El hombre que fumaba bajo el agua
A Manuel Fajardo Palarea no se le cuestiona. Corujo y los suyos saben que tiene un apoyo muy sólido en Madrid, y para muchos, Zapatero no es ajeno

El hombre que fumaba bajo el agua / LP / ED
Manuel Fajardo Palarea es un político inhabitual. Generalmente se espera de un político cierta actitud de énfasis, la construcción de una imagen atractiva y verosímil, ser capaz de transmitir emoción, convicción, entusiasmo, un raudal de confianza. Con Fajardo no ocurre ni jamás ha ocurrido eso. Es un político apreciado y respetado desde hace treinta y cinco años, pero ni siquiera ha mostrado interés en provocar la dosis más modesta de entusiasmo. Es moderado en todo, incluso en ser él mismo. En un artículo, Julio Camba habla de un político de la Restauración de una habilidad en la discreción tan notable que podía fumar bajo el agua. Fajardo podría mandarse un Montecristo en el suelo de la fosa de Las Marianas sin correr peligro.
El apellido Fajardo está extendido a través de varios linajes en Lanzarote desde hace siglos. En Gran Canaria hay millares de Millares célebres, famosos o conocidos; con los Fajardos conejeros pasa algo por el estilo en el campo de la empresa, el Derecho, el funcionariado o la política. Casi todas las interconectadas familias Fajardo fueron ricas o más a menudo pertenecieron a una clase media acomodada dedicada a la explotación de la tierra o al comercio. Una de las principales calles de Arrecife, incluso, es la calle Fajardo, un recordatorio que alguien apellidado González o Pérez no encontrará fácilmente. Luis Fajardo es un abogado y político socialista. Pero Manuel Fajado Feo militó en Coalición Canaria, y fue director general de Transportes, viceconsejero de Pesca y consejero de Turismo en los años noventa. Otro Fajardo conocido, tal vez el más reconocido y reconocible, ha sido Luis Fajardo Spínola, militante en el PSOE en la clandestinidad, con escaño durante las cuatro primeras legislaturas en el Congreso de los Diputados y después diputado en el Parlamento de Canarias, desde 2004 pertenece al Consejo Consultivo. Puede citarse a otros políticos y letrados relacionados con las diversas familias Fajardo, como es el caso de Francisco Hernández Spínola, exdiputado, exconsejero de Presidencia del Gobierno autónomo y actualmente consejero de Presidencia, Hacienda y Modernización del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.
Manuel Fajardo Palarea nació en Arrecife en 1960 y milita en el PSOE desde los años ochenta. Se licenció en Derecho por La Laguna y después de superar la tentación de convertirse en funcionario de la administración de Justicia (ejerció como fiscal sustituto en Lanzarote y Fuerteventura con apenas 23 años) comenzó a ejercer como abogado en 1984, abriendo su propio bufete algunos años más tarde. A Fajardo Palarea le tocaron malos tiempos para dirigir el PSOE de Lanzarote. En realidad le tocó un terremoto. Los ochenta y principios de los noventa fueron los años dorados o encebollados de Dimas Martín, el neocaciquismo democrático en acción, un populista desvergonzado con una concepción patrimonial de las instituciones que jugaba cínicamente a ser Robin Hood que robaba para los pobres, pero convirtiéndose en rico. Desde el ayuntamiento de Teguise y su Complejo Agroindustrial Dimas Martín se alzó como el factótum de la política conejera sustentado en una trama de saqueo feroz de los recursos públicos y una red clientelar que se extendió durante años y sucesivas citas electorales. Durante un tiempo Martín pudo concentrar en sus manos de trilero la presidencia del Cabildo, un escaño en el Parlamento de Canarias y un escaño en el Senado. Fajardo Palarea resultó elegido secretario general de los socialistas de Lanzarote en 1990, en pleno aquelarre dimista, ante el que el PSOE no sabía cómo reaccionar. El benévolo tiranuelo pertenecía, además, a las Agrupaciones Independientes de Canarias, que compartieron con centristas y conservadores el poder autonómico entre 1987 y 1991, aunque terminaría marchándose y encastillándose en su feudo insular.
Fue en el Cabildo Insular donde se pudo ver a Fajardo por primera vez y única contrariado y enrabietado. Después de dos años de auténtica chifladura en la corporación local, el líder socialista consiguió urdir una mayoría -el PSOE, CC y pilistas disidentes- para apartar al PP y a los leales a Dimas Martín. Pero a través de una triquiñuela fue una antigua militante del PIL, Inés Rojas, la que se hizo con la presidencia, aunque en el pacto el cargo estaba reservado a Fajardo. Aunque irritado y fastidiado, el socialista decidió salir adelante conformándose con la vicepresidencia. Tal vez por eso y aprovechando que se agudizaba la debilidad del PIL y las primeras heridas judiciales en los comicios de 2007 Fajardo decidió pactar directamente con los dimistas. Dicen que Fajardo no las tenía todas consigo. Pero la oferta de Martín -entonces en la cárcel- incluía la presidencia del Cabildo y las alcaldías de Arrecife, Tías y San Bartolomé. A cambio el prisionero solo pedía, sin duda por amor paternal, la alcaldía de Teguise para su hijo José Martín. Todo voló por los aires en menos de un año, todo, salvo la presidencia cabildicia de Manuela Armas. Dimas Martín no dejaba de conspirar y enfangar en la trena -en la cárcel de Tahíche incluso le proporcionaban una habitación cómoda pero atender y a veces hasta almorzar con los peticionarios- y la situación se volvía insostenible. El estallido del caso Unión -que fue en parte fruto de una investigación y denuncia del propio Fajardo- fue el principio del fin del dimismo y la disidencia pilista en la corporación insular hicieron el resto.
En 2008 Fajardo dejó la secretaría general. Razonablemente pensó que lo mejor era oxigenarse de la muy tóxica política lanzaroteña. Se marchó al Parlamento de Canarias. Muchos ni siquiera recuerdan que fue portavoz del grupo parlamentario socialista durante cuatro años. Lo hizo con la laboriosidad y el rigor de siempre pero eludiendo cualquier migaja de protagonismo. A veces parecía invisible. Quizás lo era. Después aprovechó la oportunidad para ser elegido senador por su isla. Jamás se ha llevado bien con la secretaria general, Dolores Corujo, que fue presidente del Cabildo, porque al parecer todo el mundo ha sido presidente del Cabildo, menos él. Pero Corujo no lo cuestiona. Primero, porque tiene una buena imagen entre las bases. Segundo, porque Corujo y los suyos saben que dispone de un apoyo muy sólido en Madrid, y para muchos, el expresidente Rodríguez Zapatero no es ajeno a ese respaldo. Desde hace años veranea en Lanzarote, donde tiene casa propia, y suele reunirse entonces con dirigente socialistas locales, entre ellos, por supuesto, Manuel Fajardo. Cuando recientemente ha provocado la atención de los medios y le han preguntado por su hijo, lo ha hecho con su templanza habitual, y nadie lo ha molestado más. Seguro que cuando le colgó al último periodista salió de casa, fue a la playa más cercana, se sumergió en el agua y se fumó un cigarrillo.
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