El escocés que llegó a Gran Canaria con un plan que preocupó a España y acabó preso en un castillo
George Glas proyectó un puerto comercial en la costa africana que los españoles vieron como una amenaza para la pesca y la seguridad de Canarias

Detalle de la carta de Jacques-Nicolas Bellin de 1753, con el foco en Canarias y la costa africana. / LP/DLP

A George Glas lo detuvieron en 1764 con los cargos que tenían más a mano. El contrabando no era poca cosa, aunque Canarias convivía con él desde hacía tiempo. Tampoco podía tomarse a la ligera lo sanitario, en tiempos de epidemias y en unas islas tan dependientes de sus puertos. Pero al Gobierno español no le quitaba demasiado el sueño lo que el escocés llevaba en la bodega de su barco, sino lo que traía en la cabeza: el plan de un puerto británico frente a Canarias.
Glas llevaba años rondando Canarias. Desde la década de 1750 era un habitual de esas aguas, un comerciante que conocía la costa de Berbería, hablaba árabe y recalaba a menudo en las islas. Llegó incluso a subir al Teide y más tarde dejó por escrito parte de sus experiencias en el archipiélago. Años antes de aquel arresto, ya había tenido problemas en Tenerife.
En 1759 llegó a Puerto de la Cruz con el Depsy, después de perder a más de una docena de tripulantes por enfermedad en aguas africanas. Él mismo desembarcó con aspecto enfermizo, entonces algo a tener muy en cuenta. Quedó en cuarentena mientras se investigaba la carga; hasta arrestaron al alcalde pedáneo de Puerto de la Cruz por negligencia. Pero Glas salió de aquella y siguió a lo suyo.
Cinco años después empezó el lío de verdad. El escocés se había embarcado en un proyecto mucho más ambicioso: un puerto comercial en la costa atlántica africana, al sur del actual Marruecos. Quería sacarlo adelante con respaldo británico y lo presentaba como pactado con los habitantes de la zona, explica el historiador José Miguel Rodríguez Yanes. Lo llamó Port Hillsborough, en honor al ministro británico de Comercio y Colonias, cuyo favor necesitaba para pasar a la práctica.

