Dependencia al pastillero: el 30% de los mayores de Canarias están polimedicados
Consumir cinco pastillas o más al día es un factor de riesgo que puede generar efectos adversos por la interacción entre fármacos y que provoca una mayor fragilidad del paciente

Blísteres de pastillas. / LP/DLP

La población canaria cada vez está más envejecida. El aumento de la esperanza de vida, uno de los grandes logros de la medicina, también tiene su contraparte negativa: la cronificación patológica. Según datos del Servicio Canario de Salud (SCS), el 30,24% de los mayores de 65 años del Archipiélago consume, como mínimo, cinco fármacos diarios. Al alcanzar esta cifra, pasan a considerarse pacientes 'polimedicados'. La combinación de medicamentos, así como las prescripciones potencialmente inadecuadas, pueden generar efectos adversos por la interacción entre ellos que derivan en una mayor fragilidad de los que los consumen.
Canarias está por encima de la media nacional en consumo de antidepresivos y es de las regiones con mayor uso de hipnosedantes
Según las cifras facilitadas por el SCS, la franja de edad entre los 65 y los 74 años cuenta con un 20,21% de personas que consumen más de cinco pastillas diferentes; 22,91% entre los 75 y los 84 años; 18,28% entre los 85 y los 94 y, finalmente, baja hasta el 2,02% en los mayores de 95. En lo relativo al género, las mujeres son las que mayor porcentaje de polimedicación presentan, siendo especialmente llamativo el caso de la última franja de edad: un 73,62% en el caso femenino y el 26,38% en el caso de los varones.
Proceso de seguimiento
Para la Consejería de Sanidad, se trata de un asunto de especial relevancia sobre el que se realiza un rastreo constante. Ignacio López, jefe del servicio de Uso Racional del Medicamento y Control de la Prestación del SCS, afirma que «desde el Servicio Canario de Salud» llevan «mucho tiempo haciendo campaña, sobre todo en Atención Primaria, para que cuando se renueven los planes de seguimiento de los pacientes se revise qué fármacos consumen».
López revela que hay casos en los que el paciente «consume varios medicamentos para tratar la misma patología». Esto ocurre «en la derivación entre los distintos recursos»: el enfermo acude, en primer lugar, al médico de familia, que le receta un medicamento. Posteriormente, requiere de atención hospitalaria y se le prescribe otro más. En este caso, «la persona ideal» para reorganizar el tratamiento «es el médico de cabecera».
Deprescripción
Desde el SCS remarcan la importancia de la revisión periódica de los tratamientos y la retirada de medicamentos innecesarios, conocida como deprescripción: «Un proceso clave para mejorar la calidad de vida del paciente y prevenir el factor de la fragilidad». Esta cuestión no es importante exclusivamente «por el número de medicamentos»: durante los ensayos clínicos, no se suele contar con personas mayores, por lo que los efectos que generan podrían variar respecto a los producidos en un adulto más joven.
El paracetamol fue el principio activo con más envases dispensados en España
En este sentido, también es necesario «para vigilar los posibles efectos que generen entre sí y la evolución de las patologías». La visión del SCS se orienta al «uso racional del medicamento: no tomar más, ni tomar menos, de lo realmente necesario». «El objetivo es pensar en medicar sólo cuando tiene una patología que lo justifique, con una dosis adecuada y adaptado a la tipología del paciente», sentencia el sanitario López.
Los más consumidos en Canarias
La Vocal de Oficina de Farmacia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas (COF), Rocío Pulido, nombra los medicamentos de prescripción más consumidos en el Archipiélago: «Analgésicos, protectores gástricos del grupo de los inhibidores de la bomba de protones, benzodiacepinas, antihipertensivos y fármacos para la diabetes». A nivel nacional, los últimos datos, correspondientes al 2024, «el paracetamol fue el principio activo con más envases dispensados» por las farmacias.
No todos los tratamientos interactúan entre sí de la misma manera. Según Pulido, las combinaciones más problemáticas son «el consumo de benzodiacepinas o hipnóticos Z junto con opioides», debido a que «aumenta el riesgo de sedación profunda, depresión respiratoria, coma e incluso la muerte». Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como el ibuprofeno, pueden generar interacciones peligrosas, por un lado al combinarse con anticoagulantes o antiagregantes «porque aumenta el riesgo de hemorragia digestiva y sangrado». Por el otro, en pacientes con tratamientos hipertensivos, diuréticos o con enfermedades renales, «porque pueden descompensar la tensión o empeorar la función de los riñones».
Combinaciones más frecuentes
En cuanto a los perfiles de polimedicación más habituales, la farmacéutica asevera que suelen ser antihipertensivos, estatinas –para el colesterol–, antidiabéticos y protectores gástricos; combinación de analgésicos y AINE con tratamientos crónicos cardiovasculares; la asociación de psicofármacos entre sí; el uso de paracetamol sin receta junto con otros medicamentos que ya lo contienen y la combinación de benzodiacepinas con opioides o gabapentinoides –para la epilepsia–. «Es importante revisar periódicamente estos tratamientos, porque ahí es donde aparecen muchos efectos adversos evitables».
La prevalencia de los problemas de salud mental en España ha aumentado significativamente. En el caso de Canarias, Pulido afirma que «los datos disponibles sitúan al Archipiélago entre las comunidades con mayor consumo de hipnosedantes» y, en el caso de los antidepresivos, «Canarias se sitúa por encima de la media española en análisis recientes».
