Campus de vacaciones, comedores escolares y clases de pintura: un sector que mueve el 1% del PIB
El Archipiélago suma 9.364 empresas de ocio educativo y sociocultural, un sector con peso económico y social que reclama un mayor reconocimiento

Un grupo de niños pintando sobre un mural. / LP / DLP

La visita guiada en un museo, las tardes de teatro, robótica o pintura después de clase, el verano de campamentos, las horas en el comedor del colegio o las actividades de fin de semana que organiza el casal de barrio. Son escenas habituales en la vida de millones de niños y adolescentes en España (aunque también de adultos), que dependen del sector del ocio educativo y sociocultural.
Se trata de un ámbito que reúne en el Archipiélago a 9.364 pequeñas y medianas empresas. El sector emplea en todo el país a unos 160.000 trabajadores y genera un volumen de facturación anual de 15.000 millones de euros, lo que representa el 1% del PIB, según datos del INE compartidos por la Federación Española de Ocio Educativo y Sociocultural (Foesc). Sin embargo, las empresas y los trabajadores del sector denuncian que, pese a su impacto económico y social, siguen siendo poco reconocidos por la Administración y la sociedad en general.
En parte, porque se trata de un ámbito muy fragmentado, que engloba actividades muy diversas, repartidas en más de 35 códigos de Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE). Además, el modelo de ocio educativo en España tiene la particularidad de estar formado por muchas pymes y trabajadores autónomos. Aunque existen fundaciones de referencia –como la Pere Tarrés y Fundesplai en Barcelona, o Acrescere, en Madrid–, gran parte del sector lo integran empresas o cooperativas, lo que genera fricciones por las exenciones fiscales de unas y el teórico ánimo de lucro de otras. En el caso de Canarias la gran mayoría de las empresas de esta serie de actividades son también micropymes o micronegocios de autónomos, en muchos casos, sin trabajadores.
Además, el sector en las Islas es particular porque el volumen de compañías en este ámbito –las mencionadas 9.364– sitúan al territorio como una de las que mayor peso tiene en el sector por su evidente dedicación a la actividad turística y de los servicios. Aunque hay excepciones como la empresa Mi Nanny, en la capital grancanaria. La compañía cuenta con cinco ludotecas repartidas por la capital y ofrece servicios como la organización de cumpleaños privados, niñeras en eventos –como bodas– y a domicilio y campamentos de verano. Por lo tanto, el personal es numeroso. Su gerente, Lorena Redondo, subraya que «los niños son los tesoros de cada familia», por ello cree que hay un auge en el sector que contrata servicios, en especial, para el aprendizaje lúdico de los más pequeños después de las horas de colegio. El perfil de su equipo tiene entre los 20 y 40 años, ya que la mayoría de los monitores «son estudiantes o jóvenes que buscan compatibilizar sus estudios con el trabajo», destaca. Eso sí, las contrataciones son fijas, «nos gusta tener al mismo grupo de trabajo», señala.
Contratos y salarios
Tal y como explican desde CCOO, sindicato más representativo del sector, el perfil de los ocupados, las condiciones y la estabilidad dependen directamente del tipo de actividad. Así, dentro del ocio educativo, en casas de colonias y campamentos en la temporada estival, se encuentran sobre todo trabajadores jóvenes, con un empleo estacional y temporal que hallan en ese ámbito una puerta de entrada al mundo laboral.
Es el caso de Paula Ruiz (25 años), graduada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, que se adentró en el sector trabajando como monitora en los meses de verano para «ganar algo de dinero». La joven explica que, frente al ámbito educativo formal, «aquí los niños buscan pasarlo bien y la educación que les brindamos es desde el compartir y el jugar en equipo». La atención a tantos niños, de edades comprendidas entre los 5 y los 16 años, es una tarea «exigente», reconoce. «Durante el curso también doy clases particulares, pero en verano se trabajan muchas más horas y es un empleo muy inestable y mal remunerado», añade.
Su trayectoria ilustra una de las constantes del sector, con jornadas de pocas horas, contratos fijos discontinuos y necesidad de multiempleo. Una dinámica que confirma Adriana Socorro (23 años) que trabaja en una academia del municipio grancanario de San Mateo. La joven imparte clases dos veces por semana, tres horas al día, a niños y niñas desde primaria hasta cuarto de la ESO. El contrato es temporal y solo durará unos meses. Adriana explica que optó por ese empleo porque quería costear sus necesidades personales y su salario no es suficiente para cubrir gastos básicos como el alquiler o la cesta de la compra. En este sentido, aclara: «No tenía la necesidad económica de ganar un mejor sueldo porque vivo con mis padres y sigo estudiando». Además, como se trata de una actividad que disfruta y realiza durante pocas horas a la semana considera que la remuneración es adecuada.
Voluntariado scout
Dentro de este grupo también destaca el gran número de monitores voluntarios que participan en asociaciones escoltas. En Canarias, el escultismo tiene una presencia activa y organizada, principalmente a través de la Federación de Scouts-Exploradores de Canarias, a menudo vinculada a ASDE, un movimiento educativo presente en todo el mundo y que comparte un mismo sistema de valores.
Estos grupos cuentan con instructores no remunerados, como Hugo Barbará, de 23 años, monitor de los scouts de Vegueta en la capital grancanaria. El joven forma parte de esta agrupación desde niño, en un primer lugar como scout y, ahora, como voluntario. «Busco devolver los valores y las experiencias que me inculcaron durante mi infancia y adolescencia», explicae. Su labor es completamente vocacional. No persigue una recompensa económica, sino educar a los menores –en su caso, adolescentes de entre 14 y 17 años– a través del escultismo o movimiento scout, que define como «una forma de ayudarles a ser mejores personas en el futuro, guiándolos desde la naturaleza, el deporte y la convivencia en sociedad».

