Verónica Meseguer: «Los mayores también viajarán barato entre islas»
La directora general de Mayores y Participación Activa se reunió con la responsable del Imserso para transmitirle que unos 5.000 séniors de islas no capitalinas están en desigualdad porque, para sumarse al turismo social, tienen que costearse desplazamientos a las capitales

La directora general de Mayores, Verónica Meseguer. / Arturo Jiménez
Hace apenas una semana se reunió en Madrid con la directora general del Imserso, ¿qué ha podido trasladarle?
El principal objetivo de la reunión era recuperar la subvención que antes se daba a personas mayores de islas no capitalinas que utilizaban el programa Turismo Social del Imserso. Para poder beneficiarse de estos viajes a precios reducidos, los usuarios tienen que salir de las capitales. Para un herreño, un palmero o un conejero esta cuestión supone un doble esfuerzo económico porque no solo tienen que viajar hasta Tenerife o Gran Canaria, sino que muchas veces también se ven obligados a pernoctar porque no hay conexiones. Eso ahora mismo, como están los hoteles, se puede traducir en unos 200 euros más, por lo que muchos terminan desistiendo porque piensan que no les compensa. Es injusto, para ellos no hay igualdad de oportunidades ni con las islas capitalinas, ni con la Península.
Entonces, ¿han dado luz verde a recuperar esta ayuda?
Por el momento no. El Estado ha prorrogado el presupuesto y, por ello, no puede modificar el pliego que contempla estas cuestiones. Cada vez que vamos para allá es una lucha, explicando las singularidades de nuestro territorio, argumentando que es una región periférica. Desde Canarias estamos estudiando un mecanismo legal para que esos 5.000 isleños no tengan que sufragar el coste del traslado. Nuestros servicios jurídicos están valorando cuál es la manera más sencilla para plasmar un acuerdo, en principio hemos quedado en que tramiten ellos la subvención y nosotros, si encontramos los recursos económicos, asumiríamos esa diferencia porque lo que está claro es que no podemos esperar más.
¿Por qué se suprimió esta subvención?
Esta ayuda se quitó en 2017 porque la directora general de aquel entonces no creía conveniente que tuviéramos una subvención extra si ya existía el descuento de residente. Nada más lejos de la realidad. Ese 75% no es una ayuda, es un derecho que hemos conseguido y que nada tiene que ver con los viajes del Imserso. Los aviones son nuestras guaguas y nuestros trenes, en especial, para quienes sufren la doble insularidad.
«El programa del Imserso no es justo ni rentable para quienes viven en islas no capitalinas»
¿Los mayores de islas no capitalinas suelen trasladarle esta queja con frecuencia?
Reiteradamente, nos lo están pidiendo cada dos por tres. No solo se ha elevado a la Consejería, sino que también se ha llevado al Parlamento. Es injusto para ellos. Sacarlo es una obligación y no puede ser que tengamos que estar siempre peleando por ver quién tiene la competencia. A nosotros no nos importa hacer un sobreesfuerzo, pero el Estado tiene que colaborar porque hay datos personales a los que no podemos acceder porque solo los maneja la empresa adjudicataria. Si ellos no nos echan una mano, va a ser muy complicado.
A nivel regional han creado el programa Canarias se mueve, ¿ha sido con la intención de paliar las carencias del programa nacional?
Sí, tanto este como los programas insulares o municipales son una forma de intentar ofrecer más oportunidades a todo el mundo. Los que gestiona el Gobierno, por ejemplo, son vuelos con Binter que salen de todas las Islas. Esa era otra cosa que intentamos explicarle a la directora general del Imserso, que nuestros aeropuertos están entre los que más pasajeros reciben. Los de Tenerife son los primeros, pero por detrás está el de Lanzarote. ¿Por qué solo pueden salir de las capitales? Creo que también deben estudiar esa vía, pero tienen que esperar a futuros pliegos para modificar esa posibilidad.
«No sé si el Estado tiene intención de ayudarnos, aun así buscaremos una vía para recuperar la subvención»
Entonces, ¿el Gobierno central tiene la intención, pero no la capacidad?
No sé si está o no la intención. No lo sabemos, pero nosotros no vamos a mirar a un lado. Vamos a hacer el esfuerzo porque hay que hacerlo, pero sí que necesitamos que colaboren en el ámbito jurídico.
