Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Ser gitano, más allá del estigma: «Como nuestra lengua estaba prohibida, la voz era la forma de expresarnos»

La historia del pueblo gitano en Canarias se revela a través de Josefa Fernández y su familia, quienes luchan contra estigmas y estereotipos en la isla de Tenerife, donde residen más de 3.000 personas

De izquierda a derecha, Josefa Fernández, José Heredia y Pilar Heredia

De izquierda a derecha, Josefa Fernández, José Heredia y Pilar Heredia / Arturo Jiménez

Hablar del pueblo gitano es, muchas veces, hablar de lo que otros han dicho sobre él. Durante siglos, historias como la de Josefa Santiago Fernández, José o Pilar Heredia —hermanos—, han sido contadas desde fuera, entre tópicos heredados, silencios impuestos y miradas ajenas que han terminado por construir una imagen incompleta. Y, sin embargo, hay quienes apenas han tenido la oportunidad de nombrarse a sí mismos. En Tenerife, esa realidad sigue siendo, para muchos, un territorio desconocido. 

El origen del activismo gitano en Canarias

Nacida en la isla de Lanzarote, criada en Gran Canaria y activista en su adultez, principalmente, en Tenerife, Josefa Fernández es, sin duda, una auténtica gitana canaria. El origen de su familia en el archipiélago se remonta al siglo pasado. Por aquella época, el régimen franquista, a través del control policial, la marginación o leyes como la de Vagos y Maleantes, perseguía al pueblo romaní; algo nada nuevo para ellos. Décadas antes, en Europa, el nazismo ya perpetuaba su exterminio en el Holocausto. El caso es que esa represión en la Península hizo que, quienes habían hecho el servicio militar en costas atlánticas, recordaran a las afortunadas como «un lugar afable, próspero y halagüeño» al que migrar. 

«Primero vinieron los hombres y luego las mujeres e hijos. Algunos vinieron directamente a Canarias y otros tuvieron que emigrar a Latinoamerica. Se marcharon un montón de familias, sobre todo de Melilla y Málaga», cuenta Fernández. Según el Museo Virtual del Pueblo Gitano de Cataluña, las poblaciones gitanas se reparten entre Tenerife y Gran Canaria, mayoritariamente; y en menor cantidad en Lanzarote y Fuerteventura. En cambio en La Palma apenas se registra población, y no se tienen datos de núcleos romaníes en La Gomera, El Hierro y, evidentemente, en La Graciosa. 

La comunidad en Tenerife

A día de hoy, la de El Teide es la isla con más presencia gitana, con una población formada por unas 450 familias más de 3.000 personas— y su principal epicentro social gira en torno al barrio de La Cuesta en San Cristóbal de La Laguna; aunque, cada vez más dispersos, existen núcleos muy significativos en el barrio de Añaza y en los municipios del sur como Arona y Granadilla de Abona.

Josefa no solo lleva una vida ligada al activismo gitano, es, también, una feminista abanderada. Comenzó a militar desde los 15 años de edad y sus primeras peleas giraban en torno a su pretensión por querer ponerse los mismos pantalones que su padre. Su lucha no solo se ha centrado en dar a conocer sus raíces, sino en romper, incluso desde dentro, las tradiciones más antiguas. «Desde pequeña sentía dentro de mi corazón que la mujer gitana debía ser algo más que una simple señora que solo tenía que casarse, tener hijos, trabajar y obedecer», describe. 

Esos roles, rutinarios y arcaicos, eran extraños para Fernández: «ideas antiguas que no encajaban en mi sueño como mujer». Tanto es así, que con 25 años, desobedeció esos conceptos tradicionales que, en el caso de su cultura, no le permitían sacarse el carnet de conducir porque se suponía que no debía estar en un coche con un hombre que no era de su comunidad. Sin embargo, como recuerda la propia Josefa, «en un paso más hacia mi empoderamiento personal decidí sacarme la licencia a escondidas». 

«No podíamos estar metidos en un vaso de cristal que no nos permitiera relacionarnos con el resto y vivir aislados»

Josefa Fernández

— Presidenta de la Asociación Romí Camela Nakerar

Después de eso y tras casi cinco décadas de paso constante por el Barrio de La Cuesta, la mujer dirige la Asociación Romí Camela Nakerar, una entidad destinada a la creación de redes de apoyo que, según la presidenta, nace de «su madre, la libertad, y de su padre, la injusticia». No obstante, el camino no ha sido fácil. «Había que romper muchos prejuicios fuera y dentro de la propia comunidad. No podíamos estar metidos en un vaso de cristal que no nos permitiera, a los gitanos, relacionarnos con el resto y vivir aislados. Yo me atreví, en Tenerife, a romper esas paredes, inspirada por otras mujeres activistas muy fuertes de toda España», sostiene Fernández. 

El puente entre las instituciones y el pueblo

Pilar Heredia, la primogénita de Josefa, ha tenido «la suerte» de criarse en una familia que le «ha inculcado los valores por la lucha del pueblo gitano». Con 45 años, trabaja como mediadora social, «puente entre las administraciones y la comunidad romaní», para la misma asociación que dirige su madre Josefa. Su vocación, define, «ha sido siempre lo colectivo».

Aún así, su trabajo no es para nada sencillo, ya que ni ella misma ha tenido facilidades para formarse. «A las chicas gitanas», argumenta Pilar, «les cuesta mucho estudiar, tradicionalmente por la carga familiar e históricamente por el rechazo que vive el colectivo». En este sentido, también como mujer, es consciente de las costumbres que ha tenido el pueblo romaní, pero admite, en parte gracias a referentes como su propia antecesora, que ahora los impedimentos son otros: «Hoy en día las barreras están fuera de la comunidad y son los estereotipos».