El grupo de socuts de Vegueta frente a la catedral de Santa Ana, en la capital grancanaria. / LP / DLP
Barbará compagina la preparación diaria de actividades con sus estudios universitarios en Economía. La dedicación que exige esta tarea es tal –entre ellas reuniones semanales para organizar la planificación y valorar cómo han ido las actividades– que reconoce que le resultaría «muy difícil» compatibilizarla con un trabajo a jornada completa. Entre las actividades que realizan cada fin de semana figuran salidas a la montaña para hacer senderismo o acampadas, así como encuentros para ver películas y generar debates con los que fomentar el diálogo entre los más pequeños.
Frente a este modelo más precario en lo laboral, existe otro gran ámbito dentro del sector: la animación sociocultural, vinculada a museos, centros cívicos, proyectos comunitarios o, en el caso de Canarias, incluso al turismo. Aquí, el empleo tiende a ser más estable y cualificado. Prueba de ello es la situación de Claudia Santana (23), animadora sociocultural en un hotel de las Islas que asegura que sus horarios se mantienen estables «siempre que no se altere la llegada de turistas al alojamiento» y que su actividad está bien remunerada.
Subcontratación
Sin embargo, la subcontratación, por la que grandes equipamientos externalizan estos servicios a empresas, introduce una capa adicional de incertidumbre. Desde la asociación profesional Anrie, que representa a mediadores culturales y profesionales de intervención en colectivos vulnerables o proyectos comunitarios trasladan que, si bien hay una mayor profesionalización, la dependencia de licitaciones públicas y la falta de reconocimiento social les perjudica.
Pese a ello, las fuentes entrevistadas coinciden en que la demanda en servicios educativos fuera del horario escolar crece cada año, impulsada por una dificultad de conciliación familiar, la necesidad de encontrar espacios de socialización que dejen atrás la tecnología y los dispositivos móviles y los problemas sociales de exclusión y desigualdad.
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