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Canarias: las lluvias de 2026 dan un respiro, pero el Superniño amenaza con un verano de calor y sequía

Aunque las borrascas de principios de año mejoraron las reservas hídricas, Canarias debe prepararse ante la posibilidad de un verano más seco y el impacto del fenómeno de El Niño

Calima en Gran Canaria (31/03/2026)

Calima en Gran Canaria (31/03/2026) / José Carlos Guerra / LPR

Canarias encara el verano de 2026 con una situación climática tan paradójica como preocupante. Tras un inicio de año marcado por intensas borrascas que han permitido recuperar parte de las reservas hídricas, el archipiélago se encuentra ahora bajo la amenaza de un posible “Superniño”, un fenómeno meteorológico que podría disparar las temperaturas y reducir las precipitaciones en los próximos meses.

Este contraste entre abundancia reciente de agua y riesgo de calor extremo sitúa a las islas en un escenario complejo. Los expertos advierten de que, aunque las lluvias han supuesto un alivio puntual, no garantizan estabilidad a medio plazo si se confirma un episodio intenso de El Niño.

Los primeros meses de 2026 estuvieron marcados por la llegada de varias borrascas atlánticas que dejaron precipitaciones abundantes en buena parte del archipiélago. Este episodio rompió con la tendencia seca de años anteriores y permitió mejorar significativamente la situación de embalses, galerías y acuíferos.

Presas de Gran Canaria tras el paso de la borrasca Therese

José Carlos Guerra

En islas como Gran Canaria, Tenerife o La Palma, las lluvias fueron especialmente relevantes, contribuyendo a aumentar los niveles de almacenamiento de agua y reduciendo temporalmente el estrés hídrico que venía preocupando a administraciones y sectores agrícolas.

Este aumento de las reservas supone un factor clave en la planificación del verano. A diferencia de años anteriores, Canarias parte ahora de una posición relativamente más favorable en términos de disponibilidad de agua, lo que podría amortiguar parcialmente los efectos de un verano seco.

El Superniño: una amenaza que llega desde el Pacífico

El fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) se produce por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial, lo que altera la circulación atmosférica global. En su versión más intensa, conocida como “Superniño”, puede provocar cambios extremos en los patrones climáticos de todo el planeta.

Aunque Canarias se encuentra lejos del origen del fenómeno, no queda al margen de sus efectos. A través de las llamadas teleconexiones climáticas, estos cambios pueden modificar el comportamiento del Atlántico y afectar al clima del archipiélago.

Los antecedentes históricos muestran que los episodios más intensos de El Niño han estado asociados a récords de temperatura global y a fenómenos meteorológicos extremos, lo que aumenta la preocupación ante su posible desarrollo en 2026.

Más calor en un contexto ya cálido

Uno de los principales riesgos para Canarias es el aumento de las temperaturas. El archipiélago ya ha experimentado en los últimos años una tendencia clara hacia veranos más cálidos y prolongados, y el Superniño podría intensificar este patrón.

Entre los efectos más probables destacan:

  • Incremento de las olas de calor
  • Mayor número de noches tropicales
  • Temperaturas máximas más elevadas

Además, el calentamiento del océano Atlántico podría favorecer la llegada de masas de aire cálido desde África, aumentando la frecuencia de episodios de calor acompañados de calima.

La calima 'engulle' el Sur de Gran Canaria (31/03/2026)

La Provincia

El agua: entre el alivio y la incertidumbre

El aumento reciente de las reservas hídricas es, sin duda, uno de los elementos más positivos de cara al verano. Sin embargo, los expertos insisten en que este factor no elimina el riesgo, sino que lo modula.

Si el Superniño se traduce en un verano más seco, las reservas acumuladas podrían comenzar a disminuir rápidamente, especialmente si se combina con un aumento del consumo debido al calor.

En este sentido, la situación actual puede entenderse como una ventana de oportunidad para mejorar la gestión del agua, reforzar infraestructuras y planificar escenarios de escasez.

Impacto en la agricultura y el medio natural

El sector agrícola es uno de los que más depende de este equilibrio entre lluvias y temperaturas. Las precipitaciones de principios de año han sido beneficiosas para cultivos como el plátano, la papa o la vid, pero un verano extremadamente caluroso podría afectar negativamente a su desarrollo.

El aumento del calor y la reducción de la humedad también incrementan el riesgo de incendios forestales, especialmente en islas con grandes masas vegetales como Tenerife, La Palma o Gran Canaria.

Este riesgo se ve agravado por la acumulación de vegetación tras las lluvias, que puede actuar como combustible en caso de altas temperaturas prolongadas.

Turismo y salud: los otros sectores en alerta

El turismo, motor económico del archipiélago, también podría verse afectado. Aunque el clima cálido es uno de los principales atractivos de Canarias, temperaturas excesivamente altas pueden reducir el confort de los visitantes y alterar los patrones de demanda.

En paralelo, la salud pública se convierte en un factor clave. Las olas de calor aumentan el riesgo de golpes de calor, deshidratación y problemas cardiovasculares, especialmente en población vulnerable.

Cambio climático: el factor que lo intensifica todo

El posible Superniño no puede entenderse sin el contexto del cambio climático. Diversos estudios científicos señalan que el calentamiento global está intensificando la frecuencia y magnitud de fenómenos como El Niño.

Esto implica que eventos extremos que antes eran puntuales podrían repetirse con mayor frecuencia. En el caso de Canarias, esta tendencia es especialmente preocupante debido a su condición insular y a la limitada disponibilidad de recursos naturales.

Además, el aumento de la temperatura del mar en el entorno del archipiélago está modificando los equilibrios climáticos tradicionales, afectando a fenómenos como los alisios o la formación de nubes.

Incertidumbre en las previsiones

A pesar de las señales de alerta, los expertos insisten en que aún existe incertidumbre sobre la evolución exacta del fenómeno. Los modelos climáticos indican probabilidades, pero no certezas.

Las estimaciones actuales apuntan a una probabilidad superior al 60 % de desarrollo de El Niño, mientras que la posibilidad de un evento extremo tipo Superniño es menor, aunque significativa.

Esto obliga a mantener una vigilancia constante y a preparar distintos escenarios posibles para el verano.

El calor extremo causa estragos entre la población afectada

El calor extremo causa estragos entre la población afectada / Agencias

El contexto actual exige una planificación cuidadosa por parte de las administraciones y sectores estratégicos. Entre las medidas clave destacan:

  • Optimizar la gestión de las reservas hídricas acumuladas
  • Reforzar los sistemas de alerta ante olas de calor
  • Intensificar la prevención de incendios forestales
  • Proteger a los colectivos más vulnerables

La combinación de lluvias recientes y posible calor extremo convierte este verano en una prueba clave para la capacidad de adaptación del archipiélago.

Un equilibrio frágil entre agua y calor

Canarias afronta así un escenario marcado por el contraste. Por un lado, las borrascas de principios de año han ofrecido un respiro tras años de sequía. Por otro, la amenaza del Superniño introduce un nuevo factor de riesgo que podría revertir parte de esos avances.

Este equilibrio entre abundancia puntual de agua y riesgo de calor extremo refleja la complejidad del clima actual, cada vez más influido por fenómenos globales y por el cambio climático.

En definitiva, el verano de 2026 se presenta como un punto de inflexión. Canarias dispone ahora de más recursos hídricos que en años anteriores, pero deberá gestionarlos con cautela ante la posibilidad de un episodio climático que podría poner a prueba la resiliencia del archipiélago.

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