El pergamino de Clío
Heroína, un remedio contra la tos

Heroína, un remedio contra la tos / LP / ED
Lara de Armas Moreno
Su nombre químico es diacetilmorfina y fue descubierta en 1874 por el químico inglés C. R. A. Wright, quien la sintetizó a partir de la morfina. A partir de ese momento la morfina y el opio serían los dos opioides más usados en la medicina de la época. A pesar de su eficacia, las dos sustancias eran y son altamente adictivas.
A finales del siglo XIX, el incremento de la neumonía y la tuberculosis propició la investigación de fármacos supresores de la tos que no tuvieran los efectos adictivos de la morfina.
En 1897 la farmacéutica alemana Bayer estudió la heroína y comenzó a emplearla para tratar los síntomas de los problemas respiratorios. Tras realizar las investigaciones pertinentes descubrieron que la diacetilmorfina era antitusiva y que, además, ayudaba expectorar, por lo que se la empezó a conocer como «droga heroica». Fue la farmaceutica Bayer la que empezó a llamar a su producto «heroína». El remedio se vendió en forma de jarabe, pastillas, tabletas y supositorios y ayudaba con la tos a los enfermos de neumonía, tuberculosis o bronquitis.
Ya en 1899 se distribuía la heroína de Bayer en más de 20 países. Se vendió sin receta en EEUU, incluido a niños, hasta 1914, cuando se promulgó la Ley Harrison de Narcóticos.
Desde el principio se advirtió que podía ser adictiva, sin embargo, los estudios mostraron que, de 350 casos de adicción médica durante las primeras décadas del siglo XX, tan solo seis eran adictos a la heroína.
Las primeras referencias al uso no médico de la droga son de 1910, cuando llegó a manos de los traficantes. Era más fácil de conseguir que el opio y más barata que la cocaína.
Aunque Bayer hizo todo lo que pudo para separar su producto de los actos criminales, no pudo evitar que las instituciones médicas dejaran de usarlo desde 1916.
Esto no sólo sucedió con la heroína y la morfina. La cocaína también se dispensaba en forma de medicamento y era, sobre todo, aplicado en niños. Unas pastillas para la garganta de la marca Allenburys, elaboradas en Reino Unido, que podían consumirse cada dos horas, contenían mentol, eucalipto y cocaína. Esta droga fue comercializada como medicamento en EEUU desde 1882, sobre todo para tratar los dolores de muelas de los niños y para tratar la gota en los adultos. El mismísimo Sigmund Freud presumió de experimentar en sus propias carnes la mejora en su depresión y su concentración gracias a la cocaína.
El mayor aliado de las madres era el sirope de la señora winslow que contenía 65 mg de sulfato de morfina por cada 30 ml y que se comercializó para ser administrado a niños que sufrían terrores nocturnos.
Estos remedios y fármacos se anunciaban en la prensa de todos los países durante el siglo XX. También se comercializó el cannabis como remedio en todos los periódicos del mundo. En 1907 el diario español El Imparcial publicó un anuncio en el que se ofrecían frascos de heroína a dos pesetas como «la solución más racional y científica para curar los catarros crónicos, la tuberculosis, la bronquitis y la debilidad general». Estos anuncios fueron disminuyendo a medida que se descubría la capacidad adictiva de las sustancias. Sin embargo, hasta 1944 se anunció en el ABC español la venta de un perfume que contenía cocaína.
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