ENTREVISTA
Raúl Maro, actor canario: “Nadie me ha regalado nada; todo ha sido prueba tras prueba”
El actor lanzaroteño, actualmente de gira con Tootsie en el Teatro Cuyás, repasa una vida marcada por el baile, el canto, la interpretación, la incertidumbre laboral y el orgullo de ser canario: “Por ser local, a veces parece que tu caché es menor, y eso me da rabia”.

Raúl Maro, actor canario / La Provincia
Raúl Maro habla como quien lleva toda la vida ensayando una salida a escena. Canario, de Lanzarote, actor, cantante y bailarín, se define sin demasiada solemnidad: “Soy un chico, un actor, que canta, baila y te hace un botón si hace falta”. Actualmente forma parte del musical Tootsie, que recala en el Teatro Cuyás en el tramo final de sus funciones en la isla, antes de continuar una gira que lo mantiene en esa rutina exigente del teatro musical: ocho funciones semanales, viajes, audiciones y una maleta siempre medio hecha.
Su currículum reúne títulos de peso en la escena española: Priscilla, reina del desierto, Mamma Mia!, La jaula de las locas, The Producers y ahora Tootsie. También pasó por Alemania, donde participó en dos producciones. Pero Maro no cuenta su trayectoria como una sucesión de golpes de fortuna. “No lo quiero llamar suerte, porque creo que me lo he ido currando toda la vida. Me he formado para ello y creo que valgo”, afirma. Luego matiza, con honestidad: “Siempre hay un factor suerte, claro, pero a mí nadie me ha regalado nada”.
Un niño con un estandarte
La historia empezó mucho antes de los grandes musicales. Empezó en Lanzarote, en carnaval, cuando con nueve años llevaba el estandarte de una comparsa. Después pasó a la comparsa infantil y más tarde a la adulta. A los 15 años se apuntó a ballet clásico porque entendió que necesitaba una base sólida. “Consideré que era una herramienta muy importante para el baile”, recuerda.
A los 17 entró en Arte Dramático, en la sede de Tenerife. La decisión llegó casi por intuición, gracias a una orientadora del instituto que le habló de las pruebas de acceso. “Yo estaba en Bachillerato y decía: ‘¿Qué hago? ¿Qué quiero hacer?’. Sabía que quería acabar en Madrid y dedicarme a esto, pero no tenía claro el camino”, explica. Aquella información le abrió una puerta. “Dije: vale, ya tengo un camino”.
No fue una infancia de oposición familiar, sino todo lo contrario. Sus padres le pidieron que estudiara hasta Bachillerato y después lo dejaron elegir. “En mi casa tuve la suerte de que siempre me apoyaron. Nunca hubo una negativa”, dice. Esa libertad, reconoce, también forma parte de su relato artístico. “Parece que siempre conmueve más cuando no te han dejado ser, pero también es bonito contar que a ti sí te dejaron ser”.
Madrid, las pruebas y la resistencia
Después de Tenerife llegó Madrid y un año de formación en teatro musical. Vinieron castings, proyectos infantiles y, poco a poco, las grandes producciones. Una actriz canaria, Thania Gil, le habló de una vacante para Las aventuras de Ulises. A partir de ahí, empezó a encadenar trabajos. “Me encantan los musicales”, admite. “Como tenía inquietud por las tres disciplinas —bailar, cantar e interpretar—, sentí que podía encontrar ahí mi hueco”.
Pero el hueco nunca ha sido gratis. Maro insiste en que su carrera se ha construido en salas de audición. “Solo una vez me han llamado para ofrecerme algo. El resto han sido pruebas y pruebas”, señala. Y las negativas, incluso después de años de oficio, siguen llegando. Hace poco se quedó a las puertas de un proyecto que llegará a Madrid la próxima temporada. “Salí contento de la prueba, me veía, pero ellos no. Hay algo que encaja o no encaja: tu compañero, el perfil, lo que buscan”.
Lo cuenta sin dramatismo, pero sin esconder la herida. “Estoy llegando a una tranquilidad personal de decir: siempre llega algo”, afirma. A partir de julio, reconoce, no tiene nada cerrado. No sabe si seguirá en Madrid, si saldrá una gira, si aparecerá una oferta en Barcelona. “La incertidumbre de artista la llevo por dentro. Se manifiesta en sueños o pesadillas”.
“Mi madre es mi mayor fan”
Esa incertidumbre también tiene una dimensión económica. “Tienes ahorros, pero no quieres tirar de ellos. Quieres quedarte en Madrid, pero el piso cuesta 500 euros. Siempre está esa cosa de: ¿tendré algo estos meses para vivir y pagar el alquiler?”, confiesa. Aun así, no se permite quedarse quieto. Llama, pregunta, se ofrece. “A veces nos cuesta pedir, pero quizá un productor no te tiene en mente y, si apareces, justo sale algo”.
Ahora, además, Maro mira hacia un proyecto más personal. Ha presentado en Lanzarote, todavía como boceto, un espectáculo en solitario con cinco músicos en el que cuenta su vida a través de canciones que han marcado momentos importantes: la infancia, las raíces, la familia, la muerte de su padre y la figura de su madre. En una escena, recuerda al niño que se quedaba solo en casa, se ponía una bata, unos tacones y se plantaba frente al espejo para imitar a Rocío Jurado. En el espectáculo, llama a su madre al escenario para que le ponga los tacones. “Eso es lo que pasó en mi vida: me dejaron ser”, resume. Y añade una de sus frases más limpias: “Mi madre es mi mayor fan”.
El valor de ser de aquí
Maro ha trabajado con grandes nombres del teatro musical, especialmente con Ángel Llàcer, a quien agradece la confianza. “Algo vio en mí. Me abrió puertas y me dejó ser libre”, dice. En La jaula de las locas empezó como bailarín y acabó alternando un personaje secundario. En The Producers volvió a encontrar un espacio para proponer, exagerar y jugar con el humor.
Pero su mirada vuelve a Canarias. Siente que hay talento, producción y futuro, especialmente en Gran Canaria, aunque todavía percibe una desigualdad difícil de justificar. “Parece que los canarios, si no salen fuera, no valen igual”, lamenta. Y lo concreta sin rodeos: “Por el hecho de ser canario, por ser local, a veces tu caché es menor. Eso me da rabia”.
No habla desde el resentimiento, sino desde la reivindicación de una profesión. “Tenemos bagaje, experiencia, formación. ¿Por qué me pones al lado de alguien que traes de fuera y a mí me pagas menos si estoy haciendo lo mismo?”. Raúl Maro sigue caminando entre musicales, audiciones y proyectos propios, pero con una certeza intacta desde aquel niño de Lanzarote: el escenario no fue una casualidad, fue una forma de estar en el mundo.
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