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Los cubanos en Canarias creen que «ha llegado el momento del cambio»

La amplia comunidad caribeña en el Archipiélago sigue la crisis a 6.600 kilómetros de distancia entre la esperanza, la impotencia y la angustia

Tres jóvenes cubanos, en una casa de La Habana a oscuras por un apagón.

Tres jóvenes cubanos, en una casa de La Habana a oscuras por un apagón. / Efe

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Santa Cruz de Tenerife

La amplia comunidad cubana en Canarias cree que ha llegado el momento del fin de la dictadura comunista. «Nunca habíamos estado tan cerca», coinciden. No quieren, eso sí, que se cumpla la mítica frase de la revolución: «patria o muerte». Desean una salida pacífica, nunca un derramamiento de sangre. Atentos todo el tiempo al teléfono y los noticieros para saber cómo sobreviven sus allegados al otro lado del Atlántico, se mueven entre la esperanza, la impotencia y la angustia. Son momentos muy duros, especialmente difíciles de sobrellevar a 6.600 kilómetros de distancia.

El régimen castrista languidece. Al desastroso resultado de 67 años de tiranía se suma ahora el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos, el agotamiento de las reservas de petróleo y la entrada en barrena de una economía de subsistencia arrasada por la falta de libertades. A oscuras noche tras noche, muchos de los familiares que siguen allá de los cubanos que viven hoy en Canarias han tenido incluso que tirar del fuego a leña o carbón para poder hacerse de comer.

Víctor Rivas, un profesor de 72 años, dejó Cuba hace muy poco, en julio de 2025. Estuvo hasta el último momento trabajando en la educación cubana, dando clases a los maestros recién iniciados. «El retroceso ha sido brutal y la educación también ha sufrido una gran involución», comenta este hombre procedente de Villa Clara, una provincia del centro de la isla, que se ha afincado en Las Palmas de Gran Canaria. «No quiero una intervención militar pero mucho me temo que el régimen no va a ceder».

«No quiero una intervención militar pero mucho me temo que el régimen no va a ceder»

Víctor Rivas

— Profesor. Lleva solo un año en Canarias

Para Víctor Rivas, «Cuba ha tocado fondo». Lo asegura con un gran dolor. «Cuando me fui ya no la conocía. Nunca habíamos estado tan mal. Son muchos años sin ver la luz al final del túnel». Dedicado toda su vida a la educación, cree que ni mil palabras describen lo que significa estar en ese páramo de desesperanza. «Por mucho que uno cuente lo que está pasando nunca se entiende hasta que lo sufres en tus propias carnes», enfatiza.

Aseguran que es duro recibir las noticias de sus familiares al otro lado del océano sobre la falta total de medios

De los 57.000 cubanos que hay en la actualidad en el Archipiélago, la segunda mayor comunidad extranjera detrás de otra que ha mantenido relaciones históricas con las Islas, la venezolana (84.000), unos 15.000 han conseguido el pasaporte español al ser descendientes de canarios. Es el caso del propio Víctor Rivas y de su hija Daly, con antepasados de Granadilla de Abona y Los Realejos. Para ella, que trabaja en Las Palmas de Gran Canaria en Correos, la clave para vencer la resistencia comunista a un cambio de modelo está en Gaesa (Grupo de Administración Empresarial SA), el conglomerado empresarial más poderoso de Cuba, propiedad y operado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y controlado por el clan Castro. «El presidente, Miguel Díaz-Canel, es un simple títere de los Castro y de Gaesa, que es propietaria de toda la isla. La cúpula de la empresa, que es la cúpula militar, maneja todos los hilos. Es precisamente con ellos con quienes está negociando Estados Unidos. Ahí está la clave».

«Hay otro problema grave en mi país: la expansión de virus que se está llevando por delante a muchos cubanos»

Daly Rivas

— Cubana que trabaja en Correos en Las Palmas

Es por eso también que una de las últimas medidas de presión de la administración Trump ha sido procesar al expresidente Raúl Castro, que sucedió a su hermano Fidel, por el derribo de dos avionetas de una organización de cooperación procedente de Estados Unidos que provocó cuatro muertos.

Daly entiende la razón por la que muchos migrantes expulsados por la falta de libertades y expectativas se niegan a hablar aún estando tan lejos de su patria. «En eso son muy buenos, en espiar a la población y hacer desaparecer a quienes tengan un discurso crítico». Esta mujer de 48 años recuerda algo que le parece fundamental y que poco se habla en estos momentos: «Ahora mismo no son solo los apagones, la falta de comida y la basura que se acumula en las calles. Hay otro problema gravísimo: la expansión de una serie de virus que se está llevando por delante a muchos cubanos».

