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La fotografía, el refugio emocional de María Pisaca

La fotoperiodista canaria expone de nuevo en Estados Unidos tres imágenes de su serie ‘Mystic’, un trabajo de largo recorrido e intenso calado personal que compagina con su labor en el periódico EL DÍA-La Opinión de Tenerife

Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

«Los sueños se cumplen y hay que luchar por ellos». En mitad de un planeta en el que la inmediatez domina la forma en la que el ser humano mira, consume e -inevitablemente- olvida las imágenes que pasan ante sus ojos, todavía existen procesos creativos que invitan a detenerse, a observar con calma y a sentir. Ese es el caso de la fotógrafa María Pisaca (Santa Cruz de Tenerife, 1971), una de las firmas de EL DÍA-La Opinión de Tenerife, y que la próxima semana lleva sus creaciones hasta ArtExpo New York, la destacada feria de arte contemporáneo que se celebra anualmente en Manhattan y que reúne a más de 200 galerías y artistas internacionales en el muelle 36 del Lower East Side. Pisaca llega a esta cita imprescindible -que tendrá entre el próximo jueves y domingo- de la mano de Artavita, una plataforma y galería de arte on line con sede en Santa Barbara, en California, diseñada para que artistas de todo el mundo exhiban y promocionen su obra.

La fotografía ha acompañado a Pisaca desde su juventud puesto que recuerda que fue su tío quien la dejó coger por primera vez una cámara y le explicó su funcionamiento. Fue con tan solo 12 años que la tinerfeña descubrió cuál era su vocación, la fotografía. Así, desde la década de 1990 se encarga de retratar la realidad de Tenerife para la prensa local pero nunca ha abandonado la fotografía artística, para la que se nutre del trabajo de numerosos exponentes que descubre a lo largo y ancho de todo el mundo y con los que ahora también va a tener la suerte de coincidir en esta exposición estadounidense.

Se trata, así, de la primera vez que la fotógrafa canaria trabaja con la galería Artavita, por lo que reconoce que esta experiencia le ha llegado prácticamente sin proponérselo. La posibilidad de participar en ArtExpo comenzó de manera improvisada y ha terminado convirtiéndose en una experiencia profundamente personal y que abre nuevas posibilidades para esta fotógrafa, que no obstante, ya ha expuesto sus obras en diferentes partes del mundo.

Después de trabajar con otras galerías estadounidenses, María Pisaca ha pasado unos años centrada en su trabajo en el periodismo, aunque sin abandonar nunca la vertiente más artística de la fotografía, pero sin exponer. Tras conocer el trabajo de Artavita hace un tiempo, quiso probar suerte con ese otro espacio en el que la relación parecía mucho más sencilla, sin tantas ataduras, pero que le abría la posibilidad de presentar su obra en nuevos continentes.

Sin demasiadas expectativas, y con la incertidumbre de no saber si podría siquiera asistir a una feria como la que ahora abrirá sus puertas en Nueva York -finalmente no podrá viajar a Estados Unidos-, decidió enviar su propuesta. Un formulario, un vídeo preparado a última hora y la sensación de estar llegando «justo a tiempo». De este modo, lo que parecía un intento más, sin grandes pretensiones, terminó con una confirmación inesperada: su obra, realizada en un lugar tan recóndito como Tenerife -y con el Teide vigilando cada uno de sus pasos, también dentro de estas fotografías- había sido seleccionada y formaría parte de la exposición en el muelle 36. Las tres imágenes seleccionadas serán expuestas ahora en formato digital.

Con la magua de no poder asistir a Nueva York dado lo precipitado de la selección, Pisaca reflexiona y tiene claro que lo importante no es esta cita en sí, sino todo lo que hay detrás de las imágenes elegidas.

María Pisaca envió cuatro fotografías de la serie Mystic, de las que finalmente tres fueron elegidas para ser expuestas en ArtExpo. Obviamente, este ha sido un duro trabajo de selección puesto que la producción fotográfica de la tinerfeña es amplia y -al igual que en el caso de los hijos- es complicado para el creador elegir entre sus trabajos más personales. En cualquier caso, con este ingente ejercicio de síntesis, Pisaca deseaba condensar una manera de mirar, de sentir y de entender la fotografía que quedara clara, de manera rotunda, en las tres piezas finalmente elegidas para ser expuestas. Y que superaran las barreras culturales o idiomáticas, dado el lugar en el que sería expuesta su obra.

Ahora, cada una de estas tres imágenes seleccionadas responde a una intención distinta, pero juntas construyen un discurso común: «La necesidad de ir más allá de lo evidente». Porque sacar fotos para la tinerfeña es una forma de jugar en sus ratos libres. Con un trabajo como el que tiene, en un periódico local en el que tiene que dedicar muchas horas diarias a disparar la cámara en las más variadas situaciones, sacar tiempo para fotografiar los secretos que se esconden en su jardín se le antoja como el más bello de los regalos.

Pero María Pisaca no quiere producir por producir, sino que con cada uno de estos trabajos busca construir poco a poco un lenguaje propio para que luego termine siendo reconocible por parte del público. Precisamente, ese lenguaje no siempre busca ser entendido de inmediato, pero responde a una necesidad auténtica de expresión. Esta evolución no es lineal ni predecible. Está hecha de intentos, de errores, de rechazos y de descubrimientos. Y es en todos esos aspectos en los que reside el valor de su obra, que derrocha honestidad a lo largo de todo el minucioso proceso.

