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Canarismos

Tirar los voladores antes de la fiesta

Fuegos artificiales

Fuegos artificiales

Luis Rivero

Desde antaño es común el uso de voladores y la quema de fuegos artificio en las fiestas populares. En un primer estadio de significación simbólica, el ruido de tracas y voladores viene asociado en el imaginario con las baterías en medio del fragor del combate y, a medida que se apaga el estruendo, el olor a pólvora nos traslada la imagen del campo de batalla después del cese el fuego. Elementos que abrazan un nivel más profundo la simbología del fuego con valor de purificación y trasmutación, incluso como dador de vida [verbigracia, el estallido del volador en el cielo nocturno evoca el paso de un cometa o acaso la explosión cósmica primigenia, representación de un microcosmos que emula/refleja al macrocosmos y cuyo sonido «retumba» todavía en el inconsciente colectivo]. En el contexto de las celebraciones de fiestas patronales y festejos en pueblos y barrios populares, entre otros ritos y elementos tradicionales, surge el «tirar voladores» como manifestación de alegría y júbilo. De modo que la detonación de un volador es consustancial a la celebración festiva, donde incluso es costumbre el tirar voladores en los actos religiosos [una escena típica es la procesión en la que los feligreses portan a hombros el trono con la imagen del santo patrón o santa patrona acompañado del estallido de voladores arrojados desde el cortejo, incluso la quema de una traca final]. «Volador» (y no cohete) se le dice en Canarias al tuvo lleno de pólvora, unido a una varilla, que cuando se prende sale propulsado y estalla en el aire (así lo define el DHECan y el Diccionario de americanismos). «Tirar voladores» es una expresión propia de las islas y de otros dominios del español para referirse al acto relacionado con fiestas o celebraciones y consiste en prender la mecha del volador y dejarlo salir para que, tras recorrer una trayectoria, estalle en el aire. Todo ello en una clara manifestación de entusiasmo y regocijo.

Este decir se suele emplear en forma negativa: «No tirar los voladores antes de la fiesta» y posee un valor de advertencia o admonición para querer decir que conviene no precipitarse ni adelantarse a los acontecimientos («no tirar voladores») hasta que no llegue el momento y no esté todo resuelto («la fiesta»). En definitiva, se trata de una réplica frente al exagerado optimismo y una llamada a no impacientarse. Tiene su parangón en el refrán castellano «no vendas la piel del oso antes de cazarlo» que supone igualmente una advertencia frente a la precipitación y el excesivo optimismo antes de conseguir lo pretendido. Pero no solo se tiran voladores en las fiestas de pueblos y barrios, también es práctica común en eventos deportivos como la celebra la victoria de nuestro equipo de fútbol, de lucha canaria o en las pegas de los botes de vela latina, incluso en una celebración familiar o para recibir el año nuevo («partir el año»). Aunque, a veces, «no esté la cosa para tirar voladores», dice una expresión afín para dar a entender que no hay nada que celebrar por no ser un buen momento. Lo que confirma que «tirar voladores» es un acto de exultación y conviene ser prudentes a la hora de «cantar victoria» y no hacerlo antes de tiempo, ya se trate de una competición deportiva o de un resultado favorable en otro tipo de contiendas, no vaya a ser que «el volador salga desrabonado» (que se dice del volador cuando se le parte o se le quita la varilla y zigzaguea por el suelo hasta estallar).

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