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Salud Mental | María Velasco Psiquiatra y divulgadora de salud mental

María Velasco, psiquiatra y divulgadora de salud mental: «Hace falta una mirada preventiva, desde infantil hasta bachillerato, que ayude a construir personas»

«Antes sufrías algo y seguías viviendo sin cuestionarte tanto el sentido de tu vida. Ahora, para la infancia y la adolescencia, esa pregunta es muy importante. Tanto que si no tienen una respuesta, piensan que la vida no merece la pena. Están más conectados con lo emocional, pero hay pocas respuestas en lo existencial», explica la Doctora María Velasco.

María Velasco, psiquiatra y divulgadora de salud mental.

María Velasco, psiquiatra y divulgadora de salud mental. / La Provincia

María Alfonso Rodríguez

María Alfonso Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria

La psiquiatra infanto-juvenil María Velasco participará esta semana en unas jornadas dirigidas a equipos directivos de centros educativos que se celebrarán en Gran Canaria y Tenerife, centradas en el abordaje de la salud mental en el ámbito escolar. Con una amplia trayectoria clínica y docente —es médico adjunto en el Hospital Universitario Ramón y Cajal y autora del libro Criar con salud mental—, Velasco defiende la necesidad de una mirada preventiva desde los centros educativos: «Si estamos en la labor de detectar, ya estamos llegando tarde». En un contexto marcado por el impacto del entorno digital, la falta de sentido en los menores y el aumento del malestar emocional, colegios e institutos son un espacio clave para acompañar el desarrollo emocional de los menores más allá de lo académico.

En los últimos años, se habla mucho de salud mental en la infancia y la adolescencia. ¿Cree que estamos realmente más concienciados o simplemente más alarmados?

Creo que estamos las dos cosas. Estamos más concienciados, pero también más alarmados porque las cosas no van muy bien. Por un lado, vemos más y estamos más pendientes pero, por otro lado, es que ha empeorado la salud mental en la infancia y la adolescencia. Son las dos cosas juntas.

Desde su experiencia clínica, ¿qué señales le preocupan más hoy en niños y adolescentes?

Me preocupa la falta de sentido. Esa fragilidad de no tener muy claro para qué el sufrimiento, para qué el malestar, para qué estudiar o luchar. Cuando tienes un sentido en la vida, aunque te pasen cosas difíciles, las aguantas y las luchas. Pero ahora hay una menor tolerancia al disconfort que se suma a esa falta de sentido, y eso hace que se sostengan menos.

¿Son dudas existenciales más que otra cosa?

Son dudas existenciales que surgen ante situaciones normales de la vida. Antes sufrías algo y seguías viviendo sin cuestionarte tanto el sentido de tu vida. Ahora, para la infancia y la adolescencia, esa pregunta es muy importante. Tanto que si no tienen una respuesta, piensan que la vida no merece la pena. Están más conectados con lo emocional, pero hay pocas respuestas en lo existencial.

Desde su conocimiento y percepción, ¿qué factores están influyendo en esto?

Hay varios factores que se van sumando: más soledad, más aislamiento, una gratificación más inmediata y una vida más fácil. Ninguno de esos factores por separado es muy grave, pero la suma sí genera un cambio importante en cómo viven y cómo se sostienen.

Las redes sociales suponen, en gran medida, un foco de comparación entre jóvenes. ¿Qué papel juegan en todo esto?

Más que las redes sociales, es internet en general: redes, YouTube, la información que encuentran… Todo eso está suponiendo un cambio generacional enorme.

¿Dónde cree que está ahora el principal reto? ¿En detectar antes, en acompañar mejor o en intervenir a tiempo?

El reto está en escuchar el mensaje que nos están dando. Tenemos que montar redes y plantearnos las consecuencias de la vida actual. No se trata de aguantar o de medicar más, sino de hacer una labor de prevención y de escuchar que hay algo que falta. El ser humano necesita sentido, referentes, comunidad, crecer, ser creativo, resiliente. Todo eso hay que conservarlo y protegerlo.

Participa en unas jornadas dirigidas a equipos directivos en Gran Canaria y Tenerife. ¿Por qué es importante que la salud mental forme parte de la mirada de quienes lideran los centros educativos?

Porque los centros escolares son el epicentro de la vida de los niños y adolescentes. Si quienes los lideran comprenden profundamente qué es la infancia y la adolescencia, pueden intervenir de la mano de las familias. Es uno de los lugares donde un cambio puede tener mayor impacto.

¿Qué debería saber detectar cualquier director o directora?

Si estamos en la labor de detectar, ya llegamos tarde. El objetivo no debería ser detectar síntomas, sino garantizar que los niños estén bien, que puedan aprender, relacionarse y encontrar su lugar. Hace falta una mirada preventiva, desde infantil hasta bachillerato, que ayude a construir personas.

¿Sigue ocurriendo que el malestar silencioso pasa desapercibido frente a conductas más disruptivas?

Sí, completamente. Y me preocupa más el niño que no habla, que está callado. Puede tener baja autoestima, problemas en casa o estar triste. El que molesta en clase tiene más posibilidades de que se le atienda, pero los silenciosos tienen menos oportunidades de ser escuchados. 

¿Qué estamos entendiendo mal sobre el impacto del entorno digital en los menores?

No lo estamos entendiendo. En la infancia se construye la identidad, y todo lo que pasa influye en quién eres. Internet no solo afecta a la atención o a la comparación, sino que está construyendo la identidad y las capacidades emocionales. Es como si fueran papá, mamá e internet, y en internet hay contenidos muy irregulares.

¿Cómo se puede ayudar a un menor a diferenciar lo real de lo que ve en internet, por ejemplo en modas como los “therian”?

No pueden comprenderlo. Igual que un niño pequeño no puede entender ciertos riesgos, tampoco pueden gestionar lo que ven en internet. Están construyendo su identidad y no tienen bien definida la línea entre lo real y lo imaginario. No podemos delegar en ellos esa responsabilidad: tiene que haber regulación desde las autoridades.

Cuando un centro detecta que un alumno no está bien, ¿qué pasos deberían seguirse?

Lo primero es reunirse con la familia y entender el entorno: problemas económicos, familiares, enfermedades… Después trabajar conjuntamente con ellos. Incluso las familias más difíciles suelen responder bien si sienten que se les quiere ayudar. Para eso también es importante que el profesorado cuide su propia salud mental.

Generaciones atrás acudir a terapia o pedir ayuda generaba ciertas reticencias, ¿cree que las familias siguen teniendo cierto pavor a acudir a salud mental?

Ahora estamos viendo lo contrario: una tendencia a psiquiatrizar todo. Se acude por problemas que antes se resolvían en casa. Hay una tendencia a delegar en la salud mental respuestas a cuestiones que forman parte de la vida.

¿Qué le gustaría que se llevaran los equipos directivos de estas jornadas que tendrán lugar en Gran Canaria y Tenerife?

Esperanza, ganas, ilusión y la creencia de que con pequeños cambios se pueden conseguir grandes cosas. Reconectar con la vocación que les llevó a trabajar en esto.

Si tuviera que dejar una sola idea a familias, docentes y responsables educativos, ¿cuál sería?

Que se pueden cambiar las cosas y que los docentes tienen una voz muy importante y valiosa. Si trabajamos todos en la misma línea, hay muchas cosas que se pueden conseguir.

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