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Josu de Miguel Bárcenas, profesor de Derecho Constitucional: "Es el momento de delimitar mejor las competencias entre Estado y autonomías"

El experto participó en el ciclo de conferencias ‘España: democracia demediada’, organizado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, donde impartió la ponencia titulada ‘La Constitución’

Josu de Miguel Bárcenas.

Josu de Miguel Bárcenas. / Alejandro Quevedo

Alexandra Socorro

Alexandra Socorro

Las Palmas de Gran Canaria

¿La Constitución de 1978 responde a la realidad de la política actual?

Hay un cierto consenso en la idea de que existe una erosión democrática. ¿La Constitución es la culpable de esa erosión o es la víctima? A mí me parece que el diseño constitucional del 78, enfocado a la democracia, al Estado Social y al Estado de Derecho, es muy correcto y brillante en algunos casos. El problema fundamental está en los actores políticos e institucionales, puesto que no cumplen la Constitución o se alejan de su espíritu. La Constitución es para el siglo XXI, no para el XX.

¿Podemos decir, entonces, que la Constitución es más víctima que responsable de esa erosión?

Sí, en gran medida, sí. El problema es que se ha ido produciendo, sobre todo en los actores políticos, un cierto deslizamiento y una cierta deslealtad constitucional. Y las constituciones solo sobreviven si, en la conciencia social y política tanto de los ciudadanos como de la clase política, se entiende que son necesarias para sostener una democracia y un Estado de derecho.

¿En qué ámbitos se manifiesta esa deslealtad constitucional?

La Constitución siempre tiene dos partes: una parte dogmática, centrada en los derechos, donde manifiesta su compromiso con la libertad y la igualdad; y una parte orgánica, en la que se recogen los órganos constitucionales, que son fundamentales porque permiten la autodeterminación democrática de la ciudadanía a través de los partidos, las asociaciones o la sociedad civil. El principal problema está en una cierta ruptura del equilibrio institucional, por ejemplo, en la relación entre el Gobierno y el Parlamento. Esto se debe, en gran medida, a que los partidos no tienen del todo claro su papel en la democracia, que es clave.

"Hay que mejorar el sistema de financiación autonómico"

¿Cuáles son los aspectos de la Constitución que han quedado más desfasados?

Todas las constituciones tienen aspectos que, al ser fruto de la historia, pueden considerarse desfasados. Pero, como decía antes, la Constitución española es una Constitución del siglo XXI. Contiene artículos muy concretos que pueden parecer absurdos—por ejemplo, cuando menciona la economía de montaña— dentro de sus 169 artículos, además de las disposiciones adicionales y transitorias. Pensábamos que no íbamos a aplicar el estado de alarma, y finalmente se ha aplicado, al igual que situaciones de confinamiento. Ha demostrado una enorme capacidad de adaptación a la realidad. Por eso, diría que hay aspectos que se pueden reformar, pero no que la Constitución haya quedado desfasada.

Pero entonces sí hay aspectos que reformar...

Por ejemplo, hoy ya contamos con una planta autonómica, con estatutos desarrollados y reformados. Es el momento de que el poder de reforma constitucional delimite con mayor claridad las competencias de cada ente—el Estado y las comunidades autónomas—, mejore el sistema de financiación o los mecanismos de cooperación tanto entre el Estado y las comunidades como entre las propias comunidades. Ese es, sin duda, un ámbito mejorable y que hay que abordar.

"Se percibe un cierto efecto de control del Gobierno sobre el Parlamento"

¿Cómo valora el equilibrio actual entre poderes en España?

Me preocupa porque tenemos un Gobierno —y esto es inédito y no es culpa de la Constitución— que no ha podido aprobar los presupuestos en tres años. Es una situación inédita. En otros sistemas, como en Estados Unidos, la administración cae si no hay presupuesto. Pensábamos que existía una regla política de fondo según la cual quien no es capaz de aprobarlos debía presentar su dimisión y convocar elecciones, pero eso tampoco se está aplicando. Se percibe un cierto efecto de control del Gobierno sobre el Parlamento, a través, por ejemplo, del uso del decreto-ley y, más recientemente, de normas reglamentarias que parecen haber sustituido la potestad normativa del propio Parlamento.

¿Qué papel juega el Tribunal Constitucional en el sistema político?

Es la institución más importante que diseña la Constitución. Tienen la función de proteger la democracia. A partir del Estatuto de Cataluña, pues ha ido perdiendo capacidad de tener legitimidad para resolver asuntos. Y eso me preocupa bastante.

Ahora parece primar la crispación sobre el consenso...

La Constitución del 78 construyó una democracia de consenso. Esa ha sido una de las mayores pérdidas que ha experimentado nuestro sistema constitucional. La idea de que la democracia española era, precisamente, una democracia de consenso y no tanto de conflicto.

¿Qué retos afronta hoy el constitucionalismo?

El reto más importante es cumplir la Constitución. Es así de sencillo. Como dice el profesor Manuel Aragón, que fue magistrado del Tribunal Constitucional, "cuando no se cumple la Constitución no vienen más que males". No estoy pensando en reformarla. Si se cumple estrictamente, todo va a ir bien, estoy seguro

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