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La Fiscalía pide 8 años de cárcel por estafar a 40 personas con falsas inversiones de criptomonedas en Canarias

El Ministerio Público sostiene que Raúl F. G. engañaba a sus clientes, a los que prometía un negocio seguro y de alta rentabilidad si le confiaban su dinero

Uno de los testigos que declaró en el juicio por el caso Tradex, en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife.

Uno de los testigos que declaró en el juicio por el caso Tradex, en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. / La Provincia

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Benyara Machinea

Benyara Machinea

Las Palmas de Gran Canaria

La Fiscalía ha pedido una pena de ocho años de cárcel y 312.706 euros de indemnización a Raúl F. G., acusado de urdir una estafa piramidal con 47 víctimas en Canarias a las que prometió un negocio seguro de inversiones en criptomonedas. El presunto autor habría empleado tácticas de venta para engañar a sus clientes, muchos de ellos policías acostumbrados a detectar este tipo de fraudes, con que era una apuesta de alta rentabilidad. Después, se habría apropiado del dinero depositado para sufragarse una vida a todo lujo.

Tras el traslado de los escritos de acusación, la causa queda pendiente de la celebración de juicio oral por parte de la Audiencia Provincial de Las Palmas. El Ministerio Público considera que el encausado intentó obtener un beneficio patrimonial ilícito entre los años 2021 y 2022 y empezó a difundir entre sus conocidos información sobre la conveniencia de unas supuestas inversiones en minería de criptomonedas y compra de bots.

Para dar credibilidad al engaño, aseguró que había iniciado el negocio con el apoyo financiero de un empresario hindú que vivía en la isla de Tenerife y ofrecía a sus allegados que participasen depositando su dinero. El minado que proponía consiste en la posesión de equipos informáticos diseñados de forma específica para procesar transacciones en una red blockchain y asegurarla a cambio de una recompensa en criptomonedas.

Naves inexistentes

El empresario afirmaba de forma mendaz, según la Fiscalía, que tenía en Gran Canaria y Fuerteventura tres naves con ordenadores que funcionaban las 24 horas del día, así como un contrato ventajoso con una compañía eléctrica. Después, les ofrecía emprender en la compra de nuevos ordenadores (rigs) para llevar a cabo el minado a un precio muy competitivo, los cuales se unirían a los que el acusado ya tenía. Se comprometía, además, a encargarse de su puesta en marcha y de su mantenimiento.

El acusado presuntamente logró garantizarse de esta forma un enriquecimiento personal, con un beneficio mensual de 409 euros que se dividía en cuatro cuotas semanales de 102 euros cada una.

La otra clave de la estafa se basó en los bots, nombre que recibe el software automatizado que se conecta a una casa de cambio para comprar y vender criptomonedas en nombre del usuario. Raúl F. G. supuestamente garantizó que la inversión se realizaría en un fondo propiedad del ciudadano hindú.

Entregaba un primer pago a las víctimas para que recomendasen el negocio a otros

"El acusado vendía el negocio como de riesgo cero, pues en el primer caso el inversor podría pedir pasado un tiempo la entrega de cuantos ordenadores de minado hubiese comprado y, en el segundo de los casos, contaban los inversores como garantía con las máquinas de minado que había comprado el propietario del fondo, manteniendo que el total del dinero invertido por sus clientes nunca superaría el valor de los ordenadores comprados por su socio hindú", sostiene el Ministerio Público. En este caso, detalla, se aseguraba un beneficio mensual del 20% de lo invertido.

Así, el escrito recoge que durante el segundo semestre de 2021 el acusado logró contar con los primeros inversores, a quienes, con la única finalidad de que atrajesen a más personas con intención de invertir, entregó en un primer momento los rendimientos que les había prometido.

Boca a boca

Este lucro inicial provocó que las víctimas se confiaran y convencieran de que el negocio era seguro y rentable, por lo que animaron a familiares, amigos y compañeros de trabajo a invertir o a acudir a las reuniones que el emprendedor realizó en dos locales del bario de Guanarteme, en Las Palmas de Gran Canaria, donde les convencía para que invirtiesen en alguna de las iniciativas.

El acusado presuntamente continuó con la misma actitud defraudadora en el año 2023 y utilizó las artimañas similares para convencer a tres personas más para que depositasen su dinero con el fin de destinarlo a lo que, según dijo, eran "inversiones seguras". Sin embargo, la Fiscalía cree que en lugar de llevar a cabo dichas gestiones se limitó a incorporar el dinero que había recibido a su patrimonio personal.

Tácticas de venta

Los afectados lo describen como un "vendehúmos", que utilizaba tácticas de venta y de marketing para acercarse a las víctimas, lograr que se confiaran y que le entregaran distintas cantidades de dinero. Pero acabó cayendo en su propia trampa y la red piramidal se cayó cuando se vio incapaz de pagar los supuestos intereses generados ni devolver el capital, ya que no había suficientes inversores o ya había sustraído lo obtenido para su propio beneficio.

En ese momento, los denunciantes se dieron cuenta de que no iban a recuperar su capital. Y, mientras tanto, la Fiscalía cree que el encausado aprovechó las ganancias para cubrir sus gastos, entre los que se encuentra la adquisición de dos vehículos por importe de 25.000 y 177.000 euros e inversiones en criptomonedas para sí mismo.

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