Las 600 plazas para Península que ofertaron hace unas semanas a precio de ganga volaron, ¿no?
Totalmente, recibimos un aluvión de solicitudes brutal. Doce viajes, 150 euros, seis días en un hotel cuatro estrellas y todo incluido. Duró dos días. De hecho, el viernes tuvieron que frenar y empezaron a atender a la gente el lunes. Hubo ayuntamientos que llamaron porque los cabildos les suelen reservar plazas, pero nosotros no lo hicimos para que todas las islas tuvieran oportunidad de viajar, para que fuera lo más equitativo posible.
¿Hay otros viajes de ese tipo previstos para este año?
A lo largo de este año volveremos a sacar una licitación. Vamos a incluir también viajes entre islas, no solo a nivel nacional, para potenciar también la economía de nuestra propia tierra. Además, también hay que decir que muchos mayores no han visto nunca otras islas e, incluso, que no conocen otros municipios. Intentaremos tener las licitaciones aprobadas para octubre.
Muchos mayores, sin estos programas sociales, no podrían permitirse viajar por ocio.
Claro, por eso es bueno dar muchas oportunidades. Tenemos que colaborar las diferentes administraciones para sacar este tipo de programas. Como están los precios hoy en día, para ellos sería imposible si no se costea de esta manera. Hay que ser conscientes de que le debemos todo a ellos, que han sido los que se han esforzado durante muchos años para que el futuro fuera mejor. ¿Qué menos que trabajar ahora nosotros para que puedan disfrutar y para que tengan la oportunidad de viajar?
¿Qué otras actividades proponen los mayores de las Islas?
Lo primero que hay que tener claro es que los mayores de ahora no tienen nada que ver con los de antes. Las cenas baile están bien, pero no podemos quedarnos ahí. Ellos piden seguir desarrollándose como personas, quieren hacer voluntariado porque, como siempre me dicen, se jubilan del trabajo, pero no de la vida. También hay que pensar que no todos tienen las mismas necesidades; tenemos mayores de posguerra y otros que son una década o dos décadas más jóvenes. Muchos nos dicen que quieren yoga o pilates, otros prefieren el acompañamiento psicológico, la fisioterapia o el trabajo de fuerza y otros quieren formación tecnológica. Pero no estamos hablando de aprender a utilizar el Whatsapp, yo los he visto editando vídeos y he alucinado. Van más allá, algunos incluso son influencers en los propios centros de día.
Y también les queda tiempo para el ocio, los viajes y las excursiones.
Por supuesto, no podemos olvidar la parte social. Para envejecer de manera activa tenemos que desarrollar todos los sentidos, desde el crecimiento personal hasta la parte espiritual, pasando por lo físico. Ellos quieren divertirse y demandan mucho estas actividades y, a nivel científico, está demostrado que cuando conoces a una persona, te relacionas o descubres un lugar nuevo generas nuevas conexiones neuronales y eso es sinónimo de calidad de vida.
¿Cómo se agrupan todas estas propuestas –deportivas, de ocio, formativas...– en una única Dirección General?
A través del Plan Maresía, que precisamente tiene cinco ejes –actividades, derechos, innovación, cooperación institucional e infraestructuras– para poder abarcar todas estas demandas. Nuestra tarea desde la Dirección es prevenir, para que los mayores no terminen desarrollando una dependencia, es decir, que vivan más y con más calidad. Ahora tenemos que correr porque estamos casi en la recta final de la legislatura y queremos, al menos, sentar las bases.
«Las cafeterías de los centros de día velan porque los más vulnerables tengan una comida al día»
Unos 60.000 mayores sufren soledad no deseada en las Islas, sobre todo en zonas rurales. ¿Cómo se está trabajando con ellos para evitar que desarrollen una gran dependencia?
Es cierto que tenemos unas tasas de soledad no deseada altísimas. Hay muchas personas que no quieren ir a los centros, que no participan en las actividades de su municipio, pero que sí se apuntarían a estos viajes, por ejemplo. Hay mujeres que me han dado las gracias con lágrimas en los ojos diciéndome que estaban muy mal en sus casas y que han acudido animadas por sus amigas y se lo han pasado muy bien. La pandemia para ellos fue un punto de inflexión. En Tenerife, sin ir más lejos, se quitó el programa Ansina. Todo ese trabajo que se había hecho para fomentar el envejecimiento activo sufrió un retroceso importante y ahora nos está costando recuperarlo. Lo que estamos intentando es ir a donde están ellos, trabajar en comunidad, para que no se vean obligados a moverse a los centros. Tiene que haber más colaboración entre administraciones, no podemos mirarnos el ombligo todo el rato. En las zonas rurales, la soledad no deseada se junta con otros problemas de movilidad y de accesibilidad.
