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El canario que cambió la historia del fútbol mundial

Un documental descubre la vida fascinante de Hans Henningsen, el isleño que se hizo amigo de Pelé y Maradona, y que revolucionó el marketing deportivo con una audacia que encumbró a Puma en su guerra fratricida con Adidas

Trailer de El Rey Puma

Las Palmas de Gran Canaria

Brasil se enfrenta a Perú en los cuartos de final de la Copa del Mundo de México. En el estadio de Jalisco no cabe un alfiler aquel 14 de junio de 1970. Salta al campo la canarinha, que venía de ser campeona en 1958 y 1962 con su jogo bonito. A escasos instantes del pitido inicial, Pelé, el astro planetario, pide al árbitro que espere. Se arrodilla. Ante la mirada atónita de medio mundo, O Rei se ata los cordones y retrasa el comienzo del partido. 

Aquella imagen en apariencia inocente se mantiene hoy como una de las más icónicas de la historia del fútbol. Pero de inocencia no hay nada. Tras esa jugada publicitaria audaz nada fue igual en el deporte, en las dos principales marcas de calzado deportivo, en el marketing.

¿Quién estuvo detrás de aquel truco que puso a millones de ojos en las relucientes King Puma de Pelé sin pagar un euro a las cadenas? Venía de Canarias. Su nombre, Hans Heninrich Henningsen. Su lugar de nacimiento, Santa Cruz de Tenerife. Y cuando han pasado 11 años de su muerte, resulta increíble que esta figura haya permanecido en el más absoluto olvido. Hasta que ahora llega El Rey Puma.

El documental que saca a Hans del olvido

Mediareport, productora de Prensa Ibérica en las Islas, y Radio Televisión Canaria (RTVC), con la colaboración de la productora Ailalelo y el Gobierno de Canarias, sacan a la luz a este personaje fascinante con el documental El Rey Puma. Solo basta repasar la agenda de Hans Henningsen para entender su dimensión. En su largo apogeo, como aparece en esta película de una hora y media de duración, era capaz de desayunar con Alfredo Di Stéfano, almorzar con Pelé, cenar con Maradona y tomarse un café con Cruyff.

Hans Henningsen no solo se codea con la crème de la crème del balompié internacional –en su listín telefónico tenía los números de Bobby Charlton, Franz Beckenbauer, George Best, Luis Suárez o el que fuera presidente de la FIFA João Havelange–. También lo hace con personalidades de otros ámbitos, como la política y la cultura. Ahí estuvieron el escritor brasileño Nelson Rodrigues, la cantante de tango argentina Amelita Baltar o Henry Kissinger, secretario de Estado de EEUU durante los mandatos de Richard Nixon y Gerald Ford. 

La película se estrena este martes (20:00 horas) en el Auditorio de Santa Cruz de Tenerife. A esa hora quedará alojada en la plataforma digital de Radio Televisión Canaria, Canarias Play. Será a partir de junio cuando se pueda ver en una de las grandes plataformas audiovisuales, Movistar Plus.

La película sobre el tinerfeño que revolucionó el mundo del fútbol se estrena este martes, a las 20:00 horas, en el Auditorio de Santa Cruz de Tenerife

El documental repasa por primera vez la trayectoria de un canario definido por quienes lo trataron como el desconocido que cambió el fútbol, el hombre que inventó el marketing deportivo, que convirtió a los futbolistas en marcas bien remuneradas, el visionario que se metió en el bolsillo a las estrellas del balón. Bohemio y refinado, dejó una estela inconfundible allí donde pisó. Envolvente, seductor, esbelto, su ascensión no se puede entender sin conocer su faceta de prestidigitador de las relaciones sociales.

A Fernando Ureña, el director de un documental que se rodó en 2024 entre Brasil, Argentina, Alemania, Francia, Madrid y Tenerife, le llamó la atención sobre todo «la inmensidad del personaje». «No fue solo Pelé; fueron Maradona, Menotti, Kempes, las selecciones al completo de Brasil y Argentina, el uruguayo Francescoli… Tantos y tantos nombres ilustres... Muy pocos han tenido el privilegio de manejarse en esos círculos y con esa influencia».

