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Opinión

Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

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Negar el éxito de Quevedo es vivir de espaldas a la realidad

Puede no gustarte Quevedo, pero negar lo que representa para una generación y para Canarias es vivir de espaldas a la realidad.

Martina Andrés y Adolfo Rodríguez, periodistas de La Provincia, junto al cantante canario Quevedo

Martina Andrés y Adolfo Rodríguez, periodistas de La Provincia, junto al cantante canario Quevedo / La Provincia

No me sorprendo fácilmente. De hecho, ya pocas cosas en el sector consiguen dar con mi tecla. En casi dos décadas dedicado a la profesión, he vivido desde dentro cómo se producen programas de televisión muy mediáticos y cómo se emiten finalmente en las casas. También he sido partícipe de cómo se preparan grandes festivales internacionales de música, como Eurovisión. He gestionado algunas de las crisis más sonadas en redes sociales y he estado durante horas con artistas internacionales. De tú a tú, conociéndolos de verdad: a la persona, no al personaje. Nada de lo que digan, hagan o produzcan me deja sin palabras porque soy perfectamente consciente de cómo funciona la maquinaria y del minucioso trabajo en equipo que hay detrás. También de las intenciones, ojo. No es lo mismo que Adele se retire de la música durante cinco años para componer a que lo anuncie Omar Montes en ‘El Hormiguero’ (spoiler: este último volverá en cuanto se acaben las vacaciones y disminuya la cuenta corriente, es decir, en menos de dos años).

Sin embargo, a veces las fuerzas del destino confabulan entre sí y ponen en mi camino experiencias que me dejan reflexionando durante días. Como esta de la que voy a hablar a continuación.

Entre borrasca y borrasca, luce un sol de justicia y la Plaza de Santa Ana está a rebosar de turistas. Quedo con mi compañera Martina, de LA PROVINCIA, para terminar un encargo en el que lleva días trabajando. El equipo de una estrella internacional de Canarias la ha citado en un famoso hotel del centro de Las Palmas de Gran Canaria para rematar una entrevista. Cierra así un ejercicio de promoción de un álbum que dará mucho de qué hablar. ¿El cantante en cuestión? Pedro Luis Domínguez Quevedo. De la capital isleña, aunque en Wikipedia ponga Madrid. Quedar con un artista con el que ansían estar todos los compañeros de los medios de comunicación y sus fieles seguidores impone. Impone mucho. Casi hasta aterra al principio. Pero la experiencia, que es un grado, lleva a percibir cómo sucederá el encuentro con el simple tono de la primera palabra. Eso es realmente lo que marca la conexión de un reportaje; el resto es imprevisible. Así como Camilo Sesto o Malú me echaron a gritos del camerino en su día, tantos otros personajes me siguen abrazando cuando nos reencontramos en un photocall. Así como la última llamada que recibí de un representante fue para decirme que era “un mierda” por hablar sobre un dato público, otros me llaman constantemente para que hable de sus representados y, en común unión, hagamos por dar visibilidad a ese negocio que supone la carrera de cualquier artista. Ser periodista incomoda a veces, pero también es una llave que abre puertas.

El éxito de Quevedo no se discute: lo ficticio es seguir negándolo

Mientras Pérez Curbelo hace fotos para la versión impresa y digital del periódico, percibo un ambiente en el que se respira confianza y admiración. Sin duda, la clave para pasar tantas horas en el trabajo. Ni gritos, ni resoplidos, ni desmentidos, sino un control total y absoluto de la situación que nace de la profesionalidad y del respeto. En la estrategia de promoción de los cantantes, la prensa local casi siempre queda fuera. Rosalía nunca dará una entrevista a Teldeactualidad, por ejemplo. Mal, pues creer que todo el mundo lee El País es una utopía. Quevedo atiende a gran parte de los medios en Canarias y eso dice mucho y bonito de él. También de quienes le rodean. La entrevista fluye, los titulares salen solos y, a medida que atiendo al logro de mi compañera, llego a varias conclusiones.

Puede no gustar la música que firma Quevedo, pero no atender a lo que escuchan las nuevas generaciones es dar la espalda a una deconstrucción musical que impide vivir en la actualidad; sí, en cambio, en un mundo paralelo que no es real.

En un presente en el que la queja continua de los artistas canarios es que no se les da voz, la máxima representación actual del género urbano y de las islas eleva a lo más alto la canariedad. Una representación artística que refleja la sociedad isleña y su diversidad musical, otorgando importancia a sus costumbres y a los grandes nombres que lo consiguieron antes.

Criticar a Pedro por su dicción o tonalidad es tan solo poner en la diana fácil a quien se atraganta con el éxito ajeno. Se le hace bola. Lo envidian. Unos pierden el tiempo criticando en comentarios de las distintas redes sociales; el otro trabaja para sacar adelante su mejor disco y poner a las Islas Canarias en el foco de la industria musical. Traspasando fronteras.

Encuentro en Pedro Luis Domínguez Quevedo a una persona no consumida por el foco, pero que sí vivió el ansia de hacer cosas para la posteridad. Un ansia que llegó a llevarle por otros caminos y de los que obtuvo mucho aprendizaje, pero su espacio seguro está en casa. Inhalando el aire de Las Coloradas, recorriendo en coche las estrechas carreteras hasta la Cruz de Tejeda o refrescando las emociones en Salinetas. El baifo es, sin duda, su mejor disco hasta la fecha, pero este artículo de opinión nace de la necesidad de contar al mundo que Quevedo se muestra tan humano como artista. Por eso, le aplaudo.

Nos vemos en las calles.

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