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La psicóloga canaria Nayara Ortega, sobre las aplicaciones de citas: "El amor se ha convertido en una partida de ajedrez"

La terapeuta relata varios de los efectos nocivos que pueden tener estas apps en la manera de relacionarse

La psicóloga grancanaria Nayara Ortega.

La psicóloga grancanaria Nayara Ortega. / LP/DLP

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Daniel Valle

Daniel Valle

Las Palmas de Gran Canaria

¿Cómo han cambiado las aplicaciones de citas la forma de enamorarnos?

De muchas maneras. La primera impresión de la persona es mucho más distante, porque es a través de un mensaje escrito, no cara a cara. Te dejas llevar mucho más por el físico, al elegir a través de una fotografía. Hay mucha menos presencia de la espontaneidad: se miden los tiempos de contestar un mensaje, qué es lo que quiero decir o cómo lo expreso. El enamoramiento a través de las apps se vive como una partida de ajedrez en la que esperas a ver qué movimiento hace la otra persona para plantear qué vas a hacer tú.

La oferta de perfiles en la palma de la mano, ¿afecta a la capacidad de compromiso?

Totalmente. Lo ejemplifico como ir a comprar galletas a un supermercado: hay de tantos sabores que me va a tomar más tiempo decidirme por uno. Además, cuando me lleve una, voy a estar pensando ‘ay, igual tenía que haber cogido otros dos’. Eso también pasa en las aplicaciones: me va a costar mucho más comprometerme y decidir conocer a alguien de forma exclusiva, porque siento que tengo muchas personas disponibles y tampoco quiero renunciar a ellas.

¿Esta amplia disponibilidad afecta a la poca tolerancia al conflicto que hay?

Sí, la persona puede pensar ‘bueno, si esta persona no me contesta’ o ‘me ha dado esta respuesta y no me ha gustado’, no voy a pasar por el conflicto de intentar buscar un punto común, preguntar o ver qué pasa, sino que voy a pasar al siguiente, porque tengo una gran disponibilidad.

Tanta disponibilidad, ¿se traduce en más conexiones reales?

Que haya más personas disponibles no significa que la conexión sea más sincera. En las apps de citas, suelen ser mucho más superficiales, pues no comparto la intimidad con la persona. Falta el lenguaje no verbal, y cuesta más expresarse como uno es en realidad de forma escrita, sin verse cara a cara. Además, cuando escribimos intentamos usar una forma mucho más formal, donde las bromas también se pierden. Todo es un poco más ‘producido’ que espontáneo, en mi opinión.

¿Qué efectos tienen las mecánicas de estas aplicaciones?

El efecto en el cerebro es similar al del scrolling de TikTok. La sensación de ‘este perfil me ha gustado, pero voy a deslizar para ver si el siguiente me gusta mucho más’, es muy similar. Pero la diferencia radica en que la dopamina no se genera en ese deslizamiento, sino en el match. Se traduce en un refuerzo positivo en nuestro cerebro en el que, a medida que reciba más, el cerebro generará una mayor dependencia a este tipo de conexiones. Por otro lado, al no recibir match o tener menos de lo que nos gustaría, el cerebro lo interpreta como un rechazo en el que nos vamos a sentir muy vulnerables.

Parecen mecanismos de validación instantánea.

Exactamente, y generan mucha dependencia. Además, muchas veces se utilizan para tener encuentros sexuales fortuitos que se usan para anestesiar emociones. Si me siento mal, hablo con un perfil, tenemos sexo y parece que me he librado un poco de la emoción, pero sigo igual que hace 3 horas. Es dopamina rápida, pero no soluciona el problema.

Las aplicaciones se basan en la mercantilización del amor y el autoestima.

Totalmente, juegan con el ‘si pagas más, tu perfil será más visible’. Ahí no se valora la individualidad personal. Las personas se vuelven un producto de consumo rápido, algo que tiene un importante coste emocional: más inseguridad, sensación de vulnerabilidad, aparición de emociones negativas, la necesidad de refuerzo constante que aumenta mis niveles de ansiedad o el agotamiento por tener que tomar tantas decisiones afectivas.

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