¿Cómo había logrado escalar tan alto? Hans Henningsen, que ya de joven quería ser periodista, tiene la habilidad de irse introduciendo en los mentideros mediáticos del deporte en Brasil al poco de llegar al país carioca en 1954, cuando solo tiene 21 años. Tras una adolescencia llena de brazadas y raquetazos en el Club Náutico de Santa Cruz, Hans decide cruzar el océano. En parte lo impulsa un espíritu aventurero que parece habitar el ADN de la familia. De hecho su padre, Ernest Henningsen, había hecho lo mismo: dejar su país natal (Alemania) para probar suerte en otro lugar muy diferente y alejado (Canarias). En la Isla, Ernest trabaja como representante de una empresa de transporte marítimo de carbón y se casa con la lagunera María del Carmen Sánchez.

Su hermana Marlis se acuerda perfectamente de aquella despedida. «Hans llegó un día y soltó: me voy a Brasil, que es el país del futuro. Y se marchó». Incluso conserva en la memoria la fecha exacta: 15 de abril de 1954. «Fue toda la familia a decirle adiós. Hubo llantos. Él no lloró. Estaba decidido».

La llegada a Brasil

El cambio no es fácil. Hans tiene que arremangarse y buscar trabajo en sectores muy alejados de su vocación, como la industria agrícola. Nunca deja de dar pasos, sin embargo, para llegar a donde realmente quería. Uno de los ecosistemas donde mejor se mueve es la noche, que en Río de Janeiro, donde fija su residencia, es especialmente intensa. Lo ve en plena acción en aquellos locales de moda de Copacabana otro tinerfeño. El escritor Alberto Vázquez Figueroa es en aquel momento corresponsal de un periódico español. «Allá me encontré con Hans, siempre exuberante y feliz», rememora. «Nos pegamos grandes comilonas y golfeamos mucho», añade entre risas. «Es uno de los mayores vividores que he visto en mi vida». 

Brasil vive un boom económico y cultural. En la década de los 50 y principios de los 60, el país experimenta un periodo de intensa modernización, transformación cultural y contrastes políticos, marcado por un rápido crecimiento industrial y la construcción de una nueva capital, Brasilia. Todo florece en este crisol tropical. El fútbol también. Y no solo llegan los éxitos, sino la consolidación de una identidad futbolística que trasciende fronteras.

El documental muestra cómo Hans Henningsen goza en este apogeo. Aprovecha las oportunidades. Comienza a colaborar con diarios y revistas, mientras Garrincha, Didí, Vavá, Zagallo y un menor de edad (17 años) bautizado como Edson Arantes do Nascimento –más conocido como Pelé–, maravillan en Suecia.

Hans Henningsen va a Brasil justo cuando el país vive un boom económico y cultural, marcado por un rápido crecimiento industrial

La selección carioca gana su primera Copa del Mundo. Hans se sabe todos sus datos, sus estadísticas, las alineaciones, las decenas de jugadores que despuntan en Brasil y en general en Latinoamérica, los equipos de España... Traba amistad con Armando Nogueira, uno de los periodistas deportivos más seguidos de Brasil, y empieza a trabajar con él.

Un paso decisivo

En 1966, Hans da un paso decisivo en su carrera. La dictadura militar había interrumpido en seco, solo dos años antes, el mayor progreso en libertades y derechos del gigante de América del Sur. Pero la economía resiste. También la pasión por el deporte rey. El scratch du ouro (equipo de oro), como se llamó a aquel equipo nacional electrizante, vuelve a ganar otro Mundial (Chile 1962).

En ese contexto, Hans se convierte en comentarista de la televisión brasileña. Es la plataforma con mayor potencial para su progresión. De repente, se pone en el escaparate con un portugués perfecto y un conocimiento de fútbol del que pocos colegas pueden presumir.

El tinerfeño atraviesa, además, un momento de estabilidad emocional. Se enamora de una mulata, Ligia, se casa con ella y forman una familia que daría dos hijos. El Rey Puma también surca esta faceta más íntima. El documental, con un coste superior al millón de euros, reúne de hecho a dos hermanos, sus dos hijos, sobrinas, nietas, un ahijado... Testimonios que ahondan en este ser inquieto y culto.

La guerra de Adidas y Puma

Quién iba a decirle a Hans Henningsen que una guerra fratricida entre dos marcas de prendas deportivas, que había generado ríos de tinta y cobrado repercusión internacional, iba a cambiarle la vida de forma definitiva. A 10.000 kilómetros de Brasil, muchos años antes, en 1924, dos hermanos, Adolf y Rudolf Dassler, abren la primera empresa dedicada de forma exclusiva al calzado deportivo: GeDa.

Pero se pelean. Adolf monta Adidas (las dos primeras letras de su nombre y las tres primeras de su apellido) y Rudolf, Puma. Adidas toma mucha ventaja y Puma se queda rezagada, sobre todo tras los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, con los nazis en el poder.   

