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1.500 familas pendientes de alimentos y 300 a la espera de recibir una jaima: el balance del temporal en Dajla

Las fuertes lluvias golpean los campamentos de refugiados, dejan a la población aislada y destruyen centenares de viviendas y tiendas de campaña

Un trabajador  colabora en las labores de reconstrucción después del temporal.

Un trabajador colabora en las labores de reconstrucción después del temporal. / Radio TV Wilaya de Dajla

Alexandra Socorro

Alexandra Socorro

Las Palmas de Gran Canaria

300 familias a la espera de recibir una jaima –tienda de campaña– y otras 1.500 pendientes de recursos básicos como alimentos y productos de higiene. Es el balance que han dejado las lluvias torrenciales que han azotado en los últimos días los campamentos de refugiados saharauis en Tindouf, afectando en particular al campamento de Dajla, uno de los principales subcampamentos del complejo. La situación es crítica. La Media Luna Roja emitió un comunicado en el que señala que los valles que atraviesan el campamento «se desbordaron, inundando las frágiles viviendas familiares y causando daños como la pérdida de alimentos para aproximadamente 1.500 familias». A ello se suma que el único hospital con el que cuenta la región también sufrió graves daños y quedó inoperativo.

Si bien no se han registrado fallecimientos ni heridos entre la población refugiada, las intensas lluvias han provocado graves inundaciones en varias zonas del campamento de Dajla, lo que ha generado una situación de emergencia que ha requerido la movilización inmediata de los servicios de seguridad y rescate. Este escenario se agrava aún más al considerar la elevada vulnerabilidad de los campamentos, que en los últimos años han sufrido daños recurrentes en infraestructuras y viviendas debido a episodios similares. Un escenario que ha profundizado la precariedad de la población refugiada.

Algunas informaciones preliminares atribuían las lluvias al desplazamiento de la borrasca Therese –que afectó durante varios días a las Islas Canarias– debido a la relativa cercanía de Dajla, situada a unos 470 kilómetros de Gran Canaria y 560 kilómetros de Fuerteventura. Pero la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) aclara que, por la circulación atmosférica y la trayectoria prevista de la borrasca, la zona está demasiado al sur para que las precipitaciones fueran causadas directamente por su impacto. Aun así, la región ha registrado lluvias excepcionales, con riadas, grandes inundaciones y acumulaciones de agua poco habituales. Estas precipitaciones torrenciales, según los medios regionales, afectan especialmente a las zonas más alejadas y vulnerables del campamento.

Acerca de las lluvias

Las lluvias comenzaron el pasado lunes y se prolongaron hasta el miércoles 25 de marzo, –siendo el martes el día más intenso–como consecuencia de una fuerte ola de clima severo caracterizada por intensas precipitaciones, ráfagas de viento y un acusado descenso de las temperaturas. Los principales daños materiales afectaron a decenas de viviendas y a infraestructuras públicas. Las precipitaciones, registradas de forma irregular pero con episodios particularmente intensos –como ocurrió en Canarias–, provocaron derrumbes en varias zonas e inundaciones en estructuras esenciales. Las imágenes difundidas en redes sociales muestran un escenario crítico, con extensiones de terreno convertidas en barro, carreteras intransitables y visibilidad gravemente reducida debido a la intensidad de la tormenta.

La situación ha comenzado a mostrar signos de estabilización, pero ahora se inician las tareas de reconstrucción y distribución de productos básicos. En este sentido, además de las 300 jaimas, la evaluación de las necesidades de las familias afectadas ha determinado la necesidad de 144 toneladas de alimentos básicos –legumbres, aceite, arroz, pasta y azúcar– y 1.500 kits de higiene.

Las precipitaciones

A las intensas precipitaciones se suman fuertes ráfagas de viento que, combinadas con la fragilidad de las infraestructuras, han contribuido a generar una situación de caos y destrucción. Se calcula que del centenar de viviendas que se han visto afectadas, la mayoría son construcciones elaboradas principalmente en adobe –ladrillos de barro secados al sol, un material tradicional y muy vulnerable a la humedad y las lluvias–, lo que explica su fragilidad estructural frente a fenómenos meteorológicos extremos o adversos.

Ya en 2024, la región enfrentó una situación igualmente adversa debido a precipitaciones intensas que, en aquel momento, fueron consideradas inusuales para la zona. El fenómeno causó daños significativos en infraestructuras esenciales, incluyendo escuelas, guarderías y viviendas, afectando la vida cotidiana de miles de personas refugiadas. Estas lluvias recordaron la vulnerabilidad crónica de los campamentos, donde las construcciones precarias y la falta de drenaje adecuado hacen que cualquier episodio extremo pueda generar graves consecuencias materiales y humanitarias.

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