REPORTAJE
David Palomo, el campeón del mundo que entrena en lo alto de Las Palmas de Gran Canaria: “Me siento superpoderoso cuando estoy en el aire”
El campeón del mundo de Freestyle Highline se hizo viral tras ser grabado practicando en las alturas de Las Palmas de Gran Canaria: “Parecía que estaba sobre cables de la luz, pero voy siempre con seguridad”.

Adolfo Rodríguez
David Palomo no estaba caminando sobre cables de la luz. Tampoco estaba jugándose la vida sobre el barrio de San José, en Las Palmas de Gran Canaria. Lo que muchos vecinos vieron hace unos días, y lo que después se hizo viral en redes sociales, era el entrenamiento de un campeón del mundo. Un deportista que ha convertido el vacío en su lugar de trabajo y que prepara desde su propia casa su próxima cita internacional.
“Soy David Palomo, campeón del mundo de Highline Freestyle”, se presenta en declaraciones en exclusiva a La Provincia. Hace unos días, un vídeo grabado desde la calle empezó a circular con fuerza. En las imágenes se le veía suspendido en las alturas, sobre una cinta, en una zona elevada de la capital grancanaria. El ángulo de la grabación provocó confusión y muchos usuarios pensaron que Palomo estaba caminando sobre cables eléctricos.
Nada más lejos de la realidad. “Un vecino del barrio de San José hizo un vídeo en el que se me veía entrenando. Como se hizo desde abajo y por los ángulos, parecía que estaba encima de cables de la luz”, explica el deportista. “El vídeo ha tenido muchísimos comentarios y muchísima gente volviéndose loca intentando entender qué era. Realmente era yo entrenando para el Mundial, en un slackline. Es un deporte, no estaba en los cables de la luz y voy con seguridad”.
Un deporte joven, extremo y todavía desconocido
El Freestyle Highline es una disciplina tan espectacular como poco conocida para el gran público. Consiste en realizar acrobacias sobre una cinta elástica suspendida en altura. Mortales, giros, botes y maniobras de enorme dificultad forman parte de una modalidad que exige fuerza, equilibrio, precisión, control mental y muchas horas de repetición.
“Es un deporte bastante nuevo”, resume Palomo. “Consiste en hacer acrobacias, volteretas y mortales en una cinta elástica, y vas atado con seguridad”. Esa última parte es clave para entender lo que ocurrió en San José. Lo que desde abajo podía parecer una escena temeraria era, en realidad, una sesión de entrenamiento controlada, con arnés y con los sistemas necesarios para evitar una caída libre.
La imagen, sin embargo, impresionó. No todos los días se ve a un campeón mundial entrenando sobre una cinta en plena ciudad. Menos aún en un barrio residencial de Las Palmas de Gran Canaria, donde los vecinos miraban hacia arriba intentando comprender qué estaba ocurriendo.
Un centro de alto rendimiento en casa
La falta de espacios específicos para practicar esta disciplina ha llevado a David Palomo a buscar sus propias soluciones. Donde otros verían una limitación, él ha montado su particular centro de entrenamiento.
“Debido a que es difícil encontrar sitios donde entrenar cerca de casa, dije: pues lo que voy a hacer es montarlo en mi casa, montar aquí el centro de alto rendimiento”, cuenta. La idea es sencilla en apariencia, pero muy exigente en la práctica: tenerlo todo a mano para entrenar más, descansar mejor y preparar con precisión sus rondas de competición.

David Palomo, deportista, entrenando en lo alto de Las Palmas de Gran Canaria / La Provincia
“Así puedo entrenar físico, entrenar en la línea y descansar todo en el mismo sitio, intentando conseguir el máximo rendimiento”, añade. En un deporte minoritario, donde los recursos no abundan y los espacios adaptados son escasos, esa capacidad de improvisación también forma parte del camino hacia la élite.
El entrenamiento de Palomo no tiene nada de ocasional. Practica “cinco o seis días a la semana” y, cuando puede, lo hace dos veces al día. “Intento hacer una sesión por la mañana y una por la tarde”, detalla. Ahora mismo, su preparación se centra en un objetivo concreto: llegar al Mundial con la mayor regularidad posible.
“El entrenamiento consiste en repetir, repetir y repetir las maniobras que voy a realizar en mis rondas en el Mundial”, explica. “Básicamente, conseguir la máxima consistencia posible”.
El riesgo real: golpes, lesiones y viento
Aunque las imágenes puedan provocar vértigo, Palomo insiste en que el principal riesgo no está en caer al vacío. El arnés evita ese escenario. Lo más habitual, dice, son los golpes contra la propia cinta y las lesiones derivadas de la repetición constante de maniobras complejas.
“El mayor riesgo que corremos aquí son las lesiones por constancia, por golpes que nos damos al intentar los trucos”, señala. “Siempre te quedas colgando, por lo que contra el suelo no te das, pero sí hay una cantidad de golpes y lesiones contra la misma cinta”.