«No nos quieren en las administraciones. ¿Has visto algún gitano liderando una institución pública? Yo no»

Pilar Heredia

— Mediadora social de la Asociación Romí Camela Nakerar

La hija de Fernández es capaz de enumerar mil y un limitaciones por, simplemente, ser de origen y cultura gitana: «No nos contratan. Tenemos problemas para acceder a una vivienda digna, educación, oficios... La gente piensa que solo vivimos de las ayudas. Si nuestro trabajo es limpiar en una casa, creen que les vamos a robar. Sufrimos para matricular a nuestros hijos en el colegio. Dudan de nuestra inteligencia. No nos quieren en las administraciones. ¿Has visto algún gitano liderando una institución pública? Yo no. Y eso sin contar las etiquetas, los sesgos y los prejuicios», evalúa la intermediaria. 

En ello coincide su madre, que cuenta que su objetivo siempre fue, sin atisbo de duda, «luchar por la igualdad de las mujeres gitanas». Por ello, reitera, «quería dar apoyo y crear generaciones femeninas de éxito en el ámbito laboral, académico, artístico y en la vida en general, más allá de la comunidad romaní». Josefa, aunque sexagenaria, se siente «como el fuego». «Un fuego con una llama capaz de llegar a lo más alto y romper con los estereotipos, el clasismo y todo el racismo que ha sentido a lo largo de su vida», define.

Tan incansable ha sido la lucha de la asociación, que el 30 de octubre de 2023, por su labor en defensa y promoción de su cultura, Josefa Fernández se convirtió en la primera mujer gitana no artista en tener un viario a su nombre en todo el mundo. Concretamente, su placa se encuentra en una pequeña plaza del Barrio de La Candelaria de San Cristóbal de La Laguna. Y además, puede presumir de tener la primera oficina, también de toda España, de atención a la familia y mujer romaní, con su propio equipo técnico, desde hace cinco años. 

Ese amor de Josefa por querer defender a su pueblo lo heredó su otro hijo José Heredia, que, con 43 años, lidera el único festival flamenco gitano de Canarias. «El flamenco», apunta antes de continuar, «tiene, y que no lo dude nadie, sello gitano». Su misión es llevar el arte de este género musical desde Tenerife hasta todos los rincones del mundo. «El evento empezó como una idea familiar hace 14 años y ahora somos uno de los referentes a nivel nacional», cuenta el director. 

En su vida, José se define como un «luchador». «El estereotipo que conlleva ser gitano en una sociedad racista no es el único al que me he enfrentado. De pequeño era ciego de un ojo y me he superado también. Mis padres me han criado en un ambiente de resiliencia constante, y eso me hace estar muy orgulloso», sonríe. De ahí, en ese motor familiar y reivindicador, nace su máxima expresión por el activismo en forma de arte.

El arte como forma de activismo

«El festival», relata el hijo de Fernández, «no es solo mostrar el estilo del flamenco, es, también, enseñar nuestro talento, nuestra cultura y nuestra identidad» En sus más de diez ediciones, el evento no entiende de fronteras, solo de corazones que giran en torno a la música. Por eso, han recibido a artistas de talla mundial como Jorge Pardo, saxofonista; Alain Pérez, bajista cubano; Keiko Miyazaki, bailaora japonesa; Berk y Öykü Gürman, gemelos turcos que versionan pop y flamenco, entre muchos otros.  

El proyecto se gesta en la ciudad de La Laguna, pero se expande por todo el archipiélago como puerta de entrada al mundo flamenco. «No nos quedamos en un simple concierto. Hacemos giras por todas las Islas, también con actividades, talleres, charlas… Todo para llevar nuestras raíces a cada rincón de Canarias», precisa José. 

«El motivo», continúa su madre, «es que, antiguamente, cuando los gitanos vendían las mercancías, lo hacían cantando; por eso, el flamenco es tristeza, alegría…, son estados de ánimos expresados a través del arte». A las mujeres dedicadas al comercio ambulante se las conocía como jarandinas, un término derivado de andarinas, en alusión a su constante recorrido a pie por calles y barrios para vender. «Es más», prosigue el director del festival, «históricamente, cuando éramos perseguidos, las maldiciones gitanas –esas creencias asociadas al poder sobrenatural para lanzar venganzas frecuentemente ligada a la venta de romero– se camuflaban cantando». 

«Como nuestra lengua estaba prohibida, la voz era nuestra forma de expresarnos»

José Heredia

— Directo del Festival Internacional Flamenco Romí

Tanto es así, que el primer registro histórico que vincula al pueblo con Canarias data de 1629, cuando una vecina de la isla de La Palma, María de Gracia (conocida como María La Gitana), fue procesada y obligada a escuchar una misa en la sede del Tribunal de la Inquisición de Las Palmas por «prácticas supersticiosas». Años más tarde, aunque dentro del mismo siglo, también sería condenado por la misma corte Gaspar Ortiz, también gitano, por «mentiras y sortilegios». De ahí, según cuenta la familia, «nace ese talento por el cante». «Como nuestra lengua estaba prohibida, la voz era nuestra forma de expresarnos», concluye José. 

«Nuestro origen es hermoso, pero también cuesta, en muchas ocasiones, acabar con las injusticias y ser, aunque sea por una vez, escuchados», termina pilar. Historias como las suyas recuerdan el verdadero sentido del Día Internacional del Pueblo Gitano, que se celebra cada 8 de abril para visibilizar su cultura y sus tradiciones. Porque no existe una sola manera de ser gitano. Existen muchas. Y este es el caso de tres historias y dos generaciones que dialogan entre sí y que desmontan, desde lo cotidiano, los estigmas que aún persisten.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents