El matrimonio se retrasa en Canarias: los parejas aplazan el «sí, quiero» hasta los 40
La edad media de los isleños que se casan alcanza máximos históricos

Pedida de mano / Freepik
Casarse ya no es una prioridad para los canarios. Las campanas de boda, los anillos de diamante y el «sí, quiero» son conceptos que suenan cada vez más lejos para las parejas jóvenes del Archipiélago. Desde hace años, los isleños han pospuesto –o incluso evitado– el momento de subir al altar en favor de cumplir metas personales, convivir un tiempo prudente con su «media naranja» o disfrutar de la maternidad y la paternidad. Esta tendencia no solo demuestra un cambio en la dinámica social de la población canaria, sino que además ha provocado un retraso del matrimonio hasta los 40 años.
Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden de la última Estadística anual de Matrimonios que publica el Instituto Canario de Estadística (Istac). Los datos evidencian que la edad media de las personas que deciden casarse en el Archipiélago es cada vez más alta, pero no ha sido hasta ahora cuando esos valores han alcanzado los picos más altos registrados. Mientras que la edad promedio de las mujeres se sitúa en los 39,9 años, la de los hombres asciende hasta los 43, 19 años. Aunque eso no significa que el compromiso comience en ese preciso instante.
Los jóvenes prefieren convivir durante varios años antes de darse el ‘sí quiero’
«No es que la gente haya encontrado pareja justo en ese momento de su vida y decida casarse inmediatamente, o después de un corto periodo de noviazgo como se hacía antes», puntualiza el sociólogo de la Universidad de La Laguna, José León. «Lo que señala esa edad tardía es la fecha en la que deciden unirse oficialmente, ya que la mayoría de las parejas toman la decisión de contraer matrimonio después de una larga etapa de convivencia», agrega.
Ventajas legales del matrimonio
Por otro lado, las ventajas legales que ofrece el matrimonio es otro de los incentivos que lleva a la gente a casarse. «Hay parejas que deciden celebrar una boda después de que sus hijos sean mayores porque ciertas gestiones burocráticas serían más fáciles bajo esa unión», comenta.
La mezcla de estos dos factores es lo que hizo que Juan Domínguez y Nuria Anguera, dos tinerfeños de 50 y 46 años, decidieran contraer matrimonio después de nueve años y medio juntos. «Ya teníamos estabilidad y nos hacía ilusión casarnos, pero también queríamos dejar las cosas bien hechas de cara al futuro», explica Domínguez. Él había tenido otra esposa antes de conocer a Anguera y sus circunstancias le hicieron plantearse mucho las cosas. «Sabía los trámites que podía suponer, pero al final decidimos dar el paso», indica.
El boom turístico de los 60 provocó un cambio en la dinámica familiar de las Islas
A Anguera, que también venía de otra relación, pero sin boda, le hacía ilusión casarse. Eso sí, ambos admiten que el matrimonio para ellos, además de una celebración, ha sido una mera formalidad. «La dinámica de la relación y el compromiso es el mismo de antes», cuenta Anguera. Les gustaba la idea de tener un evento bonito que compartir con la familia y amigos, además de la estabilidad formal que ofrece el matrimonio. «Pero lo que es la convivencia y el día a día es exactamente el mismo», añade.
Casarse por segunda vez
León subraya que una parte de las personas que se casan lo hacen por segunda o tercera vez. «No es una de las causas principales, pero hay que tener en cuenta que Canarias es una de las comunidades autónomas con mayor tasa de divorcios», indica. De hecho, casi la cuarta parte de los hombres que contrajeron matrimonio en 2024 –un 23,4%– ya había formado parte con anterioridad de otra unión. En el caso de las mujeres, aunque en menor medida, este porcentaje fue del 21,1%.
Las parejas de hecho tienen menos hijos y son, en general, más inestables
María Núñez y Joelis Ismata, por ejemplo, constituyen una de esas parejas. Con 53 y 52 años, respectivamente, decidieron casarse en 2025 después de 14 años juntos. Ambos procedían de una antigua unión matrimonial. «No conocimos en una discoteca, los dos éramos divorciados y después de un tiempo manteniendo citas decidimos unir las familias —ya que ambos tenían hijos de sus anteriores relaciones— e irnos a vivir juntos», detalla Núñez.
Ismata había tenido dos matrimonios antes de unirse con Núñez, y aunque al principio dudaba de volver a casarse, el amor terminó por convencerlo. «Me pidió la mano antes de la pandemia, pero hasta el año pasado no celebramos la boda», recuerda Núñez. Son otra pareja que coincide en que la formalización del matrimonio no ha supuesto un antes y un después. «Simplemente nos apetecía celebrar nuestro amor y lo hicimos», aclara Núñez.
