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El salvavidas 2.0 hecho en Canarias que ya evita muertes en el mundo: "Es un motivo de orgullo"

Saúl de León y Luis Borges son los dos isleños que han creado una versión más moderna, más pequeña y más compacta del tradicional salvavidas. Solo en las Islas ya han evitado que unas 40 personas mueran en el mar, pero su producto también ha traspasado fronteras y ya está en otros países

Rubén Sánchez, export manager de OneUp Saves, en Puerto de la Cruz.

Rubén Sánchez, export manager de OneUp Saves, en Puerto de la Cruz. / Arturo Jiménez

Unos chicos canarios han logrado crear el salvavidas 2.0, es decir, una versión más moderna de este dispositivo de seguridad. El objetivo sigue siendo el mismo: evitar que un ahogamiento termine en fallecimiento. Sin embargo, la apariencia de este producto poco tiene que ver con ese flotador, a menudo naranja y blanco, que cuelga cerca de playas y otras zonas de baño.

Este cambio no responde a una cuestión estética, sino que se trata de una mejora de su eficiencia, pues el modelo nuevo es veinte veces más pequeño y siete veces más ligero. «Con esto conseguimos que todo el mundo pueda lanzarlo a una distancia de hasta 30 metros, incluso 40, si eres deportista», detalla Rubén Sánchez, export manager de OneUp Saves, la empresa isleña detrás de este invento.

Esta herramienta, cuando no está inflada, cabe prácticamente en una lata de refresco. En zonas de baño como el charco La Laja, en San Juan de la Rambla (Tenerife), se puede encontrar en el interior de un tótem, una columna de seguridad de color rojo que guarda estos salvavidas inteligentes.

¿Quién puede utilizarlo?

Cualquier persona puede utilizarlo, solo debe romper el cristal y hacerse con uno de ellos. Es suficiente con lanzarlo hacia la persona en apuros, pues se infla de manera automática cuando entra en contacto con el mar. Otro aspecto importante es que, a diferencia del aro convencional, tiene una apertura para que la persona que precisa la ayuda no tenga que sumergirse para colocarse dentro de él.

Los canarios Saúl de León y Luis Borges se embarcaron en este proyecto en 2017, tras ver un documental sobre rescates de Cruz Roja a migrantes en el Mediterráneo. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que, aunque la mayoría de ahogamientos ocurren cerca de la costa, las grandes empresas de seguridad acuática han enfocado su actividad en quienes viajan a bordo de barcos. «Cuando los socorristas intentaban subirlos a la lancha se producía un instante de mucha tensión porque, al estarse ahogando, les empujaban y les impedían actuar, por lo que muchas veces llegaban solo para verlos morir», argumenta Sánchez.

De esa primera reflexión nació un producto pequeño y compacto que ha salvado ya más de 40 vidas, tres de ellas en las últimas semanas. La mayoría de estos rescates se han producido en Canarias, donde más presencia tienen, pero hay otros que han traspasado fronteras. «La semana pasada estuvimos en un encuentro de Salvamento Marítimo al que acudieron otros países, allí se nos acercó un grupo de Holanda para decirnos que gracias a OneUp habían evitado un fallecimiento en el mar», relata.

Su primera venta, clave en un rescate en Holanda

A Sánchez esta noticia le hizo especialmente feliz, pues por aquel entonces esa había sido su primera venta. «Se lo vendí a un pequeño distribuidor alemán que había equipado a la Policía del Aire de Holanda y ahora me entero de que, gracias a que lo lanzaron desde el helicóptero, consiguieron salvar a una persona», defiende. Para él, ya no es solo el impacto de ir por Las Canteras (Las Palmas de Gran Canaria) y ver el tótem rojo con sus salvavidas dentro, sino que, al mirarlo, también piensa en todos esos bañistas que han sido rescatados.

Así, recuerda la primera vida que salvaron: «Fue precisamente en Las Canteras, en julio y sobre las 15:00 horas, con la playa abarrotada; se dio la casualidad de que la persona se estaba ahogando donde no había socorristas, pero sí uno de nuestros tótems, otros bañistas le tiraron un OneUp con el que consiguieron ponerla a salvo hasta que llegaron los profesionales».

La pandemia jugó a su favor

Lograr ese primer rescate no fue fácil para sus creadores. Pasaron más de un año desarrollando el producto y luego vino la pandemia. Aunque en este caso, trajo consigo algo positivo. «El confinamiento cambió el mundo empresarial y la forma de hacer negocio porque se comenzó a mirar mucho más hacia dentro. Gracias a eso pudimos desarrollar nuestro proyecto, elaborado y patentado en Canarias», confiesa. Así, lo que arrancó gracias a un humilde crowdfunding –individuos aportan pequeñas cantidades para financiar la idea–, ha evolucionado hasta tener varios productos y más de cien tótems, repartidos por el Archipiélago y Portugal.

En este sentido, resalta que han notado un gran nivel de aceptación entre las administraciones públicas. Sin embargo, subraya que todo va muy lento. «Parece que hay voluntad, pero no termina de materializarse», añade. En 2021, el Gobierno regional planteó instalar estos salvavidas en todos los puntos de baño, pero nunca se llevó a cabo el proyecto. «Aunque las competencias de estos espacios las tienen los municipios, el resto de instituciones también puede ayudar», sostiene.

A su juicio, el charco La Laja es un buen ejemplo de lo necesario que es este invento, ya que allí se han realizado unos diez rescates con OneUp. Aun así, Gran Canaria es la isla en la que más presencia tienen por dos cuestiones: la primera, que ahí tienen su sede y, la segunda, que el Cabildo ha pedido que, como mínimo, haya un tótem por municipio costero. Por detrás, se sitúan Fuerteventura, al tener tantos kilómetros de playa, y Tenerife, por sus charcos, que suelen ser bastante peligrosos.

Las desventajas del aro tradicional

Sánchez asegura que, desde que está en la empresa, no se ha enterado de ningún rescate con el aro tradicional. «Son muy difíciles de manejar, no los puedes lanzar; solo he visto que se usa como ayuda cuando la persona se está acercando a costa, pero aun así son bastante peligrosos porque pesan mucho», explica. Lo que sí le gusta de esta herramienta es lo que simbolizan: «Tú ves uno y de inmediato piensas en que es un elemento que aporta seguridad».

Los ahogamientos nunca suelen involucrar a una única persona. «Siempre hay un primer bañista que está en apuros, otro que se lanza a salvarlo y otro que va detrás a intentar tirar de los dos anteriores, por lo que terminan siendo varios», apunta. Para el equipo, poder ayudar a toda esta gente es «una satisfacción y un motivo de orgullo».

Por ello, además de intentar estar presente en toda la costa canaria, el objetivo ahora es buscar una fórmula para ayudar a los migrantes que llegan desde África. «Nosotros siempre estamos dispuestos a colaborar», destaca.

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