«La principal causa de los males no es el bloqueo de EEUU; es la pésima gestión del Gobierno»

Griselle Lavandero

— Auditora. Vive en Tenerife

Y es que Cuba atraviesa una crisis de salud sin precedentes, caracterizada por la circulación simultánea de varios virus transmitidos por el mosquito Aedes aegypti, como el chikungunya, el dengue y el oropouche. Esta situación se ha visto agravada por la escasez de medicamentos, personal médico y combustible para fumigar. «No hay tratamientos, no hay medicinas, mientras se agravan las condiciones que hacen que estos virus se expandan por toda la nación, como la acumulación de basura». En este punto, Daly Rivas comenta un hecho que le relató su hermana, que también ha abandonado el país, y que muestra la verdadera crudeza de lo que está ocurriendo: «Mi hermana es doctora. Me contó una vez que solo tenían un respirador para todos los enfermos. Se veían obligados a decidir a cuál iban a salvar con el respirador. Es muy duro».

Otro caso de cubanos con raíces isleñas es el de Griselle Lavandero, una habanera de 58 años que llegó a Tenerife en 2004. Nieta de un tinerfeño de Buenavista del Norte, vino junto a su madre y su marido pero su padre se quedó allá. «La situación en Cuba es desesperante», afirma. «Los apagones ya duran más de 20 horas al día».

«La caída del comunismo está más próxima que nunca; tenemos esperanzas desde la distancia»

Jorge L. Morales

— Habanero. Llegó a Tenerife en 2004

Griselle cuenta que hay problemas para todo, incluso para que sus allegados reciban las ayudas que les envían. «Queremos que esto se acabe ya, que este sistema termine», remarca. Admite sin embargo que va a ser complicado. «El poder, concentrado en los Castro, no parece tener la menor intención de llevar a cabo avances hacia una apertura democrática». No cree que todos los inconvenientes estén provocados por el bloqueo de Estados Unidos. «La principal causa de los males de Cuba es la pésima gestión del régimen», puntualiza.

Griselle, que trabaja como auditora, prefiere la vía venezolana -descabezar al Gobierno como hizo Trump con Maduro- que una intervención armada. «Pero tiene que haber un cambio profundo», defiende mientras narra el desastre que le describen sus familiares, mucho peor de lo que ya ocurrió en los años 90 con el conocido como periodo especial, producido por la caída del bloque soviético, principalmente con la disolución de la URSS en diciembre de 1991.

«Mi familia me cuenta que la gente allá está prendiendo fuego en los pisos para poder cocinar; es terrible»

Yennifer Martín

— Llegó a las islas en 2016. Reside en Arona

¿Si finalmente se produjera ese giro tan anhelado regresaría? Griselle Lavandero lo haría, pero solo para visitar a sus familiares y amigos. Su marido, Jorge Luis Morales, un habanero de 60 años que se dedica al diseño industrial, también se vino con ella. «La caída del comunismo está más próxima que nunca y tenemos esperanza en que esta sea la definitiva», opina. No cree que si hay intervención estadounidense -el Gobierno de Trump acaba de desplegar el portaviones USS Nimitz en aguas internacionales cercanas a la isla- se vaya a producir un baño de sangre. «El Ejército cubano carece de capacidad de respuesta; no tiene medios, como en general todos los sectores y la inmensa mayoría de la población».

Ya hay 57.000 cubanos en las Islas, el segundo colectivo extranjero más numeroso detrás del venezolano

En lo que sí es experto el ejecutivo presidido por Miguel Díaz-Canel es «en meter miedo a la gente». «Lo llevan haciendo desde que llegaron al poder», matiza Morales. «Ahora están haciendo lo mismo: advertir que puede haber una matanza. Al mismo tiempo, no queda otra que sobrevivir inventado, como decimos allá».

Yennifer Martín, de 33 años, está a punto de abrir un espacio de belleza en Arona (Tenerife). Se llamará Diosas. Aterrizó en las islas en 2016. «Mi familia allá me cuenta que la gente está prendiendo fuego en los pisos para poder cocinar; es terrible». Espera que la presión de EEUU surta efecto. «Estamos desesperados, es una espera muy larga». En los diez años que lleva en Canarias no ha vuelto a Cuba. Ella y todos la añoran pero se resisten por ahora a volver. Por ahora.

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