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El empleo doméstico pierde contratación formal y empuja a más trabajadoras hacia la economía sumergida

Cáritas alerta de la creciente invisibilidad del sector, el aumento de la irregularidad y la especial vulnerabilidad de mujeres migrantes que se dedican al sector

Acto de Cáritas Diocesana de Canarias por el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar

Andrés Cruz

Alexandra Socorro

Alexandra Socorro

Las Palmas de Gran Canaria

Las trabajadoras del sector del hogar se enfrentan a un descenso cada vez más acusado en las contrataciones formalizadas. Las personas que se dedican a las tareas domésticas y al ámbito de los cuidados —en su mayoría mujeres cuya edad se sitúa entre los 45 y 55 años y, con frecuencia, extranjeras—, están cada vez se ven más expuestas al riesgo de trabajar en la economía sumergida. Una situación que conlleva importantes consecuencias: quedan fuera del control público, sufren mayor indefensión laboral y se enfrentan a condiciones irregulares o incluso abusivas. ¿El motivo? Muchas de las familias que las contratan optan por no formalizar la contratación debido a los costes asociados y a la complejidad de los trámites administrativos.

Así lo explicó Cáritas Diocesana Canarias este lunes en un acto celebrado con motivo del Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, en el que alertó sobre la "invisibilidad y desprotección de las trabajadoras atrapadas en la indefensión laboral y la vulnerabilidad extrema". El escenario es claro: pese a los avances logrados en materia de derechos laborales, este sector continúa vinculado a condiciones "irregulares". Esta realidad se agrava especialmente en el caso de las personas migrantes. En este sentido, el 42% de las personas registradas en el Sistema Especial de Empleadas de Hogar de la Seguridad Social en 2025 era de origen extranjero. Un dato que refleja el peso de este colectivo dentro del sector.

Pero su peso en el empleo doméstico también se traduce en situaciones de "discriminación racial", vinculadas en muchos casos a la falta de protección legal y de redes de apoyo. Entre las principales consecuencias a las que se enfrentan se encuentran jornadas que superan los límites legales, salarios por debajo del mínimo establecido o despidos sin garantías, al desarrollarse el trabajo en el ámbito privado. Según los datos disponibles, en diciembre de 2025 había 8.882 personas dadas de alta en la Seguridad Social en labores del hogar, de las cuales el 93% eran mujeres. No obstante, la magnitud del trabajo sumergido en el sector es considerablemente mayor, y las estimaciones apuntan a que podría alcanzar hasta el 87%.

Una mesa técnica para analizar la situación

Por su parte, el Gobierno de Canarias ha constituido una mesa técnica de empleadas de hogar en la que, junto a organizaciones empresariales y sindicatos, se pretende analizar la realidad del sector y poner en marcha medidas legales que mejoren sus condiciones. Sin embargo, los retos siguen siendo mayúsculos. "Pese a los pasos que se han dado hacia adelante, es un sector en el que se trabaja a puerta cerrada, en casas particulares, por lo que la inspección laboral no llega y lo que sucede dentro de un hogar no siempre está a la vista de todos", denuncia la responsable del área de empleo de Cáritas, Elizabeth Herrera.

Víctima de situaciones como estas ha sido Irene Burgués. Llegó a Canarias desde Venezuela y, a su juicio, uno de los mayores obstáculos es acceder a un contrato laboral: "Deberían dar un poco más de facilidad para lo que es la contratación del personal del hogar". Una reivindicación que cobra especial relevancia en un trabajo donde, además de las tareas domésticas, "se combina el aspecto emocional con el trato directo con las personas". Irene tiene a su cargo a dos hijos y a su madre. "Trabajo por ellos, soy la cabeza de la familia y también estudio", relató en el acto celebrado por Cáritas. Asimismo, denunció la falta de reconocimiento hacia el sector: "El trato al personal de limpieza es bajo. Somos muy vejadas y no debería ser así".

"No nos tienen presentes"

En una situación similar se encuentra Yolanda García, quien denunció que la realidad del sector "no es fácil". Las principales dificultades aparecen a la hora de conseguir un contrato, algo "fundamental", especialmente si se tiene en cuenta que "si llaman para adquirir un servicio es porque realmente lo necesitan". Pese a esto, "casi siempre", mantuvo Yolanda, ha recibido una negativa por parte de las personas que la contratan cuando solicita formalizar su empleo. "A veces tampoco tienen muchos medios para hacerlo. Hay familias que necesitan el servicio, pero que no tienen la posibilidad de contratar".

Las demandas de las trabajadoras del hogar —que se concentraron en la sede de Cáritas en Las Palmas de Gran Canaria— fueron contundentes. "Nosotras también somos personas que necesitamos mantener un hogar, necesitamos nuestros derechos. A veces tenemos incluso carreras universitarias y estamos ahí, haciendo lo que sea necesario para sostener a nuestras familias. Es un trabajo digno, pero no son dignos con nosotras. Estamos presentes, pero no nos tienen presentes", reclamaron.

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