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El pergamino de Clío

Huelga contra las mujeres

Unas mujeres hacen un símbolo feminista con las manos durante una manifestación.

Unas mujeres hacen un símbolo feminista con las manos durante una manifestación. / Diego Radames / Europa Press

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Lara de Armas Moreno

Actualmente, solo el 38% de los jóvenes españoles se declara feminista. Parte de esta desafección se debe, en muchos casos, a una comprensión imprecisa del significado del término. Según la Real Academia Española, el feminismo se define como el principio de igualdad de derechos entre la mujer y el hombre. Sin embargo, con frecuencia se confunde con el hembrismo, concepto que describe la creencia en la superioridad de las mujeres sobre los varones.

En ocasiones, parece que las generaciones más jóvenes han olvidado el largo camino recorrido hasta que las mujeres pudieron ejercer derechos que hoy parecen tan cotidianos como trabajar, tener una cuenta bancaria o alcanzar la independencia económica. Sea como fuere, lo cierto es que, una vez más, resulta necesario volver la mirada al pasado y revisar la historia para comprender de dónde venimos.

A mediados del siglo XIX y comienzos del XX, las mujeres comenzaron a incorporarse de forma progresiva al trabajo remunerado. Con la expansión de la fabricación en serie impulsada por la Revolución Industrial, muchos empresarios advirtieron que la fuerza física ya no era imprescindible en buena parte de los procesos productivos. Esto permitió la contratación de mujeres y niñas en numerosos trabajos mecanizados. Además, su empleo resultaba especialmente atractivo para los empresarios, ya que percibían salarios considerablemente más bajos que los hombres.

En aquella época comenzaron a plantearse ciertas preguntas. ¿Debía una mujer trabajar por un salario? ¿de qué manera podía afectar el trabajo en las fábricas al cuerpo femenino y a su capacidad para desempeñar su papel maternal? La mayoría de la sociedad compartía la opinión del legislador francés Jules Simon, quien llegó a afirmar que «una mujer que se convierte en trabajadora deja de ser una mujer».

En este contexto, fueron numerosas las huelgas convocadas por trabajadores en distintas fábricas al grito de «¡Fuera las mujeres de las fábricas!». Para muchos, la presencia femenina suponía una intromisión en un espacio que consideraban propio. Otros temían que su papel tradicional como proveedores de la familia se viera amenazado, y no faltaban quienes, sencillamente, rechazaban la idea de compartir el entorno laboral con mujeres.

Un buen ejemplo fue la huelga registrada en la fábrica de chocolate catalana Amatller el 25 de mayo de 1890. En ella, los trabajadores se manifestaron contra la incorporación de mujeres que habían pasado a ocupar puestos que anteriormente desempeñaban hombres.

La huelga terminó con episodios de violencia y numerosas detenciones. Los manifestantes defendían que la mujer estaba hecha para «procrear» y no para «fabricar». Asimismo, los trabajadores alegaban su preocupación por los supuestos riesgos que el trabajo industrial podía tener para la salud femenina, especialmente durante la menstruación, la gestación o la lactancia. También denunciaban que el hecho de que las mujeres percibieran salarios más bajos que los hombres contribuía a depreciar los sueldos masculinos.

La Iglesia también intervino en el debate, argumentando que el trabajo en las fábricas podía poner en peligro el honor de las mujeres solteras, debido tanto a los códigos de vestimenta como a la supuesta falta de decoro en el ambiente fabril.

La huelga se prolongó durante aproximadamente dos semanas. No se conservan testimonios documentales que recojan la opinión de las trabajadoras, ya que muchas de ellas fueron silenciadas mediante amenazas. Lo que sí sabemos es que, pese a la oposición, las mujeres fueron incorporándose poco a poco al trabajo en las fábricas. Con el tiempo, sin embargo, la división del trabajo tendió a reproducir una jerarquía de género. Las mujeres asumieron principalmente tareas manuales más simples, mientras que los hombres ocuparon, en su mayoría, puestos de supervisión y dirección.

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