha sido necesario se ha trabajado conjuntamente con el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre del Cabildo de Gran Canaria, ubicado en Tafira.
La hubara canaria se refugia entre gigantes
Un caso sorprendente es el del parque eólico de Cañada de La Barca, en Fuerteventura. Tras su construcción en 1994, el lugar se convirtió sin planearlo en un refugio para la hubara canaria, el ave de mayor tamaño del archipiélago, símbolo de la isla majorera y en peligro de extinción debido a que coloca sus huevos en el suelo. Allí son susceptibles de ser alcanzados por animales como gatos y perros, o ser aplastados por caminantes, motos, bicis o cualquier otro vehículo.
Por ello, entre aerogeneradores, la hubara encontró un hábitat inesperado en el que estaba protegida del tráfico de vehículos y el trasiego de personas. Treinta años después, generaciones de hubaras han prosperado y sobrevivido gracias a la protección de los gigantes de viento.
Más allá de los parques eólicos, Endesa lleva más de 20 años trabajando en el protocolo de sensibilidad y protección a la avifauna en Canarias, sobre todo en zonas con presencia de especies amenazadas, en peligro de extinción o protegidas. Entre las iniciativas más comunes se encuentran la adaptación de los apoyos de las líneas eléctricas para evitar electrocuciones, o la instalación de balizas reflectantes en las líneas de alta tensión para minimizar el riesgo de colisiones. Con estas intervenciones se protege especialmente a especies como el guirre canario, los cernícalos o los cuervos.
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