Crónica parlamentaria
Unas horas en la peluquería
Si Cicerón visitara el Parlamento de Canarias saldría a los diez minutos para emborracharse en el bar más cercano

La diputada socialista Nira Fierro, ayer en una de sus intervenciones desde el escaño. / Miguel Barreto / Efe
Cada vez más a menudo, los diputados asisten a los plenos como quien va a una peluquería: porque habían reservado la hora. Y eso deviene particularmente visible y grave en el caso de la oposición. Como la oposición no encuentra manera de hincarle el diente al Gobierno (lo que no significa que no logre ocasionalmente causarle un hematoma o varios arañazos) ha terminado resignándose de repetir una y otra vez los mismos ritos derogatorios, las mismas (malas) costumbres retóricas. Como sabía cualquier estudiante hace un siglo, Cicerón, que si visitara el Parlamento de Canarias saldría a los diez minutos para emborracharse en el bar más cercano, sostenía que la retórica se basaba en tres puntos: el ethos, el pathos y el logo. Los diputados y diputadas isleños ignoran el ethos y el logo, y en sus mejores momentos hacen el pathos, es decir, intentan conmover emocionalmente a la audiencia. Que la única audiencia que tienen sean ellos mismos no mejora precisamente la cosa. El Parlamento es un animal institucional básicamente onanista y solo se excita consigo mismo.
Es curioso porque la mayoría parlamentaria no suele descalificar a la minoría, con la salvedad ocasional del PP, que cada vez que puede convoca al demonio, es decir, a Pedro Sánchez, para mostrar a todo el mundo su maldad intrínseca y sus perversas intenciones sobre Canarias y el resto del planeta. Es indiferente de lo que se esté hablando: Sánchez tiene ya no la responsabilidad, sino la culpa. Esta política trasformada en teología no ha contaminado, sin embargo, a Coalición Canaria, y en buena parte se debe a José Miguel Barragán. Porque es David Toledo Niz el presidente del grupo -y como tal se encarga de las mil enervantes minucias de un grupo parlamentario, incluso tan bien avenido como el de CC- pero el verdadero estratega se llama José Miguel Barragán, el más veterano de los diputados de la Cámara y una pieza fundamental e intercambiable en el desarrollo del partido durante casi treinta años: portavoz, secretario de Organización, secretario general en CC, viceconsejero de la Presidencia y consejero de Presidencia y Justicia en el primer gobierno de Clavijo, Barragán carga con la desgracia de ser considerado como insustituible. Dispone de la suficiente auctoritas para imponer en la legislatura pasada una actitud moderada, constructiva y desinfectada de cualquier resentimiento; y para evitar en la actual cualquier ensoberbecimiento y displicencia. Es como un galápago apacible que se las sabe todas y no deja escapar ninguna. Todas estas cosas debiera calibrarlas el PSOE para diseñar su oposición, pero extrañamente no lo hace. Por eso se producen en el Parlamento choques raros entre un grupo parlamentario generalmente tranquilo y dialogante como CC y un grupo sobreactuado y recalcitrante como el PSOE, quien, por supuesto, es acompañado casi siempre por Nueva Canarias como los coros y danzas de una indignación impostada.
A propósito de Nueva Canarias, ayer circulaba por los pasillos -por así decirlo- un chisme estremecedor, según el cual Román Rodríguez -de profesión su Tik Tok- encabezaría la lista electoral por la circunscripción de Gran Canaria. Si existe acuerdo con Podemos, Noemí Santana sería la número dos y Luis Campos, el tres. Se argumentaría como pretexto que solo Rodríguez podría garantizar el apoyo suficiente como para tirar de la candidatura y convertirla en viable. Según los troleros, hasta Ángel Víctor Torres habría hablado con su antiguo vicepresidente encantado con la idea. El objetivo es sumar 28 diputados -no lo tienen nada fácil- y después -que Dios misericordioso los ampare- convencer a Casimiro Curbelo. A buen seguro se hablará de cosas todavía más chiripitifláuticas durante los próximos meses.
Por el momento nada parece presagiar semejante catástrofe. La presidenta del Parlamento, Astrid Pérez, abrió la sesión plenaria como de costumbre, es decir, sin pedir a sus señorías, engolfados en sus chillonas conversaciones, que se callaran. Lo que consigue así la señora Pérez es que durante medio minuto, hasta que cuaja un silencio aceptable en el salón de plenos, no se le entienda absolutamente nada, lo que tiene su encanto, pero no parece lo más serio. Se supone que recordó a unas víctimas, o tal vez homenajeó a alguien, o algo por el estilo. Enseguida comenzaron las preguntas al presidente, vicepresidente y consejeros, un trámite largo como una anaconda viscosa. Luz Reverón preguntando por la Conferencia de Presidentes (el olor a azufre se extendió por toda la Cámara). Raúl Acosta preguntando por la inminente entrada en vigor del Pacto sobre Migración y Asilo de la Unión Europea y la explosiva situación política y social en Angola y Mali. Clavijo expresó sus diferencias con la entrante normativa de la UE («no compartimos los centros de acogida en las fronteras de la Unión», «rechazamos que se regularice el pago de los gobiernos para que los migrantes sean trasladados a otros países», «nos preocupa que no se diferencie entre menores y mayores de edad») e hizo votos para que exista sobre el desarrollo del pacto en Canarias una postura unánime en el Parlamento. Luis Campos pidió más medidas para paliar la crisis económico-energética y bromeó de nuevo con la rebaja del IGIC en el café descafeinado, una ocurrencia bobalicona que perseguirá al vicepresidente Manuel Domínguez durante el resto de legislatura.
Sebastián Franquis le preguntó al jefe del Gobierno si considera «positiva» la regularización administrativa extraordinaria de «personas migrantes que ya residen en nuestro país». Franquis se lo preguntó a Clavijo como sospechando que no. Al presidente le parecía muy bien, siempre que se hiciera correctamente, es decir, con medios técnicos, previsión y colaboración activa con otras administraciones, exactamente lo que no ha ocurrido. Después llegaron las preguntas al vicepresidente Domínguez. Por supuesto, Nira Fierro le preguntó por las familias canarias que no llegan a fin de mes bajo este Gobierno. Ya se sabe que cuando gobernaba Ángel Víctor Torres las familias isleñas aprovechaban el fin de mes para irse unos días a República Dominicana. Lo que encantó al cronista es la expresión introducida por la señora Fierro: «Que las familias lleguen con dignidad a fin de mes». Me recordó esa escena de la película argentina Esperando la carroza, en la que el actor Luis Brandoni -se nos murió el otro día- admitía que varios de sus hermanos vivían en la miseria, «pero en una miseria digna». Los pobres, con Ángel Víctor Torres, eran tantos como ahora, muy posiblemente más, pero la suya era una pobreza digna, con esa dignidad que presta estar gobernados por una autoridad compasiva, solidaria y socialdemócrata.
El voxista Javier Nieto, pálido como salido de un sarcófago transilvano, le preguntó a la consejera de Hacienda si no era la hora de bajar de una vez los impuestos. Nieto hasta citó la curva de Laffer, porque Wikipedia es el diablo. Matilde Asián le contestó gentilmente. Era la única diputada que, en efecto, parecía que había pasado por la peluquería.
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