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ENTREVISTA

UO, artista canario: “La música es mi refugio, mi vía de escape y mi forma de estar en el mundo”

El artista grancanario Hugo Marrero Vale, de 22 años, irrumpe en la nueva ola urbana canaria con una propuesta que mira al rap, al folclore y a la emoción sin renunciar a la industria: “Se puede hacer algo comercial sin perder la esencia”.

UO, artista canario

UO, artista canario / La Provincia

Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

Antes de ser UO, fue Hugo Marrero Vale. Un chico de Las Palmas de Gran Canaria que, con apenas 12 años, encontró en la música el lugar donde decir lo que no siempre sabía explicar en voz alta. Hoy tiene 22 años y forma parte de esa nueva generación de artistas urbanos canarios que empiezan a reclamar espacio propio dentro y fuera de las islas.

“Me costaba abrirme con la gente”, reconoce. La música apareció entonces como una herramienta de supervivencia emocional, casi como una traducción íntima de aquello que no encontraba salida en la conversación cotidiana. “A veces piensas: ¿cómo explico esto que siento? Y es más fácil volcarlo en un papel, en arte. En mi caso fue la música”.

Por eso no duda cuando define lo que significa para él. “La música para mí es mi refugio, mi vía de escape, mi fuga. Igual que me da muchas penas y decepciones, me da muchas alegrías y motivación”.

La familia como raíz sonora

La pasión no llegó de la nada. UO creció en una casa atravesada por la música. Su padre, melómano, procede de una familia en la que se tocaban instrumentos. Su madre le transmitió una visión más espiritual: la idea de que la música son vibraciones y que afecta directamente a las personas, a su estado, a su manera de estar.

Ese cruce entre sensibilidad, herencia familiar y necesidad de expresión explica también que su universo no se limite a una etiqueta. Aunque se le ubique en la órbita urbana, UO ha explorado otros territorios. En su EP Los Casettes de abuelo conviven la bachata, las rancheras mexicanas, los boleros e incluso músicas vinculadas a la tradición popular. “Me siento cómodo en esos géneros porque en mi familia hay mucho background musical”, explica.

Su mirada sobre lo urbano, por tanto, no nace de la rigidez, sino de la mezcla. Y quizá ahí está una de sus claves: una generación que no entiende los géneros como compartimentos cerrados, sino como materiales disponibles para contar una verdad propia.

Bambastic como oportunidad

El nombre de UO aparece ahora vinculado a Bambastic, una cita que asume no como presión, sino como oportunidad. “Estamos trabajando mi equipo y yo a full para que nos conozcan más y conozcan un poquito más mi música”, afirma.

No quiere plantearlo como “un primer show y ya está”, sino como una presentación con identidad, con un componente instrumental y con una ambición escénica que permita enseñar algo distinto. La posibilidad de estrenarse en un circuito de esa dimensión no le intimida. “Hace cuatro años te habría dicho que sí, que me presionaba. Ahora mismo no. Lo que hacemos mi equipo y yo aspira a eso y a más”.

UO insiste en hablar en plural. No como fórmula, sino como convicción. “Sin mi equipo literalmente no sería nada”. Su mánager, su mejor amigo —mano derecha, diseñador gráfico y director creativo— y el resto de personas que lo rodean han llegado, dice, de una manera genuina. “Han potenciado mucho mi trabajo”.

El hueco para los artistas de aquí

Como muchos jóvenes creadores canarios, UO observa con cierta distancia crítica el espacio que se concede al talento local en grandes programaciones. No rechaza la presencia de artistas de fuera, pero cree que la diversificación no puede servir de excusa para relegar a los de casa. “Si estás en la isla y hay un carnaval como el que hay aquí, ¿por qué no potenciarlo con gente de aquí? Hay muchísimo talento y muchísima diversidad”.

Para él, el problema no es solo de nombres, sino también de prejuicios. Cree que existe un estigma que limita lo que puede sonar en contextos festivos o comerciales. “Parece que la música tiene que ser reguetón, house o dance para funcionar. Pero ¿cómo vamos a saber si eso es cierto si no damos oportunidad a nuevas olas?”.

UO defiende que incluso un tema de rap puede transformarse para un directo, adaptarse a otros códigos, dialogar con otros ritmos. Lo importante, insiste, es que exista la oportunidad. “Somos gente con mucha valía, con equipos muy potentes detrás, y podemos hacer un producto realmente bueno”.

La industria sin perder la esencia

A sus 22 años, habla de la música con una madurez que atribuye a la educación recibida, a su familia y a las circunstancias difíciles que le han hecho crecer. “Creo que en las circunstancias malas es cuando más uno crece”, sostiene. La música, en su caso, fue una manera de germinar algo bueno de esos momentos.

No niega la lógica de la industria. Al contrario, la asume. “La música es una industria y no hay que olvidarse de eso”. Pero marca una línea: la flexibilidad no debe confundirse con la renuncia. “Se puede hacer algo más comercial sin perder tu propia esencia”.

Su búsqueda pasa por una sonoridad donde los instrumentos analógicos, la composición y la autenticidad tengan peso. No quiere fabricar canciones únicamente para números. “Puedo ser flexible, pero siendo auténtico. Siendo yo”.

Escribir desde lo real

UO defiende una música escrita “desde un perfil real”. Cree que un artista debe contar algo que viva, algo que sienta, una forma particular de percibir el entorno, las relaciones y la vida. “Nunca vas a empatar con tu público si le estás vendiendo algo que no eres”.

Su inspiración nace de sus vivencias y de su estado vital. No fuerza la emoción para encajar en una expectativa. “No voy a hacer música feliz si no estoy feliz, ni música triste si no estoy triste. Soy fiel a mí mismo y a mis tiempos”.

En esa fidelidad encuentra también un propósito: que otros jóvenes puedan verse reflejados en sus canciones. “Niños de 16 años, como fui yo, o de 14, que estén pasando por un mal momento o un buen momento, que puedan verse reflejados en lo que hago”.

Una nueva ola con luces y sombras

Sobre la nueva generación canaria, UO evita el relato idealizado. Hay compañerismo, dice, pero también límites. “La música es una industria”. Habla de buenas relaciones, de afinidades y de diversidad, pero no compra la fantasía de que todo sea perfecto. “No vas a empatar con todo el mundo. Y tampoco es malo”.

A corto plazo, anuncia “un pequeño descanso”, aunque sin dejar de trabajar ni de hacer música. A largo, quiere que el público conozca más su visión y la de su equipo. Que sepan qué hay detrás de UO. Que su música no sea solo escuchada, sino vivida. “Mi propósito ahora mismo es que puedan experimentar la música como yo la vivo”.

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