Opinión

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¿Qué pasa cuando nadie quiere hacerse cargo de lo que provoca?
En tiempos de matches, fueguitos, vínculos intermitentes y desapariciones sin explicación, la responsabilidad emocional empieza a parecer más utópica que el amor romántico.

La Provincia
Leo a Daniel Valle en La Provincia sobre los ligues en Canarias. El compañero dice, tras analizar un informe, que el 61% de las primeras citas en España se producen después del match o del fueguito en aplicaciones destinadas a ello. En las islas, en concreto, hay una probabilidad del 53% de encontrar el amor por esta vía.
Por otra parte, escucho a Nayara Ortega, neuropsicóloga, hablar sobre la intermitencia en las nuevas relaciones: ese ir y venir en la comunicación y la necesidad de dejar claro en qué punto se encuentran ambas partes. “Uno se comunica también para escuchar, no solo para vomitar palabras sin importar qué le parece a la otra persona”, reflexiona la profesional en salud mental. Ella misma detalla que “muchas veces, las personas tienen encuentros sexuales fortuitos para anestesiar emociones”. Interesante.
En Instagram, guardo un post al uso en el que se lee: “Si abres la relación, tu pareja no te llena”. En dicha publicación, el comentario con más likes sentencia: “Es más fácil tildar de ‘utópico’ la lealtad y el compromiso que hacerse cargo de la calentura de cada uno o de la necesidad de llenar con cuerpos un vacío o una persona rota”.
En la redacción comparto con mis compañeras un tedioso y desanimado “odio a los hombres” después de varios intentos fallidos. Ellas asienten. Cada una por una razón distinta, una vivencia que las lleva a detestar la falta de interés, compromiso o responsabilidad interpersonal. Todos, absolutamente todos, la echamos en falta. Una de ellas, además, comparte conmigo un nuevo término, el love bombing: “una táctica que se lleva a cabo cuando alguien te llena de atención, halagos, regalos o mensajes de forma exagerada al principio para engancharte emocionalmente y ganar control sobre ti”.
El 61% de las primeras citas en España se producen después del match o del fueguito en aplicaciones para ligar
Tengo la sensación de que da igual el sitio: todo el mundo está harto de no dar con esa responsabilidad emocional que tanto exigimos, pero no siempre damos. La de dolores de cabeza que se ahorrarían con un simple “no estoy en tu mismo mood” y con enviar un mensaje a tiempo en lugar de desaparecer. Porque huir, hacer como si nada hubiese pasado, es lo fácil; dar la cara y comportarse como adultos es lo que nunca a nadie le apetece, aunque es lo que toca.
En la era del fast food, de cuerpos resumidos a un simple tap, de deslizar la pantalla a derecha o izquierda, lo verdaderamente utópico es dar con alguien que te diga que no quiere echar ese polvo porque se ha dado cuenta de que no le gustas tanto, o que no quiere continuar con la conversación porque la conexión es tal que empieza a sentir cierto vértigo.
Carlota Corredera diría algo así como: “Estoy harta de ir a terapia por todas aquellas personas que no han ido antes”, mientras que Daniela Garsal cantaría: “Que te hiciera caso fue pura suerte (…) contigo, a mi abuela le dio un disgusto”. A todas ellas me sumo.
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