Canarias cambia el bar por el match para encontrar el amor: "La peor sensación es el vacío después de acostarte con alguien"
Nacho y Leila son dos jóvenes canarios que cuentan sus dispares experiencias en unas aplicaciones de citas de las que, actualmente, surgen el 61% de las primeras citas en Canarias

Un móvil con la aplicación de citas Tinder / LP/DLP

Raffaella Carrá cantaba que «para hacer bien el amor hay que venir al sur» y, según el Instituto Nacional de Estadística, para encontrarlo, también. Un estudio de la institución afirma que Canarias es la segunda Comunidad Autónoma en la que más probabilidad hay de encontrar el amor, con un 53%, sólo superada por la Comunidad de Madrid, con un 66%. La tecnología ha irrumpido con fuerza en las dinámicas relacionales: el mismo informe revela que el 61% de los primeros encuentros se produce a través de unas aplicaciones de citas que van más allá de ser un mero punto de encuentro.
Cambios en el cortejo, problemas de autoestima, sentimiento de vacío tras el sexo o la búsqueda de validación rápida son algunos de los efectos secundarios que Nacho y Leila, dos jóvenes de las Islas, relatan en sus dispares experiencias con estas aplicaciones.
Seguramente volvería a utilizar las apps de citas si estuviera soltero. Es como un yonqui que deja la droga y le ofrecen un gramo de fiesta: sabe que no debe, pero la probabilidad de que lo coja es altísima
Nacho no había alcanzado la mayoría de edad cuando se abrió su primer perfil. Cuando sumaba 16 primaveras, no tenía el éxito que tenían sus amigos con las chicas que le gustaban en el instituto. «Tenía la típica preocupación de cuándo eres un chiquillo, pensaba que me iba a quedar virgen toda la vida», relata el grancanario, 12 años después, que define su relación con ese tipo de aplicaciones como «un vicio absoluto». Tras ese primer contacto, el punto más tóxico de su relación con las aplicaciones de citas llega cuando comienza sus estudios en la Universidad de La Laguna. «Todo el mundo lo tenía y estaban muchas personas que veías por la calle. Todas las semanas pasaba alguien diferente por casa», recuerda el joven.
Validación a través del like
Para Nacho, el sentimiento de validación instantánea derivado de la obtención de likes tapaba las inseguridades que le generó su etapa del instituto. «A ninguna de las chicas que me atrajeron yo les gusté. Mi pensamiento era que, ahora que soy guapo, voy a gustarle a todas las que antes no», asegura el joven. Sin embargo, no demoniza a las aplicaciones, si no que considera que depende mucho del bagaje previo de la persona, y señala que «hay mucha gente que lo usa y se enamora realmente de la persona que está conociendo».
En su caso, se veía en la tesitura de quedar con personas que no le interesaban realmente, o no le llegaban a atraer demasiado, sólo por continuar girando la rueda de una dinámica relacional tóxica. «La peor sensación es el vacío que sentía después de acostarme con chicas que, realmente, no me interesaban más allá, y verme buscando una excusa para irme o para que ella se fuera de casa», explica Nacho.
Trauma relacional
Esta concatenación de relaciones superficiales terminó generando «un trauma» en el joven que ha afectado a sus formas de relacionarse. La ansiedad generada por estar acostumbrado a «conocer a seis o siete personas a la vez» le imposibilitó centrarse en conocer a una única persona, por muy fuerte que fuera la conexión: «Con una chica que se llamaba Lorena, mientras quedaba con ella, hablaba con tres o cuatro chicas más. Realmente era por la obsesión de seguir conociendo gente y seguir abarcando, porque llegué a sentir una conexión súper fuerte con ella y teníamos mucho en común. La dejé escapar por tener que seguir hablando con gente», recuerda.
Miedo al rechazo
«El 80% de las personas con las que he estado en los últimos años las conocí por Tinder», revela un grancanario al que el enganche a las aplicaciones de citas le ha terminado por generar problemas a la hora de cortejar en el ‘mundo real’. «Siempre me ha costado entrarle a una chica de fiesta, pero ahora me cuesta el triple. En Tinder me daba igual que una tía no me contestara, pero en la vida real sí que siento miedo al rechazo», expone Nacho.
Actualmente, ha conseguido mantener una relación estable y alejarse de su comportamiento adictivo. Sin embargo, «lo que más pena» le da es no estar seguro de si volvería a utilizarlas si, en algún caso, volviera a estar soltero: «Es como un yonqui que deja la droga y le ofrecen un gramo de fiesta: sabe que no debe, pero la probabilidad de que lo coja es altísima», revela el grancanario.
Tres meses habían pasado desde la confirmación oficial de la ruptura de Leila con su expareja. Para ella, fue poner fecha a algo que ya se sabía: llevaban mal desde verano, la crónica de una muerte anunciada de una relación de seis años.
Normalmente, en estas aplicaciones somos las mujeres somos las que ponemos el filtro, tenemos la posibilidad de elegir
La tinerfeña se sentía preparada para «volver a conocer a gente nueva» y ver si estaba abierta «para quedar con alguien». Eso fue lo que la llevó a entrar en una aplicación de citas. «Pasé de juntarme siempre con el mismo círculo durante mi relación a, de repente, estar hablando con un montón de gente con la que, si no fuera por la aplicación, tal vez no hablaría nunca», explica la joven.
Se encontró en una tesitura en la que la mayoría de personas con las que hacía match buscaban «algo esporádico», hasta que conoció a la que es, hoy en día, su pareja. «Me encantó la forma en la que me abordó. Era gracioso y no me hacía sentir la presión de que tuviera que pasar algo más», relata Leila, quien entiende que existen diferencias por géneros a la hora de utilizar estas aplicaciones «Las mujeres somos las que ponemos el filtro, tenemos la posibilidad de elegir».
Escaparate superficial
La joven tinerfeña tenía muchos prejuicios sobre encontrar el amor en este tipo de aplicaciones, al tratarse de un «escaparate terrorífico en el que sólo te basas en la superficialidad». A Leila le preocupaba no saber si la persona quedaba con ella «para pasar una tarde guay porque quiere hablar conmigo» o, simplemente, por un «aquí te pillo, aquí te mato». Sin embargo, conoce la suerte de haber encontrado una pareja que valida su visión romántica del amor: «Aunque las apps sean más frías, la conexión real sigue siendo el mismo sentimiento que antiguamente». Las de Nacho y Leila son dos experiencias más dentro de un mar sentimental que no para de crecer.
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