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Más de 91.000 niños en Canarias sufren las consecuencias de la pobreza: estrés crónico, inestabilidad y peor salud

La doctora en Psicología Miriam Álvarez alerta en el Parlamento regional de que la vulnerabilidad económica hace que los menores gestionen peor sus emociones y bajen su rendimiento académico

Reparto de alimentos en Santa Cruz.

Reparto de alimentos en Santa Cruz.

La pobreza va mucho más allá de las meras carencias económicas, sobre todo, cuando se experimenta en los primeros años de vida. En las Islas, la infancia de los más de 91.000 niños que viven en situación de vulnerabilidad está marcada por la inestabilidad –no solo financiera, sino en todos los sentidos–, el estrés crónico y un mayor riesgo de sufrir enfermedades como la obesidad o la ansiedad.

Al respecto, la doctora y profesora del área de Psicología de la Universidad de La Laguna, Miriam Álvarez, subrayó que para garantizar el bienestar de estos peques durante su desarrollo es esencial cubrir todas sus necesidades, tanto las físicas, como las cognitivas, las emocionales y las sociales. «Todas son igual de importantes y no pueden atenderse de manera puntual o intermitente, sino de forma estable», apuntó este martes durante la comisión de Pobreza celebrada en el Parlamento autonómico.

En su discurso, la experta en intervención familiar y parentalidad positiva destacó que estos niños en situación de pobreza gestionan peor sus emociones, están más expuestos a entornos inseguros, tienen dificultades para relacionarse con otros chicos y un rendimiento académico más bajo. «Si no se cubren estas necesidades se forman trayectorias que muchas veces es muy complicado cambiar», señaló.

Peor salud física

El impacto negativo en sus vidas es tal, añadió, que incluso merma su bienestar físico, pues estos peques tienen un 30% más de posibilidades de tener mala salud. También presentan mayores niveles de ansiedad, obesidad y sendetarismo, entre otras patologías.

A su juicio, todos estos aspectos deben tenerse en cuenta en la elaboración de las políticas públicas, en especial, para aquellas de ámbito regional, pues en Canarias cuatro de cada diez menores viven en pobreza, una de las cifras más alarmantes del país. Además, aseguró que las consecuencias negativas terminan cronificándose porque muchas de estas familias no logran salir de la exclusión social. En esta línea, la psicóloga apuntó que, a las notables carencias materiales –ropa, alimentación, vivienda...– que sufre este sector de la población, se suma un nivel alto de estrés laboral, económico y parental del que terminan contagiándose también los menudos de la casa.

Falta de seguridad

En el ámbito científico, detalló, también ha llamado la atención la inestabilidad de estos hogares; estos niños muchas veces notan esa falta de estabilidad en la relación de sus padres, en sus ingresos, en su vivienda, en sus rutinas y hasta en sus cenas. «El principal problema es que no todos pueden acceder a recursos que compensen estos desequilibrios; en el Archipiélago el panorama es muy diverso, hay mucha desigualdad incluso en la misma isla», advirtió.

Durante su discurso ante los diputados presentes en la comisión, la experta en intervención familiar también defendió que el refuerzo de la educación temprana de 0 a 3 años era «clave» en la lucha contra la pobreza infantil. Eso sí, reiteró que debe ser «lo más personalizada posible», con unas ratios acordes a las necesidades educativas de estos niños.

Abandono educativo

La pobreza infantil, afirmó, provoca en Canarias niveles altos de abandono educativo temprano. Precisamente, esa desigualdad –más patente en el territorio insular– es la que demuestra que existe «poca movilidad social», es decir, que «hijos de padres y madres con bajos niveles educativos siguen arrastrando esos bajos niveles».

La educación –en especial en estos primeros años de vida– mantiene ocupados a los pequeños durante buena parte del día, pero los menores también necesitan tiempo para pasárselo bien. En este sentido, la cultura, el ocio y el tiempo libre se postulan como servicios esenciales para alcanzar ese ansiado bienestar infantil. El problema –aclaró– es que no son actividades accesibles para todo el mundo. «Un 47% de los niños no se puede permitir ir de vacaciones con su familia y un 11,5% –unos 30.000 chicos– no tiene actividades de ocio con regularidad».

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