¿Cómo se llega a los séniors que viven fuera de las capitales?
Trabajamos con ayuntamientos, a nivel local. Por ejemplo, si yo tengo la posibilidad de organizar actividades, la corporación municipal se encargará de la movilidad, o al revés. Hay zonas que tienen proyectos muy potentes. De hecho, una de las líneas de subvenciones que estamos trabajando se enfoca en el transporte, que también se ha encarecido mucho en los últimos años. También hay que cuidar otros aspectos como la alimentación, por ello estamos desarrollando el cáterin en los centros de día, no solo para que coman allí, sino para que se lo puedan llevar a sus casas.
¿Qué aportan estos mayores a la sociedad canaria?
Ellos, hoy en día, tienen el conocimiento, la capacidad y la actitud. Todo esto es importantísimo, pero además de eso cuentan con algo muy valioso: quieren ofrecer su tiempo. Esto último es algo que desde luego no está al alcance de todos.
Además son un colectivo bastante crítico. ¿Qué carencias han detectado? ¿De qué aspectos se quejan más?
Sobre todo creen que falta información o, más bien, que hay un problema de comunicación. No está llegando todo lo que se hace, ni los servicios, ni los recursos que tienen, tanto ellos como los cuidadores. Para intentar remediarlo estamos creando una página web y también estamos intentando trabajar con el 012, para que cualquier mayor llame y pueda informarse de los medios que tiene a su disposición. También nos gustaría crear una oficina del mayor porque es importante que tengan un sitio de referencia a donde ir. Además de eso, de lo que más se quejan es de la movilidad, es lo que más les cuesta.
¿Qué hace Canarias por sus mayores que no hagan otras comunidades?
Muchas cosas. Hace poco fui a una formación del Imserso en la que hablamos de las ciudades amigas de las personas mayores. Para ser una de ellas tienes que cumplir una serie de criterios y requisitos. Yo pensaba que estaríamos muy atrasados porque esta Dirección General es de reciente creación (apenas tiene tres años), pero salí de ahí muy orgullosa del trabajo que hacen nuestros municipios, nuestros cabildos y nuestro gobierno. En 1996 fuimos pioneros con la Ley del mayor, que ahora renovaremos porque se ha quedado atrasada. Además, tenemos una estrategia que estamos a punto de aprobar y eso es algo que no todas las comunidades pueden decir. También podemos presumir de proyectos innovadores como Auchon, una iniciativa que fomenta la cohabitabilidad entre generaciones para combatir dos problemas importantes: la soledad no deseada y las dificultades de acceso a la vivienda. Hay muchos programas que tenemos aquí y que no existen en otras zonas del país. Yo creo que Canarias tiene en sus genes la preocupación por los mayores.
Desde la Dirección también están liderando un proyecto europeo (ACTAge) para transformar la atención a mayores. ¿Qué ‘feedback’ han recibido?
Nos han dicho que tenemos unos centros de día potentes, con servicios que van desde el cáterin a la fisioterapia, y eso es una fortaleza. Sin embargo, hay mucha gente que no los conoce. Se habla mucho de las residencias sociosanitarias de mayores, pero estos espacios son los grandes olvidados.
¿Cómo va la renovación de estos centros?
El problema con este tema es que sacamos una licitación y se queda desierta. Esas cosas pasan. Ahora estamos haciendo un negociado y, en breve, tendremos los ascensores y la baja tensión instalados. Y, por supuesto, estamos digitalizando los centros, que tienen sus ordenadores, pantallas y portátiles. También estamos con un proyecto para hacerlos más modernos. Parece una tontería, pero hay que renovar estos espacios. A muchos mayores ni siquiera les gusta llamarlos centros de día, prefieren decirles clubs. Para ellos son puntos de encuentro muy necesarios e importantes. Por eso queremos reforzar la zona de las cafeterías, porque son una medida excelente para luchar contra la soledad y para que aquellos mayores que estén en situación de pobreza tengan al menos una comida de calidad al día.
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