Estas obras sirven para que Pisaca desconecte del frenético trabajo periodístico que desarrolla desde hace años y se convierten en válvula de escape; solo ella y la naturaleza

Cada imagen nace de una experiencia individual de la propia fotógrafa, que con cada nuevo reto se sumerge en un proceso plenamente personal y profundo. Sin embargo, Pisaca no descarta la posibilidad de que alguien, al observar detenidamente su obra, encuentre en ella algo propio y se identifique con ese mundo particular cargado de colores y movimientos de cámara. Precisamente ahí reside el verdadero valor de estas fotografías ya que la fotógrafa explica que lo esencial no se limita «a lo que muestran, sino a lo que despiertan en el público».

Este conjunto de imágenes no solo refleja una selección del trabajo realizado por la tinerfeña en su isla natal a lo largo de los años, sino que también es reflejo de su propia evolución personal. Cada fotografía marca un momento distinto, una etapa en la forma de mirar y de relacionarse con el entorno.

Mystic 08, obtenida en 2020, es la primera de las imágenes que se podrá ver en ArtExpo y tiene como protagonista a una libélula. Sin embargo, esta imagen se aleja del enfoque meramente documental puesto que Pisaca no buscaba en este caso capturar un instante en la naturaleza, sino dotarlo de una carga emocional. De este modo, la imagen que se podrá ver ahora en Nueva York «transmite una sensación de calma suspendida», expresa la creadora, quien ha logrado una propuesta con un halo de irrealidad, en la que el insecto parece habitar un espacio ajeno al tiempo. «Embelesada», así define Pisaca a la libélula protagonista de su fotografía, en la que la fascinación no es solo la protagonista, sino que también da paso a cierta ensoñación. Sin lugar a dudas, en este caso, lo técnico queda en segundo plano frente a la parte sensorial.

La segunda fotografía, Mystic 07 presenta una original estética, en la que las imágenes se desvanecen fundidas en llamativos colores. Esta propuesta desvela la cara de un carismático gato que forma parte de la familia de María Pisaca y que fue una de las primeras fotografías que realizó de esta serie tan particular.

La tercera imagen recibe el nombre de Mystic 10, busca convertirse en un homenaje a su tierra, aunque el ojo del espectador no sea capaz de captar todos los secretos que se esconden ante su mirada. De este modo, el protagonismo no recae únicamente en el elemento principal de la imagen, una flor, sino que la autora busca llamar la atención sobre el contexto que lo rodea. El fondo adquiere un peso simbólico, con la silueta del emblemático Teide presente en una esquina, vigilante pero sin ser un detalle obvio de la propuesta.

Pisaca afirma que esta pieza plantea un diálogo entre el pasado y el presente y es, para ella, una forma de recuperar una mirada anterior y reinterpretarla desde una nueva sensibilidad. La fotografía se convierte así en un puente temporal, en una forma de revisitar experiencias y darles un nuevo significado, no solo para ella como autora, sino también para el ojo del que mira.

Reconoce que en un principio no fue bien recibida y, de hecho, la presentó a un concurso y no salió elegida. Sin embargo, lejos de abandonar su idea, la fotógrafa decidió persistir y aquella negativa se transformó en un motor creativo que ha dado lugar a una gran colección de fotos que, avanza, seguirá creciendo en los próximos tiempos. Desde ese momento, se propuso reafirmar su enfoque y defender una manera de entender la fotografía menos inmediata -tan diferente a la forma de trabajar en el periodismo- y más reflexiva.

De hecho, aquella primera resistencia a su propuesta marcó un punto de inflexión en el proceso creativo de la canaria y, en lugar de interpretarlo como un fracaso, lo asumió como una señal. «Quizás este trabajo no busca encajar en todos los contextos, sino que debía encontrar aquellos espacios en los que esta serie pudiera ser comprendida con toda su complejidad», relata la fotógrafa.

De este modo, la serie Mystic plantea una relación distinta e innovadora con el espectador. Con estas imágenes, la creadora no ofrece respuestas rápidas ni significados evidentes, sino que exige una implicación activa del espectador, que ha de detenerse, observar con atención y aceptar que no todo se revela de inmediato.

Con su forma de trabajar, Pisaca combate la tendencia actual, en la que el entorno visual se encuentra totalmente saturado de estímulos rápidos y consumo instantáneo, y su propuesta funciona a modo de resistencia, invitando al espectador a levantar el pie del acelerador y reflexionar sobre la forma en la que mira a su alrededor. «Hay imágenes que no se agotan en un solo vistazo», afirma la creadora, quien sabe que más de una persona volverá su mirada atrás una segunda vez en ArtExpo para descubrir todos los detalles de su propuesta.

Más allá de su participación en esta muestra neoyorquina que le permite regresar con sus imágenes a Estados Unidos, esta oportunidad vuelve a sacar a la luz el particular proceso creativo de la tinerfeña, puesto que, para ella, la fotografía no es tan solo un medio de expresión, sino también una herramienta de introspección.

Pisaca habla de la creación como algo que surge de manera irregular y sin que tenga una planificación rígida. Habla de su proceso y reconoce que hay días en los que las ideas fluyen con facilidad y otros en los que no aparece ninguna imagen clara a través de su objetivo. Sabe que en esos casos es mejor dedicarse a otra cosa. Así, la falta de constancia, lejos de ser un problema, forma parte de la naturaleza del proceso y a Pisaca le gusta pensar que «sé perfectamente cuando realmente tengo algo que expresar».

En ese sentido, la fotografía se convierte para ella en una forma de terapia. Gracias a este espacio, la creadora puede canalizar pensamientos, emociones e inquietudes que, de otro modo, resultarían difíciles de verbalizar. Cada imagen es, en cierta medida, un fragmento de su propio mundo interior y que ella ha descubierto que puede sacar a relucir a través de las imágenes que la próxima semana llegan directas a ArtExpo New York 2026.

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