El modo canario de avisar
Clavijo se dirigía más al PSOE regional que a Pedro Sánchez o a Ferraz y se refería a las preferencias de CC a la hora de pactar el Gobierno autonómico

Una de las pantallas del hemiciclo canario muestra, al socialista Sebastián Franquis y a Fernando Clavijo. / Andrés Gutiérrez
Muelle de atraque del puerto de Granadilla, mediodía del domingo. Los periodistas apostados en la explanada han visto ya desembarcar a los 14 españoles del crucero Hondius y, para sorpresa general, hemos podido ver, a pesar de la distancia, cómo la mayoría de ellos no llevaban guantes y alguno llevaba la mascarilla en la barbilla. No llevan ningún traje de protección, sino una batola plástica de color azul que en algunos casos no les llega a la pantorrilla. Cuando suben a las guaguas de la Unidad Militar de Emergencias veo cómo una señora de unos sesenta años, seguramente agotada, pega la cara contra el cristal. Es todo muy chocante pero la mayoría de los informadores se guardan la estupefacción, porque, ¿cómo suponer que están haciendo esto mal? Cuando en la segunda o tercera comparecencia de la ministra de Sanidad, Mónica García, repite que todos los pasajeros, incluidos los ya evacuados, están asintomáticos, se hace evidente que antes de bajar a tierra no se les habían hecho PCR, aunque García evite una y otra vez decirlo explícitamente. La opinión general entre los periodistas españoles y extranjeros es que el Ministerio de Sanidad tenía prisa, mucha prisa, para evitar que uno o varios de los pasajeros se pusieran súbitamente enfermos porque se habían contagiado. Inicialmente no parece tan malo. Pero una cosa es que seas portador del virus y no comiences a mostrar síntomas inequívocos si tu vuelo es más o menos corto y otra que te esperen seis, siete, ocho o doce horas de avión. Mónica García y su equipo tuvieron bastante suerte, una suerte a la que ellos mismos ayudaron al no computar como contagiado a un pasajero estadounidense porque solo había dado un «positivo débil». Cualquier médico de familia se reiría a carcajadas con semejante explicación.
Los socialistas llegaron al pleno parlamentario de ayer en un estado de ánimo excelente. Están convencidos de que el Gobierno autonómico, y singularmente su presidente, han quedado desacreditados frente a la gestión inmejorable del brote epidémico por el Trío del Hantavirus -García, Grande-Marlaska y Ángel Víctor Torres, que siempre hace los coros gallináceos- y que los sermones acusadores de Angels Barceló sobre ‘el puerto de La Granadilla’ en ‘el municipio Tenerife’ y las gracietas del Gran Wyoming les harán ganar las próximas elecciones. La presidenta del grupo parlamentario, Nira Fierro, no hacía más que reírse, como si le estuvieran haciendo cosquillas en los pies. Es preocupante el escaso sentido de la realidad del que están haciendo gala, aunque en el grupo parlamentario -como en la dirección del partido- los hay que opinan que lo mejor es no hacer sangre y seguir adelante. Sin embargo, la decisión fue la contraria. Intentar despanzurrar al Ejecutivo y al presidente. Políticamente no ha sido una buena idea.
El pleno comenzó con aplausos: los que brindó el grupo parlamentario de Coalición al presidente Clavijo al entrar en el salón. Los diputados del PP no aplaudieron: la mayoría parecían realmente desconcertados, como los socialistas parecían divertidos, salvo Sebastián Franquis, que curiosamente ni siquiera sonrió durante toda la mañana. Un pizco ceremonialmente Clavijo agradeció los aplausos y tomó asiento. Dos ausencias curiosonas: contra su costumbre inveterada, no estaba en el banco azul el vicepresidente y consejero de Economía, Manuel Domínguez; tampoco se presentó la consejera de Sanidad, Esther Monzón, de baja médica desde hace ya varias semanas. Clavijo tiene agendada para hoy miércoles una comparecencia a petición propia para hablar sobre el incidente del hantavirus, pero ayer se habían cursado y admitido por la Mesa de la Cámara varias preguntas al respecto: una del diputado de la AHI Raúl Acosta y otra del PSOE por boca del señor Franquis. Acosta, obviamente, apoyó al Gobierno y dijo que a El Hierro en particular y a Canarias en general «nadie puede dar lecciones de solidaridad». Después llegó Franquis. Ni una sola oportunidad para entender -siquiera críticamente- al adversario. Lo único que intentó Clavijo en la crisis del hantavirus es provocar miedo y desazón entre los tinerfeños; lamentablemente el portavoz socialista no explicó con qué propósito. También soltó varias lindezas, como que Clavijo estaba «utilizando» a Canarias, o una frase tan extraña como «se ha atrevido usted a usar la IA», como si la inteligencia artificial fuera una droga dura solo apta para los más viciosos. Con la cantidad de discursos e intervenciones basados en la utilización de la IA que se escriben en todos los grupos parlamentarios, incluido el socialista. En fin. Para Franquis, Clavijo «no ha estado a la altura», lo cual no es precisamente una novedad. Es lo que repite, asintomático o no, cada quince días. Lo que sonó como un gozne que se rompía fue otra aseveración: «Ha sido usted indecente».
El presidente está irritado. Más de lo que aparenta. Su punto de vista quizás pueda narrarse así: votamos la investidura de Sánchez, llevo toda la legislatura negociando con el Gobierno central -migrantes menores no acompañados, ‘decreto Canarias’, presupuestos- sin romper jamás la baraja, sin conculcar el respeto institucional, sin abandonar el diálogo y la discreción, y estos tipos me meten en Canarias un barco infectado por un virus letal, no me proporcionan toda la información sanitaria disponible, rechazan cualquier sugerencia, y se presentan tres ministros para las fotos, cuando al comienzo de la pandemia de 2020 se confinó en un hotel a pocos kilómetros de Granadilla, en Adeje, a casi 300 personas, y por aquí no apareció nadie de Madrid. En este sentido para el Gobierno canario el incidente del hantavirus en el crucero MV Hondius supone la culminación de un creciente y frustrante desencuentro con el Gobierno de Pedro Sánchez y el PSOE. Aunque para Clavijo no se trata únicamente de un desencuentro: es la negativa tentacular, incansable, cominera, frente a las reivindicaciones de Canarias y a su desarrollo social, económico y estatutario. Tres años de paciencia han servido para muy poco.
«Hoy en un día triste para Canarias y para la democracia porque hoy sabemos que el Gobierno de España ocultó intencionadamente que había un pasajero contagiado, al menos uno, en el crucero de lujo». Clavijo entrecerró los ojos mirando a Franquis: «No me cabe duda que Ángel Víctor Torres lo sabía y ocultó esa información incluso a mí, que le mostré lealtad como presidente durante la pandemia, y esta es una afrenta que no olvidaré». Algunos interpretaron que el presidente estaba anunciando formalmente una «ruptura de relaciones» con el Gobierno español. No es eso. Es muy improbable que no se continúe negociando. Clavijo se dirigía más al PSOE regional que a Pedro Sánchez o a Ferraz y se refería a las preferencias de CC a la hora de pactar el Gobierno autonómico en junio de 2027. El modo canario de avisar.
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