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El comercio tradicional de Canarias se hunde con 200 tiendas menos cada año ante la competencia digital

El Archipiélago ha perdido 4.185 comercios tradicionales en las últimas dos décadas, lo que representa un 20,4% del total de establecimientos de 2015

Una mujer revisa una prenda en una tienda del Archipiélago.

Una mujer revisa una prenda en una tienda del Archipiélago. / Andrés Cruz

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Santa Cruz de Tenerife

La sangría comercial que vive el Archipiélago no se detiene. Cada año, el sector pierde 200 tiendas «de las de toda la vida», sobre todo, pequeños comercios que durante años han surtido de ropa, complementos y otros artículos a las familias de las Islas. En los últimos veinte años, Canarias ha visto como 4.185 negocios vinculados a esta actividad bajaban su persiana para siempre. Pero, ¿son muchos o pocos? Si se tiene en cuenta que representan un 20,4% del total de tiendas que había en la región en 2015, basta para darse cuenta de que la pérdida es notable y se acentúa año tras año.

Entre los factores que están detrás de esta sangría de negocios están los cambios de hábitos del consumidor, el auge del comercio online, la falta de relevo generacional o la baja rentabilidad de este tipo de negocios. Unas dificultades que en los últimos años se han unido a los continuos sobrecostes que han tenido que soportar los profesionales del sector. El alquiler, los salarios, las facturas suponen cada vez un pedazo más grande del montante final de la empresa. A lo que ahora se une, de nuevo, los sobrecostes que está provocando la guerra en Oriente Medio.

Canarias pierde tejido comercial al mismo tiempo que la facturación en el sector se dispara

Sin embargo, el declive del sector comercial más tradicional no es algo autóctono de las Islas. En toda España, el cierre de tiendas en las últimas dos décadas también roza el 20% y en el conjunto del país han desaparecido más de 92.000 negocios. Pero, ¿qué tipo de establecimientos son los que están cerrando sus puertas? Si se analizan las cifras en el Archipiélago –a través del Directorio Central de Empresas Dirce que publica cada año el Instituto Nacional de Estadística (INE)– puede comprobarse cómo en las Islas la mayor pérdida de negocios se concentra en aquellos que no tienen empleados. Los comercios sin asalariados se han reducido en más de 3.000 desde el año 2015, mientras que los que tienen uno o dos trabajadores son casi un millar menos. Números que demuestran que la verdadera sangría comercial la están sufriendo los pequeños negocios. Aquellos donde el comerciante echaba horas y horas abierto al público para mantener su autoempleo o las tiendas pequeñas con muy pocos empleados que ya no pueden competir con los gigantes que han desembarcado en el sector.

Afecta más a las microempresas

«Evidentemente donde se está notando la situación de crisis es en el autónomo y la microempresa», expone Abbas Moujir, presidente de la Federación de Áreas Urbanas de Canarias (Fauca). Explica que con la competencia actual, un comercio electrónico que no deja de ganar terreno y «sobre todo el sobrecoste en la gestión del día a día de un establecimiento hace inviable su mantenimiento para muchos».

Porque más allá de los sobrecostes patentes –aquellos vinculados al precio de las mercancías, el transporte o las facturas de los suministros– existe toda una serie de normativa extra que el comerciante tiene que gestionar y que muchas veces supone un engorro y gastos para el profesional. «La ley de protección de datos, los residuos, la protección de riesgos laborales, genera una serie de costes fijos que se tienen que mantener en el tiempo», señala Moujir.

A todo esto se añade que estos negocios pequeños tienen una productividad mucho menor que, por ejemplo, la de las grandes cadenas que se han instalado en los centros de las grandes ciudades. «Por eso se está produciendo una concentración en grandes grupos empresariales de comercio, desaparecen las pequeñas tiendas multimarca y van abriendo franquicias que son las que ahora mismo están siendo más rentables».

Paradoja en Canarias

Pero la sangría comercial esconde asimismo otra gran paradoja: el tejido comercial se reduce año a año, a pesar de que la facturación se encuentra en un buen momento. Desde que pasó lo peor de la pandemia, los ingresos no han cesado de crecer y mes tras mes se han ido registrando incrementos interanuales que han sido ininterrumpidos desde febrero de 2021. El sector en el Archipiélago acapara el 3,4% de la facturación anual en toda España –de acuerdo con las cifras de El Comercio Textil en Cifras, publicado por la Asociación Empresarial del Comercio Textil y Complementos (Acotex)– lo que supone 377 millones de euros de ingresos en 2025.