Benzodiacepinas
En el caso de las benzodiacepinas, uno de los fármacos con mayor número de prescripciones, «son útiles, pero su uso crónico puede dar lugar a muchos efectos adversos, como dependencia, somnolencia, alteración de la concentración, caídas y fracturas, especialmente en mayores».
En casos de ansiedad, «se desaconseja su uso prolongado y se prioriza la intervención psicológica» y, en casos de insomnio, «la duración máxima recomendada suele ser de 2 a 4 semanas, incluyendo la retirada gradual del tratamiento»: «Existen alternativas no farmacológicas para el abordaje del insomnio crónico, como la terapia cognitivo-conductual para insomnio y la higiene del sueño».
«Dependiendo del contexto clínico», el insomnio no es la única patología para la que existen alternativas con menor probabilidad de efectos adversos. Pulido comenta los siguientes ejemplos: En casos de artrosis localizada, priorizar AINE tópicos frente a orales, «porque reducen la exposición sistémica y pueden disminuir eventos adversos» y en tratamientos con inhibidores de la bomba de protones –como el omeprazol– prolongados, «revisar si procede reducir la dosis, pasar a uso a demanda o suspenderlos».
Ibuprofeno y paracetamol
Un amplio porcentaje de la población, al sentirse enferma, consume medicamentos que tiene por su casa, como ibuprofeno o paracetamol, sin acudir a su centro de salud para ser diagnosticado por su médico de cabecera. «Hay que desterrar la idea de que son medicamentos inocuos». Pulido asevera que el ibuprofeno «puede aumentar el riesgo de sangrado, daño gastrointestinal y de complicaciones renales», y añade que se debe extremar la precaución cuando el paciente «toma anticoagulantes, corticoides, antihipertensivos o tiene insuficiencia renal», por ejemplo.
En el caso del paracetamol «suele ser más seguro a dosis correctas, pero tampoco es neutro»: en casos de sobredosis «puede producir hepatoxicidad» y, si se usa en dosis altas de forma continuada, «puede alterar los valores que miden el tiempo de coagulación sanguínea», que es crucial para «pacientes anticoagulados». «Muchas combinaciones para procesos gripales o dolor ya contienen paracetamol y, a veces, el paciente duplica sin saberlo».
Tenemos pacientes a los que, revisando bien la receta electrónica, podemos llegar a quitarle hasta la mitad de los fármacos que tiene prescritos
La atención farmacéutica en polimedicados «es esencialmente importante para prevenir daño evitable y mejorar la adherencia al tratamiento». El profesional de farmacia puede explicar «cómo tomar cada medicamento, qué combinaciones se deben evitar, los posibles efectos adversos a vigilar y cuándo derivar al médico». Además, «es un pilar fundamental en la farmacovigilancia», ya que puede «detectar, evaluar, prevenir y reportar reacciones adversas a medicamentos», así como «educar al paciente sobre el uso seguro y racional de los tratamientos».
Atención Primaria
El principal barómetro de los tratamientos de los ciudadanos es Atención Primaria. El día a día de Cira Suárez, residente de último año de Medicina de Familia en Las Palmas de Gran Canaria, está repleto de pacientes con estas características que requieren de una vigilancia controlada: «Estos pacientes tienen un seguimiento cada, como mínimo, tres o seis meses, con un control analítico y, por tanto, también farmacológico». «Depende mucho del cupo de pacientes que tengas: no es lo mismo llevar 20 años atendiendo a las mismas personas que llegar de nuevas».
Suárez, al igual que Pulido y López, también señala a las benzodiacepinas como uno de los fármacos más complicados. «A los pacientes mayores polimedicados les puedes quitar con mayor facilidad, por ejemplo, el tratamiento de la hipertensión o el colesterol, pero el de dormir y los nervios, es más complicado». «Son los fármacos más peligrosos porque son los que tienen un mayor riesgo de caídas y los que más interaccionan con otros tratamientos».
La línea a seguir es la deprescripción, pero no es un proceso, en absoluto, sencillo: «Tenemos que acordarlo muchísimo con el paciente y suele ser muy progresivo, cambiando fármacos y reduciendo dosis». «Son pacientes que, a lo mejor, llevan 20 años con un mismo tratamiento que acaba generando que consuman una barbaridad de dosis. Eliminarlo cuando llevas consumiendo tanto, durante tanto tiempo, es difícil».
Diálogo constante
El esfuerzo, sin embargo, merece la pena. «Tenemos pacientes muy mayores, que son pluripatológicos, a los que, revisando bien la receta electrónica, podemos llegar a quitarle hasta la mitad de los fármacos que tiene». La situación de cada paciente es única y varía con el tiempo, por lo que los tratamientos que, en un principio son crónicos, puede que dejen de ser necesarios: «Un ejemplo sencillo es el del colesterol. Hay pacientes a los que la comida se la empiezan a preparar sus hijos y ya no están comiendo tanta porquería, por lo que le podemos reducir o quitar pastillas».
«Lo más importante es cómo se sienta el paciente», concluye Suárez. Durar más años –y de mejor manera– es el fin último de los sanitarios, pero es una tarea conjunta que requiere del diálogo constante con el paciente.
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