Imagen histórica del puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde George Glas fue arrestado en 1764. / LP/DLP
En Londres, Glas se movió para buscar apoyos que convirtieran aquella empresa particular en un asunto nacional. Presentó los papeles necesarios y esperó por los resultados. Los españoles se enteraron, y el embajador español en Londres, el príncipe de Masserano, avisó a Madrid de lo que pretendía el escocés. La noticia llegó también al comandante general de Canarias.
El proyecto de Port Hillsborough
La preocupación tenía base. Un puerto británico en aquella costa podía arrebatar a los isleños parte de la pesca africana de la que dependían y, sobre todo, reforzar la presencia inglesa en la zona en un momento de notable tensión entre ambos países. España acababa de salir de la Guerra de los Siete Años y se había acercado a Francia para contener la expansión británica.
El comandante general no esperó a que el proyecto tomara forma: el 3 de noviembre de 1764 prohibió a los marineros canarios servir en barcos ingleses. Así dificultaba a los británicos el acceso a algunos de los hombres que mejor conocían aquellas aguas.
Glas seguía en la costa africana, pero necesitaba abastecerse. Por eso se acercó primero a Lanzarote, con intención de pasar luego a Tenerife. Dejó su barco principal en África, con su familia, un criado y varios tripulantes, y llegó a Arrecife en una chalupa con mercancías valoradas en 250 libras esterlinas.
En Lanzarote le permitieron desembarcar y dejar la carga en la aduana, una permisividad que acabaría saliéndole cara al gobernador de la isla. Otra autoridad local arrastrada por el paso de Glas por Canarias.
Su plan era seguir hacia Tenerife, pero un problema en su barco lo obligó a recalar en Gran Canaria, donde el ambiente ya era menos amable. En cuanto se supo que Glas estaba a bordo, se cerraron los puertos y se prohibió la salida de cualquier embarcación hasta consultar con el comandante general en Tenerife. Durante diez días, el escocés quedó retenido a la espera de una respuesta.
La llegada a Tenerife
Lo dejaron continuar hacia Tenerife, pero solo para detenerlo nada más llegar. El 29 de noviembre de 1764, apenas puso un pie en Santa Cruz, fue arrestado por orden del comandante general Domingo Bernardi. La causa alegada entonces fue el comercio ilícito desde la costa africana, pero el objetivo real era frenar el proyecto del puerto británico que ya se movía en Londres.
Lo encerraron en el castillo de San Cristóbal, la principal fortaleza de Santa Cruz. Bernardi fue a verlo apenas dos horas después de la detención y la fanfarronería del escocés acabó perjudicándole. En lugar de quitarle hierro al asunto, lo agrandó. Presentó su proyecto como un puerto seguro, pactado y con licencia británica; casi lo dio por hecho. Glas era ambicioso y hábil, pero también imprudente. Lo bastante como para ponerse a presumir de su plan mientras estaba detenido en un país extranjero.
Lo que no sabía era que su proyecto empezaba ya a deshacerse en la costa africana. Su ausencia despertó recelos, el barco acabó perdiéndose y su familia tuvo que huir en chalupas hasta Gran Canaria.
En diciembre intentó escaparse. Rompió parte del cuarto donde estaba preso y el Cabildo, propietario del castillo, tuvo que intervenir. Se pusieron rejas, se reforzaron paredes y se cerraron los huecos de luz. Aun así seguiría dando problemas. También se le había negado papel y tinta, pero logró contactar con los suyos. Su caso empezó a circular fuera de Tenerife.
El caso llega a Londres
Desde Gran Bretaña empezaron las presiones. Glas no era solo un compatriota detenido en suelo español en un momento delicado entre ambos países, sino un hombre que había llevado a las autoridades británicas un proyecto con valor estratégico. Lord Rochefort, embajador en Madrid, pidió explicaciones y reclamó su libertad. Frente a él estaba Grimaldi, secretario de Estado de Carlos III, que tenía que defender la actuación española sin convertir aquel arresto en otro conflicto con Inglaterra.
En febrero de 1765, un navío de guerra y dos fragatas inglesas aparecieron en Santa Cruz para interesarse por Glas y pedir información sobre su encierro. No pasó de ahí, pero bastó para confirmar que el asunto ya había dejado de ser local.
Las autoridades españolas resistieron todavía unos meses, aferradas a los cargos de sanidad, aduanas y comercio ilícito. Pero la presión británica fue creciendo hasta que el Gobierno español entendió que aquel preso no valía una nueva crisis con Londres. En septiembre llegó la orden de liberarlo; en octubre, Glas salió por fin del castillo.
Los británicos pidieron una compensación económica por las pérdidas del barco, la carga y el tiempo perdido, y hasta reclamaron un castigo para el comandante general de Canarias. No consiguieron ni una cosa ni la otra. Poco después de recuperar la libertad, Glas embarcó en el Earl of Sandwich rumbo a Inglaterra, donde cuatro marineros se amotinaron y lo asesinaron junto a su familia y otros pasajeros.
Port Hillsborough, el proyecto que había provocado aquel pulso diplomático, nunca se llevó a la práctica. Murió con Glas, aunque antes ya había quedado tocado por la oposición de algunos comerciantes de su propio país.
- Canarias se prepara para la llegada de lluvias y un descenso de temperaturas este viernes
- El 'crucero del hantavirus' fondeará en la costa de Tenerife, evacuará en lancha y Canarias activa el protocolo ante enfermedades infecciosas: 'No estamos conformes, pero es competencia del Gobierno central y no podemos hacer nada
- El Gobierno de España evita trasladar el avión de Gran Canaria a Málaga con el paciente con hantavirus para ahorrarse un conflicto institucional y electoral en Andalucía
- Un avión que trasladaba a dos infectados por hantavirus aterriza en Gran Canaria tras denegarle Marruecos la escala prevista en Marrakech
- Hantavirus en el crucero MV Hondius, en directo: los pasajeros españoles ya están en Madrid
- Quevedo tiene millones de euros en el banco, pero no una casa en propiedad en Canarias: el motivo
- Poli Suárez evita cerrar todos los colegios por la visita del papa y apunta a suspensiones por zonas: 'Lo fácil es suspender las clases
- Canarias prohíbe el fondeo del MV Hondius y el Estado lo impone