El impacto de un avión, 122 'heridos' y más de 400 efectivos: Tenerife ensaya una emergencia para evitar la catástrofe
El Colegio de Enfermería de Santa Cruz de Tenerife organiza el simulacro de un accidente multitudinario en el que han participado más de 400 personas, incluidos distintos cuerpos de seguridad y sanitarios y, por primera vez, médicos forenses y psicólogos

Andrés Gutiérrez

Son las nueve menos cuarto de una mañana. Lo último que se pudo escuchar fue el grito ahogado de las turbinas de un avión atravesando el suelo. Minutos después, los gritos ensordecedores de socorro rebotan sobre las montañas de La Esperanza, en La Laguna. Cientos de personas yacen malheridas sobre la hierba. Los que han tenido menos suerte, intentan sobrevivir atrapados en el coche; otros piden auxilio en medio de la confusión. El fuego se empieza a propagar ante la desesperación de quienes no pueden moverse, cuando empiezan a llegar, no sin cierto desconcierto, sus rescatadores. Podría ser el comienzo de una serie de ciencia ficción o el recuerdo de un trágico accidente como el que ocurrió el 27 de marzo de 1977 en el aeropuerto de Los Rodeos, pero la realidad es que es el escenario de un multitudinario simulacro en el que hoy están participando más de 400 personas.
"El objetivo de este simulacro es conseguir una mejor coordinación entre los profesionales que participan en las emergencias". Quien lo resume la presidenta del Colegio de Enfermería de Santa Cruz de Tenerife, Natalia Rodríguez, que hoy es encargada de analizar desde el exterior los movimientos de todos los efectivos que han sido desplegados para atender a esta aparatosa emergencia simulada para evitar, en un futuro, una catástrofe descomunal.

Algunas víctimas ficticias durante el simulacro de emergencias. / Andrés Gutiérrez
El Colegio de Enfermería ha sido el principal organizador de esta práctica, llevada a cabo en las instalaciones de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en la trasera del Aeropuerto de Tenerife Norte. La participación demuestra que ha tenido una muy buena acogida. "Se hacía necesario organizar algo como esto", asegura la presidenta. El simulacro se ha llevado a cabo en el contexto de las II Jornadas Interinsulares de Coordinación y Gestión Integral de Accidentes de Múltiples Víctimas que, además de esta jornada, ha contado con dos sesiones teóricas en los que los ponentes han participado de manera altruista.
Para los 400 efectivos que se han movilizado esta mañana el día comenzó mucho antes de que saliera el sol. "A las 5:00 de la mañana ya estábamos aquí maquillando a los que iban a actuar como víctimas", revela Rodríguez. A las 10:00 de la mañana, muchos de ellos siguen tumbados sobre la hierba, emulando traumatismos, luxaciones, contusiones y heridas de diversa gravedad.
Una zona caliente donde aprender a gestionar
El simulacro se ha dividido en cuatro puntos, todos ellos necesarios para practicar intervenciones de distinta índole. El primero es el punto caliente, "el lugar en el que ha ocurrido el accidente", relata Rodríguez.
Además del humo, las víctimas y el atrezzo digno de una película apocalíptica, se puede identificar esta fácilmente porque es una de las pocas que permanece perimetrada con una cinta policial amarilla. En los extremos, además, se encuentran efectivos de la Policía Nacional que tratan de evitar que personas del exterior entorpezcan la labor de rescatadores, bomberos, ejército, técnicos de emergencias, enfermeros y Cruz Roja.
En el interior de la zona catastrófica, las sanitarias y los rescatadores de la AEA se mueven de un lado a otro sin parar, preguntando a las víctimas por sus síntomas para realizar un triaje inicial. "Los que pueden caminar adquieren el color verde en el triaje y son los primeros que se evacúan", explica Rodríguez, que señala un espacio alejado del "punto caliente" del accidente, donde las víctimas más leves ya se encuentran a salvo. Posteriormente, y ya junto a los bomberos, la UME, los médicos y los rescatadores, comienzan las evacuaciones, aunque para ello necesitan que se finalice la instalación de otro de los puntos: el puesto sanitario.
Mientras trabajan, algunas personas vestidas completamente de negro, fácilmente identificables por la banda roja de su brazo, trabajan a la contra. "Son los chicos malos, un perfil que hemos utilizado para que intente desbaratar el dispositivo", explica Rodríguez. Por ejemplo, durante el rescate, una mujer se dedica a echar agua desde una manguera de bombero. Y es que es de vital importancia que los efectivos mantengan la calma y sepan gestionar todo tipo de estímulos que se puedan producir durante una emergencia, ya sea agua, los continuos gritos de auxilio, los olores y el cansancio.
Un hospital de campaña fletado en minutos
Aunque el hospital de campaña no se encuentra durante la primera hora de la emergencia, su instalación toma apenas unos minutos. Una carpa blanca se instala en una zona estratégica: lo suficiente cerca del lugar de los hechos para poder trasladar a las víctimas y darles una primera asistencia sanitaria; y lo suficientemente alejadas como para poder disponer de comunicaciones por tierra. "La carpa tiene una distribución básica y, por ello, se divide en tres secciones: filiación, asistencia sanitaria y puesto de carga de ambulancia", revela Rodríguez. Es fundamental que esta última parte se sitúa en lo que el dispositivo de emergencias conoce como "zona limpia".

El hospital de campaña de Cruz Roja / Andrés Gutiérrez
Adscrito a esta carpa se encuentra otra más pequeña. Es el punto neurálgico de la operación, donde un grupo de representantes de cada cuerpo toma nota de las necesidades de sus operarios en campo y trata de organizar el dispositivo. El simulacro también evalúa cómo trabaja el puesto de mando, incluyendo la elección de quién va a coordinar, su capacidad para hacer frente a las necesidades de los efectivos e, incluso, los posibles errores que pueden cometer a nivel de gestión.
Las otras víctimas en el día después
El trabajo en el lugar de los hechos se completa con un escenario que recrea el futuro. En concreto, la misma catástrofe pero después del transcurso de diez horas. Allí se encuentran los médicos forenses, listos para evaluar los "cuerpos, los restos y los efectos". "Esto es muy novedoso, es la primera vez que se contempla la participación de los efectivos de medicina forense", explica la presidenta de los enfermeros, que asegura que los participantes han agradecido la oportunidad.
La última pieza de este puzle se ha recreado en el interior de un edificio de las instalaciones de la UME aunque, en teoría, debería estar a decenas de kilómetros del lugar de los hechos. Se trata de la zona en la que se atiende a los familiares de las víctimas. Allí se encuentran psicólogos, Guardias Civiles y la policía científica para tomar muestras genéticas que ayuden a identificar a las víctimas y a ayudar a estas personas a atravesar el que es uno de los trances más difíciles de su vida.

Puesto de mando en el simulacro. / Andrés Gutiérrez
En una reducida sala, pequeños grupitos de familiares se mantienen a la espera de noticias. Allí se les toma declaración, huellas dactilares y se les ofrece una primera intervención psicológica. Pero la zona tampoco está exenta de conflicto, pues durante las horas que se prolonga el simulacro también hay espacio para las broncas –ficticias– y hasta un parto.
Este tipo de prácticas son fundamentales para los cuerpos de seguridad y emergencias. "Tenemos que estar preparados siempre y queremos intentar poder llevar a cabo algo así cada dos años", revela Rodríguez. A última hora, después de una larga jornada matinal, todos los efectivos se reúnen alrededor de la mesa para comer un plato de garbanzas en una comida de hermanamiento para seguir estrechando lazos y conseguir "hablar el mismo idioma".
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