Quién iba a decirle a Hans Henningsen que una guerra fratricida entre dos marcas de prendas deportivas, que había generado ríos de tinta y cobrado repercusión internacional, iba a cambiarle la vida

Los hijos de Adolf y Rudolf, Herst y y Armin Dassler, heredan la enemistad. Puma remonta, aunque no llega a ponerse a la altura de Adidas. La presión es tal que a Adidas se le llega a asociar con el juego sucio para defender su hegemonía. Ocurre en los Juegos Olímpicos de México de 1968.

Más atletas que de costumbre llevan Puma. Uno es el estadounidense Bob Beamon. En uno de los saltos previos a la final rompe sus Puma. Pide recambios pero no llegan. Alguien había bloqueado el pedido en la aduana. A Bob Beamon no le queda otro remedio de ponerse unas Adidas. Con ellas logra un salto de longitud que pasa la historia: oro y récord del mundo con 8,90 metros. Se mantuvo 23 años. Una marca estratosférica.

Por entonces, Hans Henningsen ya tiene una amplia lista de contactos. Y todos de primer nivel. Se ha hecho amigo de algunas de las principales figuras de la canarinha, como el mismísimo Pelé. El que fuera gerente de Puma en América Latina, Clans Griash, admite que la marca alemana iba tras él. Lo conocía y lo seguía. Sus responsables comienzan a tentarlo. «Viaja muchas veces a Alemania. Hablar alemán es una gran ventaja para él».

Es en el Mundial de México de 1970 cuando Hans ya aparece como un hombre de Puma. Aquel en el que Pelé se ata las botas y todo se detiene. Se mueve como uno más por el hotel de concentración de Guanajuato. Habla con los jugadores. Empieza a incorporarlos a la marca del felino. Les lleva prendas extras, está encima de ellos, les da consejos, los mima... Los jugadores no lo ven como el representante de una empresa. Es su amigo. Pelé, que está comprometido con la marca británica Stylo, empieza a preguntar por las bolsas que reparte Hans.  

El 'pacto Pelé'

Adidas y Puma habían alcanzado el pacto Pelé. Era un acuerdo por el que renunciaban a una puja por las principales estrellas futbolísticas. Y la mayoría estaban en Brasil. A Hans el pacto de no agresión le parecía una estupidez. Además, era solo un acuerdo verbal. Podía hacerlo saltar por los aires en cualquier momento. Así hizo. En la memoria aún está fresca la argucia de Bob Beamon.

Hans convence a Pelé –el primer pago es de 120.000 dólares, en aquel momento una fortuna–, Puma rompe el alto el fuego y el tinerfeño consigue de O Rei una acción extra: llevar a cabo la estratagema de atarse los cordones justo antes del comienzo del Brasil-Perú en la primera Copa del Mundo que se retransmite en directo y en color por la tele. 

A partir de aquel primer plano cuyo valor es incalculable, todos quieren tener unas King Puma. El equipo carioca gana 4-2. Ningún gol es de Pelé. Los anotan Tostão (2), Roberto Rivelino y Jairzinho. Pero el delantero del Santos, con 29 años, comanda la que sigue siendo hoy la escuadra más demoledora de los campeonatos. Los resultados lo dicen todo: 6 victorias, 0 empates, 0 derrotas, 19 goles a favor, 7 en contra. Pelé, además, sí marca en la final contra Italia (4-1). Los brasileños ya son tricampeones. Y entre ellos está Hans.

Puma había logrado lo imposible: remover los cimientos de Adidas. Y todo se lo debía a Hans Henningsen, el que siempre pagaba la factura de la mesa, el que siempre iba bien perfumado, aquel hombre osado, encarador e irrefrenable que había dinamitado en unos segundos un dominio labrado durante más de 40 años. Su hijo Ricardo recuerda que en aquella época, Hans pasaba más tiempo en el avión que en casa. «A veces nos llevaba a mí y a mí hermano con él. Empezó a ir mucho a Argentina».

La etapa argentina

Había extendido sus contactos al país delasado y el dulce de leche. Le encantaba Argentina, rememora uno de los periodistas argentinos más prestigiosos, Ernesto Cherquis Bialo. Y no solo porque era otra potencia futbolística. Amaba el tango, la pasión de su gente. «Lo conocí en Buenas Aires», asegura Bialo, fallecido hace un mes. «Me lo encontré en aquellos lugares donde se bailaba tango, con aquella altura, aquel cigarrillo permanente, aquella audacia para hablar... Hans generaba una empatía inmediata». Amelita Baltar, una de las grandes voces del tango, también coincidió con él en aquellas milongas. «El grandote era encantador, maravilloso. Nos quedábamos cantando y charlando hasta las cuatro de la mañana».

