SALUD MENTAL
Quevedo rompe el silencio sobre su cambio físico y la salud mental: “No estaba del todo bien, me molestó mucho”
El artista canario reflexiona en exclusiva sobre la presión en redes tras hacerse viral su cambio físico y defiende la necesidad de parar, cuidarse y priorizar la salud mental.
El cantante canario Quevedo ha reflexionado con seriedad sobre uno de los episodios más comentados de su trayectoria reciente: la viralización de su cambio físico tras un periodo de parón. Lo ha hecho desde un lugar poco habitual en tiempos de titulares rápidos y comentarios impulsivos: el de la honestidad, el cuidado personal y la necesidad de poner la salud mental por delante del ruido externo.
En un fragmento exclusivo de su entrevista con La Provincia, el artista recuerda cómo, tras meses alejado del foco, el debate público se centró en su apariencia. Para él, sin embargo, el verdadero origen de ese proceso no estaba en la estética, sino en la necesidad de recuperar una rutina más sana en un momento vital complejo. Su testimonio abre una conversación relevante, especialmente entre las nuevas generaciones, sobre la relación con el cuerpo, la comida, la mente y la presión constante de las redes sociales.
Un cambio que nació de la necesidad de estar mejor
Quevedo explica que cuando empezó a entrenar no lo hizo pensando en responder a expectativas externas ni en construir una imagen concreta. Su impulso fue otro: sentirse mejor. “Yo cuando empecé a entrenar, realmente lo único que pretendía era empezar a tener una rutina más favorable para mí”, señala.
El artista describe una etapa marcada por el cansancio, el desorden y la falta de energía. “Venía de una época en la que dormía muy poco, me despertaba muy tarde, tenía muy poca energía”, afirma. Es decir, el cambio no nació de una obsesión con el físico, sino de una búsqueda de equilibrio y bienestar.
Esa diferencia es fundamental. En un contexto en el que muchas conversaciones públicas reducen el cuidado personal a una cuestión de imagen, el mensaje de Quevedo devuelve el foco a lo importante: la salud no siempre se ve a simple vista, y muchas veces los cambios externos responden a procesos internos mucho más profundos.
Cuando la imagen eclipsa lo importante
El cantante reconoce que le dolió la forma en que se abordó públicamente ese momento. Tras un tiempo parado, y siendo conocido que necesitaba bajar el ritmo, la conversación masiva se desvió hacia su cuerpo. “Me molestó mucho cuando la gente… la primera noticia que salió fue esa”, lamenta.
Su malestar no tiene que ver con una susceptibilidad puntual, sino con una cuestión de fondo: mientras él atravesaba una etapa en la que necesitaba parar porque no estaba del todo bien, una parte de la atención pública prefirió mirar su aspecto antes que su bienestar. “Yo había parado porque realmente necesitaba parar, porque realmente no estaba del todo bien, no estaba del todo cómodo con cómo estaba pasando todo en mi vida”, explica.
Lo que plantea Quevedo conecta con un problema cada vez más visible en el ecosistema digital: la facilidad con la que se opina sobre el cuerpo ajeno sin pensar en el contexto, en la persona o en las consecuencias. Convertir un cambio físico en espectáculo puede parecer banal, pero no lo es. Detrás de cada imagen hay una realidad que no siempre se conoce y que merece respeto.
Salud mental, presión social y nuevas generaciones
La reflexión del artista adquiere todavía más relevancia por el momento en que llega. La conversación sobre salud mental ocupa cada vez más espacio en la agenda pública, pero sigue conviviendo con dinámicas muy agresivas en redes sociales, donde el cuerpo continúa siendo objeto de escrutinio, comparación y juicio constante.
En ese sentido, el testimonio de Quevedo lanza un mensaje especialmente valioso para adolescentes y jóvenes adultos, expuestos a una presión estética permanente y a discursos que muchas veces disfrazan de autocuidado lo que en realidad es ansiedad, control o insatisfacción. Hablar de ejercicio, de descanso, de comida o de imagen exige responsabilidad, precisamente porque hay miles de personas construyendo su autoestima en medio de ese ruido.
Quevedo no idealiza su proceso ni lo convierte en ejemplo cerrado. Lo que hace es algo más útil: recordar que priorizarse no es egoísmo, sino una decisión necesaria cuando las cosas no van bien. Y esa idea, expresada con naturalidad, puede tener un impacto mucho más sano que cualquier mensaje aspiracional sobre cambios físicos.
La relación con la comida, el cuerpo y la mente
El fondo del debate no está solo en el cuerpo, sino en la relación que muchas personas mantienen con él. También con la comida y con su propia mente. Cuando esas tres dimensiones se contaminan por la presión externa, el autocuidado corre el riesgo de convertirse en castigo o exigencia.
Por eso resulta importante que figuras públicas como Quevedo contribuyan a matizar el discurso. No se trata de glorificar transformaciones ni de convertir el bienestar en una meta visual. Se trata de entender que dormir mejor, tener más energía o recuperar una rutina pueden ser avances importantes aunque no estén pensados para agradar a nadie.

La Provincia
Su experiencia invita, además, a revisar el modo en que se habla de los cuerpos en internet. No todo cambio debe comentarse. No toda imagen exige una interpretación. Y no toda conversación pública es inocente. A veces, detrás de un elogio o de una sorpresa aparentemente positiva, también hay una forma de presión.
“Que se prioricen”: un mensaje con valor social
La parte más contundente de su reflexión llega cuando traslada una recomendación directa a quienes puedan estar pasando por algo parecido. “Cuando necesiten un tiempo, parar, que se prioricen, prioricen su mente, prioricen estar bien”, afirma. También pide decidir por uno mismo y no en función de lo que se comente en redes o de lo que diga “el de turno”.
Es un mensaje simple, pero poderoso. Frente a una cultura que premia la hiperexposición, la productividad constante y la validación externa, Quevedo reivindica el derecho a parar, a escucharse y a protegerse. Y lo hace sin grandilocuencia, desde una experiencia personal que conecta con un malestar generacional muy reconocible.
Más allá de lo viral que fuese su cambio físico, lo verdaderamente importante de sus palabras está en otro lugar: en recordar que ningún titular sobre un cuerpo debería pesar más que el estado emocional de una persona. Y que, para una generación que crece bajo el juicio permanente de las pantallas, aprender a priorizar la salud mental puede ser uno de los gestos más valientes y más necesarios.
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