Sin embargo, el presidente de Fauca detalla que a lo largo de los últimos meses se ha podido constatar una ralentización en las cifras. El comercio del Archipiélago, más allá del gasto de los hogares canarios, se nutre de forma muy importante a través del gasto turístico. Así se explica que a pesar de que el desembolso anual en textil por habitante en Canarias alcance los 241 euros –una de las cifras más bajas del país– el tejido comercial en las Islas mantenga una actividad y facturación elevadas. «Antes éramos líderes a nivel nacional, siempre estábamos entre primer y tercer en lo que respecta al incremento de la facturación y ahora no llegamos a la media. Se nota un cierto retenimiento del turismo y esto afecta al comercio», reafirma Moujir.

Competencia del comercio online

Más allá de esa retracción del gasto turístico en los últimos meses, algo que de verdad sí que ha afectado a la actividad durante los últimos años ha sido el importante avance del comercio online. El cambio de hábitos del consumidor –que cada vez más adquiere productos a bajo coste a través de internet a un precio muy bajo– ha hecho mucho daño al sector. Que ahora espera que la tasa que la Unión Europea implantará a este tipo de operaciones sirva, al menos, «se acabe con la compra compulsiva y eso ayude en algo al comercio local».

A todo esto, los pequeños comercios de las Islas tienen que añadir ahora nuevas dificultades y están comenzando a notar los primeros efectos de la guerra que Estados Unidos e Israel están librando en varios países de Oriente Medio. ¿De qué forma? A través de un incremento en el precio del transporte debido al aumento de los carburantes que está elevando los fletes y los traslados de la mercancía cuando llega a tierra. «Esto indudablemente repercute en el precio final del producto porque a la hora de ponerlo a la venta tienes que incluir estos incrementos», explica.

Una situación en la que, de nuevo, las microempresas del Archipiélago salen perdiendo. No solo porque al estar en un territorio alejado y fragmentado se enfrentan a unos sobrecostes mucho mayores sino que deben enfrentarse a ellos con bastante menos músculo que las grandes cadenas, que pueden retener esos incrementos en el precio final de los productos al tener una estructura mucho más extensa.

Falta de relevo: «no hay quien me sustituya»

Detrás del cierre de muchos pequeños negocios en el Archipiélago no está la baja rentabilidad o los problemas para competir en un sector cada vez más global, sino la falta de relevo generacional. «El comerciante no tiene quien le sustituya», detalla Abbas Moujir, presidente de la Federación de Áreas Urbanas de Canarias (Fauca). Una situación que se da, sobre todo, en aquellas tiendas más pequeñas en las que el comerciante trabaja solo como autónomo que no tiene quien le sustituya cuando le llega la hora de la jubilación.

Pero, ¿a qué se debe esta falta de relevo generacional? Moujir indica que más allá de que sean negocios más o menos rentables la causa principal es que no son atractivos para las nuevas generaciones. «Lo ven como algo arcaico, a lo que recurrir solo si no tienen otra opción», resume.

Pero tener una tienda hoy en día ya no es lo que era antes. «Abrir un negocio es una muy buena opción para quien no quiera depender de un jefe», expone y añade que con proyectos de transformación digital muchos establecimientos están mejorando mucho su gestión.

Este es otro de los problemas a los que se enfrentan en la actualidad las tiendas de toda la vida: la captación de clientes. «El escaparate sigue siendo importante, pero ya no lo es tanto como hace veinte años», aclara el representante del sector. Ahora, los clientes se captan en las redes. Por eso, es importante que la tienda tenga su marca en internet, que cuente con presencia en las redes sociales, donde poder hacer publicidad, y tengan perfiles profesionalizados de contacto. «Hay que hacer interesante tu negocio para los nuevos clientes y sobre todo la gente más joven llegará a ti a través de este medio», valora Moujir. Personas que quizá no compren los artículos de manera online y se trasladen a la tienda para adquirirlos pero a los que sí o sí se llegará a través de una imagen o un reel en alguna red.

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