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Ciencia

La NASA fotografía la contaminación lumínica de Tenerife y Gran Canaria: "Esa luz nos sobra"

El astronauta Chris Williams, desde la Estación Espacial Internacional, retrata la "sobreiluminación" de la noche en las Islas, un problema ligado al tipo de iluminación LED y su dispersión en la atmósfera

Fotografía espacial de la noche en Gran Canaria del astronauta de la NASA Chris Williams.

Fotografía espacial de la noche en Gran Canaria del astronauta de la NASA Chris Williams. / NASA

Las Palmas de Gran Canaria

A más de 400 kilómetros sobre el Atlántico, en un cacho de cielo conocido como la termoesfera, el astronauta de la NASA Chris Williams fijó el visor de su cámara y acarició el disparador. Desde la cúpula de la Estación Espacial Internacional (ISS), mientras sobrevolaba la Tierra a 28.000 km/h, atinó a fotografiar la noche de Tenerife y Gran Canaria con la nitidez de una Nikon Z9 y un cañón teleobjetivo de 200 mm.

Las imágenes, tomadas recientemente durante su misión como ingeniero de vuelo de la Expedición 74, en la que lleva a bordo desde el 27 de noviembre tras lanzarse desde el cosmódromo de Baikonur en una Soyuz MS-28, se han convertido en un documento científico y periodístico de primer orden. No porque sean bellas, que lo son. Sino porque confirman, desde la perspectiva más irrefutable, que Canarias tiene un problema grave de "contaminación lumínica". De una magnitud capaz de rebosar la oscuridad, cruzar la atmósfera e insuflar de luz la lente de una cámara.

"Esa luz nos sobra", señala la presidenta de la Fundación Starlight e investigadora del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Antonia Varela. La explicación científica de por qué se ve esa luz desde el espacio se llama "flujo hemisférico superior". Es la fracción de la energía luminosa que, en lugar de iluminar el suelo donde es útil, se emite directamente hacia arriba o se refleja en paredes, pavimento y otras superficies hasta escapar al exterior. "En las imágenes, todo lo que se ve de color nos está dando una idea de que es luz desperdiciada", explica Varela.

En las zonas certificadas Starlight, —reservas de cielo oscuro reconocidas internacionalmente, como son el Parque Nacional del Teide y sus cumbres, en Tenerife, o la Reserva de La Biosfera de Gran Canaria, que ocupa el 46% de su territorio— ese porcentaje debe ser cero, o como máximo el uno por ciento. Las imágenes de Williams demuestran que en las zonas urbanas y turísticas de las dos islas capitalinas ese porcentaje es muy superior. "No nos basta que digan que se cumple en el ámbito de la ley del cielo. Incluso los visitantes yo creo que valorarían poder tener sol y playa de día y oscuridad durante la noche para poder ver las estrellas", apostilla.

Tenerife, desde la Estación Espacial Internacional.

Tenerife, desde la Estación Espacial Internacional. / NASA

Podría pensarse que esto ya se sabía. Que los satélites nocturnos existen y han documentado a fondo la realidad insular de Canarias. Existen y son esenciales, pero en su mayoría trabajan con sensores de baja luz, bandas específicas o composiciones científicas que no equivalen a una fotografía en color natural. Por lo que, el documento de Williams, "es una imagen antes invisible".

La NASA recuerda que la ISS completa una órbita cada 90 minutos y que la tripulación ve 16 amaneceres y 16 atardeceres al día, lo que implica que desde la atmósfera, la noche terrestre puede leerse con interpretaciones que desde el suelo cuesta mucho más obtener. Lo que en difinitiva significa que el espacio necesita el ojo humano para poder comprender la Tierra.

Diferencias entre Gran Canaria y Tenerife

Que Gran Canaria aparezca más blanca y brillante que Tenerife en las fotografías se relaciona con el tipo de LED que se ha instalado en el alumbrado público de cada isla. Las luminarias con LED de alta temperatura de color —los llamados "LED fríos", de espectro blanco-azulado— producen un tipo de luz que se dispersa con especial intensidad en la atmósfera. La razón es la misma por la que el cielo es azul durante el día: la luz azul tiene la longitud de onda que más se dispersa en la atmósfera terrestre, invadiendo el hemisferio visible con mayor eficiencia que cualquier otro color. "Los LED azules es como poner soles durante la noche", explica Varela. "Esa luz azul se dispersa más por las propiedades de nuestra atmósfera y magnifica la contaminación lumínica".

Según Varela, reducir la fotocontaminación no implica apagar las ciudades ni renunciar a la seguridad ciudadana. "Siempre hemos dicho que no se trata de apagar, se trata de iluminar bien. Hay que iluminar bien lo que hay que iluminar. ¿Cuándo y cómo? Con telegestión. Apantallando bien, con una buena luz, con una buena intensidad. Reduciéndola de noche, cuando ya no hay suficientes peatones para tener todo encendido", asegura.

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