Una dinámica social de hace décadas
En este contexto, el sociólogo indica que esta dinámica social de retrasar el matrimonio no es nueva, sino que se remonta a la década de los años 60. «Cuando se produjo el desarrollo turístico, y con ello la modernización de la sociedad, la gente cambió sus costumbres y sus patrones de comportamiento demográfico», menciona. Y entre estos, los vínculos conyugales.
El Archipiélago logra la cifra más alta de matrimonios desde el covid
«Antes estaba mal visto convivir con tu pareja sin casarte, para las familias era una especie de demérito y desde el punto de vista eclesiástico se consideraba pecado», detalla. Ahora, seis décadas después, la convivencia sin previo matrimonio es lo habitual. «Ya no existe ese machaque negativo que se tenía en el pasado, es evidente que ha habido un cambio social y lo hemos asumido como un patrón de conducta normal», concreta.
Según León, Canarias siempre ha sido una comunidad adelantada en este aspecto. «Somos un poco como los noruegos o los suecos, llevamos mucho tiempo dejando el matrimonio en un segundo plano y haciendo vida de pareja sin los contratos legales o sacramentales de los enlaces clásicos», insiste.
El papel de la economía
Los factores económicos como, por ejemplo, los bajos salarios, los índices de pobreza y las dificultades para tener una vivienda son otros aspectos que influyen en el retraso de las bodas. «La gente tarda en estabilizar su vida y priorizan otros aspectos como los viajes o la entrada de una casa antes que el matrimonio», cuenta. Es el caso de Claudia Bethancourt, una joven tinerfeña de 22 años que lleva casi cuatro años con su pareja. Ambos comparten la ilusión por celebrar una boda, pero lo cierto es que no tienen prisa por hacer ese sueño realidad. «Todavía estoy en la universidad y me gustaría finalizar mis estudios y conseguir cierta estabilidad laboral antes de dar ese paso», detalla.
El coronavirus y el confinamiento influyeron en el retraso de los enlaces
De hecho, lo que sí que contemplan, en cambio, es irse a vivir juntos. «Lo que planeamos para un futuro más cercano es independizarnos juntos, antes que casarnos», comenta. Lo primero para Bethancourt es encontrar un alquiler. «Ya luego sí que nos gustaría ahorrar para una vivienda propia y la boda, pero ahora priorizamos otras cosas como los viajes, los cuidados de nuestra mascota y una primera casa de alquiler», confiesa.
Más uniones desde 2019
Según la Estadística de Matrimonios del Istac, en 2024 se casaron un total de 15.518 personas en Canarias. Un dato que se traduce en 7.759 matrimonios. Si bien se trata de la cifra más alta registrada desde 2019, las cifras apenas llegan a compararse con el ritmo de décadas anteriores. «El Archipiélago tiene una tasa de nupcialidad muy baja, una de las menores de España», señala el sociólogo. «Los momentos sociales de los últimos años han condicionado esa bajada en el número de matrimonios como, por ejemplo, la crisis del 2008, cuyos efectos duraron hasta 2014, la llegada del coronavirus y los meses de confinamiento», agrega.
Casi la cuarta parte de los hombres casados en 2024 ya había formado parte de otra unión
Por otro lado, León explica que este cambio en la dinámica social genera también consecuencias con respecto a la natalidad. «Fuimos una región natalista hasta la década de los años 60 y con la modernización de la sociedad se produjo una caída brutal, lo que nos convirtió en la región de España con peores resultados», lamenta. En la actualidad, el índice de hijos por mujer en Canarias es de 0,82, mientras que la media nacional es de 1,12. «No llegamos ni a un hijo por mujer, y aunque el índice de España tampoco es para tirar cohetes, es más alto que el nuestro», subraya.
Las parejas de hecho, menos estables
El sociólogo insiste en que los factores económicos retrasan la independencia de los jóvenes, lo que les impide reproducirse y mantener una vida estable. Pero el retraso de los matrimonios también afecta. «Una pareja de hecho –aquella que mantiene una unión estable y pública, pero sin contraer matrimonio– es mucho más inestable que las que sí que se casan», indica. Esto se debe, según el sociólogo, a que ese bajo porcentaje de parejas jóvenes que deciden dar el paso y casarse tienen mayores posibilidades de tener hijos y de contribuir a la natalidad. «Los compromisos legales del matrimonio refuerzan aún más la relación y las parejas de hecho tienden a romper con mayor frecuencia», añade.
No obstante, recuerda que la convergencia en Canarias de una alta tasa de divorcios y unos índices de nupcialidad «muy bajos» tampoco constituyen el escenario ideal para que la natalidad se recupere. «Nos casamos poco, hacemos un bajo uso de contratos civiles o compromisos religiosos y además nos divorciamos más que cualquier otra región de España», concluye.
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