Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Un nuevo libro rescata la memoria de los últimos guanches tras la colonización de Canarias

El historiador especializado en arqueología de la ULL, José Farrujia, publica su segundo libro de relatos sobre los indígenas canarios, en el que recrea, a través de la literatura, las historias de los pobladores de las Islas en las primeras etapas tras la conquista española en el siglo XV

El historiador de la Universidad de La Laguna, José Farrujia, durante una entrevista.

El historiador de la Universidad de La Laguna, José Farrujia, durante una entrevista. / Arturo Jiménez

Verónica Pavés

Verónica Pavés

La Laguna

La conquista de Canarias no ocurrió del día a la mañana. El fin de las guerras coloniales no fue más que el comienzo de un largo y oscuro periodo para los pobladores de las Islas. Una dura transición en la que unos cuantos se aferraron a sus costumbres para resistir a la casi inevitable pérdida de sus costumbres, ritos y creencias. Frente a la persistencia de la memoria escrita con la que pudieron narrar la historia los colonos, la oralidad de la tradición indígena estaba abocada al mutismo como así lo hiciera también su voz a lo largo de los siglos. Unas voces que la nueva obra literaria, Guanches, relatos de nuestro mundo ancestral, trata de recuperar con un viaje literario la memoria silenciada de los indígenas canarios a través de los relatos de sus propios protagonistas.

Este «periodo de contacto» en el que guanches y colonos tuvieron que convivir sin llegar a entenderse del todo, es una de las piezas clave de la historia de Canarias. A ojos del historiador especializado en arqueología de la Universidad de La Laguna (ULL), José Farrujia, se trata de un fragmento indispensable para entender cómo ha evolucionado la cultura isleña hasta el día de hoy.

Sin embargo, este periodo de duración indefinida ha sido muy poco estudiado por la ciencia, pese a ser uno de los más convulsos y cambiantes de la historia que une a los dos pueblos. «Los indígenas mantenían vivas sus prácticas y creencias espirituales en las zonas rurales, pues muchas de ellas estaban asociadas a sus principales formas de sustento: la agricultura y la ganadería», describe Farrujia.

Mientras, en las incipientes ciudades, como la antigua La Laguna, se les prohibía el paso a no ser que optaran por dejar atrás sus ropajes, sus hábitos y sus rutinas para convertirse en «buenos cristianos».

Un vínculo inquebrantable

Precisamente el vínculo que los indígenas habían creado entre el sustento y sus ritos (la adoración a ciertos dioses estaba ligado a las cosechas), fue lo que provocó que los colonos no impusieran de manera tan evidente la cultura cristiana. En muchos casos, aprovecharon las tradiciones y los lugares de culto ya existentes, en los que los guanches habían generado un hábito tradicional, para fusionarlas con el relato que más les convenía: el cristanimos.

«Eso explica porque, a día de hoy en Canarias se venera a la Virgen de Candelaria el 2 de febrero y el 15 de agosto; son los días que coinciden la aparición en el cielo de la estrella Canopo, a la que veneraban y relacionaban con la diosa Chaxiraxi», explica el investigador. De ahí que la figura de la Virgen de Candelaria sea «morena» y porte a un niño en sus brazos. «Prácticas muy arraigadas en el siglo XXI tienen un origen indígena por este sincretismo que se realizó durante ese periodo», revela.

Portada del libro 'Guanches, relatos de nuestro mundo ancestral'

Portada del libro 'Guanches, relatos de nuestro mundo ancestral' / Cedida

Pese a los continuos intentos por ocultar este pasado aborigen, la huella de las historias de los indígenas canarios no ha podido ser borrada del todo. A veces en minúsculas frases de un texto notarial, otras, en testamentos o en acuerdos de los cabildos. Los retazos de la historia de cómo los guanches afrontaron la pérdida de sus costumbres y su vida han quedado sepultados bajo decenas de cientos de documentos, pero Farrujia persevera en su empeño por sacarlos a la luz de una manera poco ortodoxa en la ciencia: a través de una novela. .

'Guanches' se presenta este jueves

Farrujia es autor de varias obras sobre el pasado aborigen de los primeros pobladores de Canarias, y, de hecho, se ha embarcado en esta nueva aventura literaria tras cosechar un importante éxito con su primera novela de este tipo: ‘Memorias Guanches’. «Tuvo muy buena aceptación y muchos me preguntaron por la segunda parte», afirma Farrujia, que presentará este jueves 23 de abril a las 19:30 horas en el Espacio CajaCanarias, en Santa Cruz de Tenerife, esta nueva entrega junto a Belén Álvarez Lajalaga, que presentará el tema musical asociado a este libro y titulado Machigó; Jesús Sebastián Díaz, profesor de la ULL en la especialidad didáctica de la lengua y la literatura, que presentará el libro y la periodista Verónica Galán que se encargará de conducir la entrevista.

En esta nueva entrega, el historiador recupera historias –reales o científicamente plausibles– de los moradores indígenas que vivieron ese periodo tras la conquista. En esta ocasión, ha querido adentrarse en relatos más duros de los de su obra anterior. «En el primer libro acabábamos de salir de la crisis de coronavirus y sentía que necesitábamos historias de resiliencia», insiste. Tres años después, en un contexto geopolítico y social muy diferente, Farrujia se ha centrado en la parte más cruda de las vivencias de nuestros antepasados.

En la piel de una niña esclava

«Contamos la historia de una niña de siete años a la que vendieron y esclavizaron en la Península, alejándola de todo lo que conocía», explica Farrujia, que resalta lo «duro» que ha sido para él ponerse en la piel de esta niña tan pequeña. «Pensar lo que implica sacarte de tu núcleo familiar, meterte en un barco, llevarte a un sitio en el que eres vendido como ganado para formar parte de otra cultura que no entiendes, que no hablas el idioma, me cuesta ponerme en situación y me imagino lo que puede sufrir una persona de esa edad en esa circunstancia», relata.

Otra de las piezas centrales de su obra es la de Guanegua, una anciana que lleva toda su vida preparando a los cadáveres para el tránsito al más allá y, aunque acompaña a todo su poblado al fin de la vida, ella acaba haciéndolo sola. «Ella decide autoenterrarse y acudir a una cueva, siguiendo todo el rito ancestral», revela Farrujia, que insiste en que ese relato conecta con el presente.

«Esa cueva, pasada varias centurias, es expoliada y digamos redescubierta por unos extranjeros que viajan a Canarias». Con este vínculo a través del tiempo, Farrujia también ha querido poner el acento en que existe una «violencia que se sigue ejerciendo contra el mundo indígena, que es la profanación de los espacios sagrados o de los lugares que ellos eligieron para descansar».

Además de protagonistas reales, Farrujia también ha creado historias relacionadas con otros roles sociales importantes para la cultura canaria aborigen. «Quería dar importancia a algunas figuras destacables en estas sociedades de los que no tenemos nombres concretos pero sí mucha información sobre lo que hacían”, revela Farrujia.

Ejemplo de ello son los iboibos, que se dedicaban a embalsamar el cadáver de quienes morían para llevarlos hacia el otro lado», destaca Farrujia. En esta lista también entran los guañameñes, los «líderes espirituales guanches» que, como describe Farrujia, ajercían el rol «agoreros». «No tenemos información de personas concretas, pero sabemos que existían esos roles, y creí necesario imaginar cómo hubiera sido ejercerlo», insiste.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents