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Del teletipo al post: un coloquio en Las Palmas de Gran Canaria pone frente a frente generaciones del periodismo

El Club LA PROVINCIA acoge una nueva cita de Gen Match, una iniciativa del Gobierno de Canarias que busca tender puentes entre edades distintas a través de la evolución de la comunicación y la forma de informarse

"De la noticia al post"

José Carlos Guerra

María Alfonso Rodríguez

María Alfonso Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria

Tiempo atrás la noticia llegaba con tinta fresca, con el característico olor del papel y con la autoridad indiscutida de una cabecera, una emisora o un informativo. Hoy, en cambio, la información entra a golpes de notificación, se desliza con el dedo en pantallas del tamaño de la palma de una mano, compite con vídeos de segundos y se juega buena parte de su supervivencia en el territorio imprevisible del algoritmo. Entre un mundo y otro, entre la noticia y el post, se movió esta mañana el coloquio organizado por Gen Match en el Club LA PROVINCIA, en Las Palmas de Gran Canaria, un espacio pensado para poner a dialogar generaciones distintas a partir de una pregunta de fondo: ¿cómo ha cambiado la forma en que nos informamos y qué se ha perdido o ganado en ese tránsito?

La jornada reunió a perfiles que representan etapas, lenguajes y ritmos diferentes del periodismo: Lolina Pérez, periodista y ex jefa de prensa del Gobierno de Canarias; Antonio Cacereño, periodista y exdirector de LA PROVINCIA; Elena Chedas, periodista y reportera de Televisión Canaria; y Adolfo Rodríguez, periodista y creador de contenido online de LA PROVINCIA. La conversación estuvo moderada por Jezabel Artiles, que situó desde el principio el centro del debate: ya no solo importa qué se cuenta, sino cómo se cuenta, quién lo cuenta y desde qué lugar se construye hoy la autoridad informativa.

Un encuentro para todas las generaciones

Antes de que comenzara el coloquio, el viceconsejero de Bienestar Social del Gobierno de Canarias, Francisco Candil, defendió el sentido de este tipo de encuentros como una forma de combatir la distancia creciente entre edades distintas. Explicó que el programa busca «facilitar espacios de encuentro entre las distintas generaciones» y subrayó que el objetivo no era tanto extraer conclusiones cerradas como propiciar reflexión sobre cómo ha evolucionado la comunicación en los últimos 30, 40 o 50 años y sobre cómo se genera hoy la información y también la opinión pública. A su juicio, existe «una gran brecha en la comunicación entre las distintas generaciones», una fractura que, según señaló, se agravó tras la pandemia y que ha dejado «cada vez más desconexión, menos empatía, menos relaciones» entre grupos de edad distintos.

Con el telón de fondo de una sociedad que se informa de manera distinta según la edad, el soporte y el hábito, se atravesó toda la charla. Jezabel Artiles recordó que buena parte de la población joven reconoce informarse a través de creadores de contenido en plataformas como TikTok, Instagram o YouTube, mientras que los públicos de mayor edad siguen confiando más en los medios tradicionales. Pero lejos de presentar ese cambio como una sustitución absoluta, la mesa lo abordó como una transformación más compleja: la radio no murió con la televisión, la televisión no desapareció con internet y ahora el periodismo tampoco se esfuma con las redes, aunque sí se ve obligado a reformularse.

Los medios clásicos también ocupan los nuevos espacios

Desde la experiencia de una redacción tradicional, Antonio Cacereño defendió que los medios clásicos también han tenido que aprender a ocupar nuevos espacios. Explicó que LA PROVINCIA ha reforzado su presencia en redes sociales con una lógica distinta a la del viejo tráfico rápido: «Lo que nos estamos sembrando en ellas es buscar reputación». Más que perseguir únicamente clics, sostuvo, se trata de que nuevas generaciones que ya no llegan por la vía convencional se familiaricen con una marca periodística y la identifiquen como referencia. Esa transición, vino a decir, no es solo tecnológica, sino también cultural: una manera de seguir estando presentes allí donde hoy se disputa la atención.

Pero si algo quedó claro durante el encuentro es que la discusión no gira solo alrededor de la herramienta. Cacereño lo formuló con una idea muy concreta: «El contenido es lo que interesa». A su juicio, durante demasiado tiempo el debate periodístico se ha concentrado en la tecnología, el algoritmo, el formato o la plataforma, mientras se dejaba en segundo plano la pregunta esencial: qué se cuenta, con qué rigor y con qué valor para quien lo recibe. «Da igual que lo cuentes en YouTube, o que lo cuentes en TikTok o que lo cuentes en Instagram», señaló, porque lo que de verdad sigue importando es «un contenido que le afecte, que le sea útil».

Antonio Cacereño, periodista y exdirector de LA PROVINCIA.

Antonio Cacereño, periodista y exdirector de LA PROVINCIA. / José Carlos Guerra

Tareas que nunca cambiarán

Ese mismo desplazamiento de foco apareció en la intervención de Lolina Pérez, que llevó la conversación al núcleo de la profesión. Frente al ruido, la velocidad y la sobreabundancia de voces, defendió que «en el centro debe estar siempre el periodista. Yo no me puedo guiar de alguien que aleatoriamente escribe o juega sobre cualquier cosa». Y añadió una reivindicación casi gremial, pero también ética: «Yo soy defensora al máximo de lo que es el periodismo».