El documental de Mediareport, en coproducción de RTVC, que se estrena este martes no deja cabo suelto en este protagonista en la sombra, un iluminado que vio antes que nadie que los futbolistas iban a mover el mundo, el sietemesino que salió adelante gracias a que su madre lo metió en una caja de zapatos entre algodones. Más de una veintena de allegados, directivos relacionados con la historia de Adidas y Puma, periodistas, artistas, representantes de jugadores –como el propio agente de Pelé, José Pepito Fornos– y hasta campeones del mundo –como Alberto Conejo Tarantini o Héctor Negro Enrique– diseccionan esta existencia novelesca jamás contada.

Después de Pelé, Maradona

En 1978 y 1979, Hans da otros dos golpes de efecto de similares proporciones al de Pelé. Mientras Argentina discute por qué El Flaco Menotti prescinde de un Maradona que con solo 17 años ya se sale, la albiceleste prepara el Mundial en el que será anfitriona. Aún sin el pibe, la selección entrenada por Menotti es favorita. En medio de aquella concentración hermética, como en la Brasil de 1970, estaba Hans Hennigsen.

Se había hecho muy amigo de Menotti, quien lo introdujo en el vestuario. Hans había repetido el patrón paternalista que tan buenos resultados le había dado con los brasileños. Era un Mundial lleno de sentimientos contradictorios. Los argentinos estaban locos por que ganara su selección, pero al mismo tiempo eran conscientes de que la victoria sería un espaldarazo para una dictadura militar sanguinaria como la de Videla.

El fútbol gana a la democracia. Y Hans vuelve a hacer que David (Puma) venza a Goliat (Adidas). De los 11 argentinos que saltan al Monumental en aquella final del 25 de junio de 1978 –Kempes, Passarella, Gallego, Galván, Fillol...–, nueve calzan Puma. Argentina se impone a Países Bajos (3-1) y en medio de aquella gigantesca algarabía está Hans.

Pero no hay tiempo que perder. Hans ya había puesto en marcha sus maniobras de seducción para el siguiente objetivo. Luciano Cazaux, ahijado argentino, se acuerda incluso del primer contacto con Diego en el humilde hogar de los Maradona en Villa Fiorito, un barrio de infraviviendas al sur del área metropolitana de Buenos Aires.

100 dólares al mes

El tinerfeño se gana la simpatía de la familia y logra que El Pelusa fiche por Puma. El primer contrato parece irrisorio: 100 dólares al mes. Sin embargo, es suficiente para que los Maradona salgan adelante. Con el tiempo, cuando Diego confirma todos los presagios y se convierte en el número uno, la cantidad llega a superar el medio millón de dólares al año. Quien no recuerda a Diego en el Nápoles, donde se convierte en un dios, haciendo malabares con la pelota en el calentamiento con unas Puma con las ligas desatadas... Otra vez los cordones.  

La llegada de otra marca deportiva, la estadounidense Nike, y de otra figura mediática, el jugador de la NBA de baloncesto Michael Jordan, lo derrumba todo. Aquel calzado agresivo y contracultural irrumpe con fuerza y se come una parte importante del pastel de Puma y Adidas, sobre todo después de fichar a Air Jordan en 1984. 

Puma empieza a tener problemas financieros y cambia todo, incluidos los dueños. Primero prescinden de Armin Dassler. En 1989, la marca alemana comunica a Hans Hennigsen que ya no cuenta con él. Tiene 56 años. Fue un shock. Hans se ve obligado a retirarse antes de lo previsto. Años y años tirados por la borda.

Se apaga una figura fascinante

Encontró el mejor refugio en sus nietos y en lo que siempre había sido: periodista. Se fue desconectando poco a poco, con cierta aversión a mostrar las debilidades de la senectud. Llega a plantearse pasar sus últimos años en Tenerife, pero está demasiado unido a sus nietos. Una de ellas, Fernanda, cuenta lo bien que se lo pasa escuchando historias del abuelo como la de los cordones de Pelé. Muere el 2 de agosto de 2015 rodeado de su familia en Río de Janeiro, que lo nombra ciudadano honorario. Se apaga para siempre Hans Henningsen. El Rey Puma.

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