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Estefanía Benedicto, la voz de Tenerife que clama por los migrantes llegados a Canarias en el himno de la visita del papa a España

La artista tinerfeña, autodidacta, casada y madre de dos hijas, asume sin buscarlo la dirección musical del proyecto en la Isla y pone voz a uno de los mensajes más sensibles de “Alza la mirada”: la migración

Estefanía Benedicto, durante la grabación del himno del papa a España que se desarrolló en la Catedral de La Laguna.

Estefanía Benedicto, durante la grabación del himno del papa a España que se desarrolló en la Catedral de La Laguna. / Arturo Jiménez

No se define como música profesional ni aspiraba a liderar un proyecto de alcance nacional. Sin embargo, una llamada inesperada del productor Pablo Cebrián colocó a Estefanía Benedicto en el centro de uno de los proyectos musicales más relevantes vinculados a la visita del papa a España. Desde Tenerife, ha coordinado la grabación de “Alza la mirada”, un himno que, más allá de lo artístico, aspira a dejar huella espiritual y social.

A sus 32 años, esposa, madre de dos hijas y pintora, Benedicto llegó a esta experiencia desde un perfil poco habitual. Autodidacta en piano, guitarra y composición, su vínculo con la música siempre ha sido paralelo a su trayectoria vital dentro de la Iglesia. Esa combinación —sensibilidad artística y compromiso eclesial— ha sido suficiente para asumir la dirección musical de un coro abierto, integrado por cientos de voluntarios.

El encargo tenía una complejidad añadida: grabar de forma simultánea en varias catedrales del país —Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife— para construir una pieza coral que reflejara la diversidad de la Iglesia. “Se ha querido unificar, incluir pequeños guiños en el acento y en la forma de interpretar que representen a cada lugar”, explica.

Un proyecto sin protagonismos

Desde el inicio, el planteamiento del himno ha huido de los nombres propios. Aunque la dirección creativa recae en Pablo Cebrián como productor artístico, Benedicto insiste en que la obra está concebida como un trabajo colectivo. “No brilla nadie en concreto. Hay muchos solistas, pero el himno no es de una persona, es de toda la Iglesia”, resume.

Esa idea se traduce en una construcción coral donde las voces individuales se diluyen en un mensaje común. Para ella, esa decisión no es estética, sino coherente con lo que representa el propio Papa: “No es una figura individual, es la Iglesia universal”.

La voz de Canarias en el himno

Dentro de esa estructura compartida, la aportación de Tenerife adquiere un matiz propio. En la interpretación de Benedicto, algunos solos introducen una referencia directa a la realidad migratoria que atraviesa Canarias.

“Por los que cruzan el mar buscando un hogar”, canta en uno de los fragmentos más significativos del tema. No es una frase añadida sin más: responde a una petición concreta durante el proceso creativo para incorporar esa dimensión al contenido del himno.

Cinco horas de ensayo y una certeza

La grabación en la Catedral de La Laguna se desarrolló en condiciones poco habituales. La mayoría de los participantes no conocía la canción previamente. Llegaron sin saber cuánto tiempo estarían ni qué nivel de exigencia se encontrarían. Aun así, en pocas horas el coro tomó forma.

“Nadie sabía a lo que iba, y aun así todo fluyó”, recuerda. El ensayo se prolongó más de lo previsto, pero no hubo desgaste visible. Técnicos, niños, voluntarios y cantantes mantuvieron el mismo tono durante toda la sesión. “No veías una mala cara”, subraya.

Ese ambiente, más que la ejecución técnica, es para ella la clave del resultado final. “Hubo entrega total. Nadie buscaba protagonismo, todo estaba enfocado en que saliera bien”.

Una experiencia que trasciende la música

Benedicto no separa el resultado artístico de lo vivido durante el proceso. Tras la grabación, recibió numerosos mensajes de participantes que hablaban de una experiencia de fe compartida.

“Todos hemos sido instrumentos para que esto salga adelante”, afirma. Para ella, el proyecto tiene un componente que no se puede medir en términos musicales: la sensación de que algo colectivo ha tomado forma sin depender de una sola persona.

Un himno que no termina en junio

Aunque “Alza la mirada” nace vinculado a la visita del Papa, su recorrido no termina ahí. Benedicto lo plantea como una herramienta que puede mantenerse en el tiempo, incluso en el ámbito personal.

“No es solo una canción bonita; puede servir para rezar, para encontrarte con Dios en lo cotidiano”, sostiene.

Esa mirada conecta con su propia trayectoria. Acostumbrada a participar en encuentros internacionales de la Iglesia —desde la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid hasta Cracovia o Lisboa—, entiende este proyecto como una continuidad natural de su forma de vivir la fe, no en balde nació en el seno de la familia que alimenta su fe en la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en la capital tinerfeña, en el seno del Camino Neocatecumenal.

No buscaba estar ahí. No se presentó a ninguna convocatoria. Pero asumió el reto sin imposturas. “Para mí es un regalo”, reconoce.

Y, como resume en una frase que atraviesa toda su experiencia, también fuera de los focos: “Dios es el lugar al que siempre vuelvo y donde todo tiene sentido”.

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