Para Pérez, más allá del soporte o del formato, la tarea sigue siendo la misma que se aprendía en la facultad: sintetizar, jerarquizar, contrastar y explicar. La diferencia es que ahora, donde antes había una pieza en papel con titular y pirámide invertida, puede haber un vídeo de un minuto o una historia vertical; lo que no debería cambiar, sostuvo, es el criterio profesional que sostiene ese contenido.

Lolina Pérez, periodista y exjefa de prensa del Gobierno de Canarias.

Lolina Pérez, periodista y exjefa de prensa del Gobierno de Canarias. / José Carlos Guerra

En el otro extremo generacional y de lenguaje, Adolfo Rodríguez puso voz a una práctica más híbrida, más pegada al pulso digital y a los códigos de consumo actuales. Reivindicó que un periodista puede moverse con naturalidad entre el entretenimiento, la actualidad y las nuevas formas narrativas sin perder rigor.

«Yo creo que el periodista debe saber estar y puede saber estar en un photocall y también cuando ha llegado una patera», afirmó, rechazando la idea de que ciertos formatos o coberturas resten legitimidad profesional. Su experiencia, explicó, ha estado marcada por la necesidad de generar contenido con inmediatez, muchas veces con herramientas mínimas, pero con una lógica clara: adaptarse al lugar donde está la audiencia.

Las nuevas coberturas

Rodríguez recordó, por ejemplo, cómo comenzó a cubrir ciertos eventos con un simple móvil y un micrófono básico cuando otros acudían con equipos más tradicionales. Aquello, que en su momento fue visto con escepticismo, terminó demostrando que la eficacia narrativa ya no depende únicamente del aparato, sino de la capacidad de detectar qué lenguaje funciona en cada contexto.

Adolfo Rodríguez, periodista y creador de contenido de LA PROVINCIA.

Adolfo Rodríguez, periodista y creador de contenido de LA PROVINCIA. / José Carlos Guerra

En ese marco, defendió una idea que atravesó buena parte del coloquio: el algoritmo no es un enemigo abstracto, sino una fuerza concreta que condiciona la circulación de la información. «La autoridad yo creo que hoy es el algoritmo. Y no solo en redes sociales, también en Discord, en el SEO...», resumió. Una frase provocadora, pero útil para entender el escenario actual y que ya no basta con publicar; ahora también hay que lograr ser visto.

Sin embargo, ni siquiera esa lógica de adaptación fue asumida de forma acrítica. Elena Chedas introdujo un matiz decisivo: adaptar el lenguaje no puede equivaler a renunciar a la responsabilidad informativa. «A los consumidores hay que darles lo que quieren, pero también hay que saber educar a la gente», señaló.

Su reflexión apuntó a uno de los grandes dilemas de la comunicación actual: cómo hacer atractiva una información relevante sin vaciarla de contexto, cómo contar el mundo con códigos accesibles sin rebajarlo a puro consumo veloz. En su intervención defendió, además, el papel de los medios para construir cercanía con la audiencia.

Elena Chedas, periodista y reportera de Televisión Canaria.

Elena Chedas, periodista y reportera de Televisión Canaria. / José Carlos Guerra

La fina línea entre información y opinión

Esa proximidad, no obstante, convive con un riesgo cada vez mayor: la disolución de la frontera entre información y opinión. Chedas alertó de que en redes sociales ambas capas aparecen muchas veces mezcladas, a veces de manera casi imperceptible, lo que obliga a reforzar la alfabetización mediática.

En esa misma línea, el coloquio dedicó buena parte de su tramo central a la desinformación, los bulos y la creciente dificultad para distinguir lo veraz de lo manipulado en un ecosistema saturado de estímulos. La inteligencia artificial apareció aquí como una preocupación compartida. Los participantes coincidieron en que la facilidad para generar imágenes o vídeos aparentemente reales complica todavía más el trabajo de verificación y aumenta la exposición del público a contenidos falsos o engañosos.

Ahí volvió a aparecer una idea de fondo que recorrió todo el encuentro: la confianza como capital de los medios, como patrimonio del oficio y también como territorio en disputa. Cacereño recordó que, incluso cuando se fabrican bulos, muchas veces se hace imitando la apariencia de una cabecera reconocida, precisamente porque el prestigio periodístico sigue teniendo valor simbólico.

Un deber también de los usuarios

Pero la mesa no descargó toda la responsabilidad sobre medios y plataformas. También hubo una apelación explícita al papel de quienes consumen información. Adolfo Rodríguez defendió que el usuario no puede situarse siempre en una posición pasiva y exigente, sino que también debe asumir su parte de responsabilidad a la hora de contrastar, elegir fuentes y no amplificar cualquier contenido.

A medida que avanzaba la charla, el debate fue dejando una conclusión menos nostálgica de lo que podría parecer al principio. No se trató de oponer un periodismo «bueno» del pasado a una comunicación «frívola» del presente, ni de enfrentar el papel al vídeo corto como si uno anulara al otro. Lo que emergió, más bien, fue la imagen de una profesión obligada a reconstruirse sin perder su esqueleto.

Cambian los canales, cambian las rutinas, cambian las métricas, cambian incluso las puertas de entrada a la actualidad. Pero siguen siendo necesarias algunas cosas muy antiguas: tiempo, criterio, fuentes, escucha, cultura general, curiosidad y capacidad de ordenar el ruido.

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