La Provincia
A medida que aumenta la dificultad, aumenta también la exigencia física y mental. “Cuando intentas hacer maniobras cada vez más y más difíciles, requieres más y más riesgo”, reconoce.
El viento también juega un papel decisivo. No siempre impide entrenar, pero sí puede condicionar por completo la sesión. “Si llega a ser muy alto, es un riesgo muy peligroso. Por eso nosotros, cuando sube de 35 kilómetros por hora, no subimos a la línea. Es una norma que tenemos”, explica el campeón grancanario.
Cuando el viento no alcanza esos niveles, no necesariamente obliga a suspender la práctica, pero sí complica cada movimiento. “Lo único que hace es molestar, porque te mueve la línea y no te permite botar recto, que es lo que quieres conseguir para poder realizar todas tus maniobras”.
El miedo también aparece
David Palomo no vende una imagen falsa de invulnerabilidad. Ha aprendido a convivir con el riesgo, pero reconoce que el miedo aparece. Especialmente en una variante concreta: practicar sobre el agua y sin arnés.
“Alguna vez he tenido miedo”, admite. “Hay una disciplina que se puede hacer encima del agua y sin arnés. Estás a diez o doce metros de altura. En el caso de que te caigas, no te mueres, pero sí te das una buena leche y el corazón te late muy fuerte”.
En esos momentos, el campeón cambia el chip. La concentración lo ocupa todo. “Siempre me pongo en modo superconcentrado. No me puedo caer e intento hacer todo lo mejor posible. Pero en el fondo siempre siento un poco de miedo y algo dentro de mí diciendo: no te caigas”.
Esa mezcla de adrenalina, control y respeto al peligro define buena parte de su relación con este deporte. Para Palomo, el aire no es solo un escenario. Es un espacio donde encuentra algo que no aparece de la misma manera en tierra firme.
“Básicamente tengo libertad”, reflexiona. “Puedo moverme con total elegancia. No me muevo así en ningún otro lugar. Me encanta. Me siento superpoderoso cuando estoy ahí arriba y luego, cuando bajo, vuelvo a ser un mortal”.
De Canarias al Mundial
David Palomo no es un aficionado sorprendido por la viralidad de un vídeo. Es uno de los nombres propios del Freestyle Highline mundial. Este año volverá a competir por el Campeonato del Mundo representando a España.
“Este año es la tercera vez que voy a competir por el Campeonato del Mundo”, recuerda. “La primera quedé segundo, en 2022. En 2024 quedé primero y este año voy otra vez a representar a España con todo lo que tengo. Voy a darlo todo e intentar dar un muy buen espectáculo”.
Su trayectoria contrasta con la falta de visibilidad que todavía arrastra su disciplina. Ser campeón del mundo no garantiza apoyos suficientes. Palomo lo sabe bien. Los viajes, las competiciones y la preparación suponen un esfuerzo económico importante que, en muchas ocasiones, recae sobre los propios deportistas.
“Al ser un deporte tan joven, nos cuesta a veces conseguir esa visibilidad, que nos vean las grandes marcas”, lamenta. “Nos tenemos que costear nosotros todos los viajes a las competiciones. Estamos buscando e intentando conseguir patrocinios y ayudas para poder ir a competir y hacer nuestros sueños realidad”.
“No se preocupen”
Tras el revuelo generado por el vídeo, Palomo quiere enviar un mensaje claro a los vecinos de San José y a quienes se alarmaron al verlo en las alturas: no está improvisando, no está sobre cables eléctricos y no entrena sin protección. “Llevo arnés siempre. Si me caigo, me quedo colgando y me vuelvo a subir. No me estoy jugando la vida”.
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