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Diputados joyeros y prosa poética grasiosera

Un momento del pleno.

Un momento del pleno. / E. D. / L. P.

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Alfonso González Jerez

Alfonso González Jerez

Santa Cruz de Tenerife

Para ser sincero: lo más interesante de la mañana en el pleno parlamentario presidido (es un decir) por la señora Astrid Pérez era una apuesta, es decir, el resultado de una apuesta. El cronista se sentó en su sitio y espero pacientemente. El comienzo de la sesión, casi como de costumbre, se demoró un poco. En estos minutos preliminares el salón de plenos parece a medias un bodorrio en un caserón de La Orotava y a medias la solemne recepción del embajador de Freedonia; por desgracia, Groucho nunca aparece. Por fin empezó la cosa y en ese mismo momento el cronista puso en marcha el cronómetro. La verdad es que quedó algo decepcionado porque hasta el minuto 43 del pleno no aparecieron las joyas encontradas en una caja fuerte en el despacho de José Luis Rodríguez Zapatero. Como cabía esperar, quien las encontró, perdón, quien la mencionó fue Juan Manuel García Casañas, el portavoz del PP. Un poco decepcionante. Sus señorías del PP estaban algo distraídos. Por lo demás a partir de entonces las joyas de Rodríguez Zapatero y su esposa fueron objetos comentados por una temblorosa indignación por el PP y Vox; simplemente no podían resistirse. En las joyas cristaliza algo pecaminoso, siempre nos advierten de un motivo inquietante, siempre se refieren a algo turbio y oscuro ajeno a ellas mismas. Las joyas significan un fabuloso recurso narrativo, como sabía Alfred Hitchcock, sobre todo al comienzo de la película. Para García Casañas son una bendición, porque lo simplifican todo. García Casañas es un hombre cordial y laborioso, pero todo lo que sea más complejo que una quesadilla se le resiste un poco.

El resto de los grupos fueron mucho más comedidos sobre el asunto, dejando al margen alguna ironía coalicionera. Los socialistas estaban preocupados, estoicamente preocupados, no como quien asiste a un entierro, sino como un grupo demasiado amplio esperando en la parada a que llegue la guagua y, claro, no pueda llevarlos a todos. Así que fueron más lacónicos y menos incisivos en ocasiones anteriores. Aun así su portavoz, Sebastián Franquis, tuvo que lidiar con su pregunta a Fernando Clavijo sobre el crucero y el hantavirus. Toda la pregunta estaba dirigida a denunciar al presidente del Gobierno por su falta de humanidad, su brutal egoísmo y su maquiavélico manejo del miedo, pero incluso Franquis sabe que nada de eso cuela. En la política canaria no existen monstruos de crueldad supina. Toda esa grandilocuencia no solo es gratuita, sino además no tiene ninguna utilidad política ni retórica. Algunas personas – esas sí que probablemente malvadas – aseguraban ayer que la pregunta sobre el crucero infectado fue una exigencia al grupo de parte del mismo Ángel Víctor Torres. Por lo demás es profundamente estúpida la insistencia en la “generosidad” del pueblo canario con ocasión del crucero fondeado en Granadilla, porque en el operativo no participaron ni la sanidad ni los servicios de seguridad de la administración autonómica. Clavijo se limitó a recordar la falta de información del Gobierno central, que llegó incluso al engaño premeditado. “Mi prioridad era y debía ser la salud de los ciudadanos canarios, y volvería a hacer lo que hice”, dijo. La cosa fue tan suave que hasta Nira Fierro, el látigo quincenal del vicepresidente Manuel Domínguez, se limitó a criticarlo con dureza, pero no se puso faltona ni nada. Sabía perfectamente por donde la saldría Domínguez: por el escándalo que abrasa al PSOE y al gobierno de Pedro Sánchez. Ahora cualquier crítica del PSOE – inteligente u obcecada, pertinente o superflua - quedará pretendidamente neutralizada con mencionar a Rodríguez Zapatero. Es un flaquísimo favor que se le hace a la democracia parlamentaria. El PP canario también se ha unido al grito de amenaza de la derecha dirigido a los socialistas: “Arderéis como en el 96”.

También Vox se calentó frente a la hoguera socialista. Su portavoz, el siempre atildado y cominero Nicasio Galván, le pidió al presidente Clavijo un listado de incumplimientos del Gobierno central con Canarias. El presidente le respondió con una paciencia que parecía acabarse por segundos que en la sesión de control se evaluaba y criticaba al Gobierno autonómico y no al Gobierno de España. Es bastante inhabitual que un presidente le recuerde a un portavoz que debe criticarlo a él y a su gestión, pero a esas cosas te obligan las insondables huevonadas de la ultraderecha. A Galván no le importó mucho ni poco la observación de Clavijo y aprovechó toda su intervención para glosar la satánica maldad de los socialistas en general y de la izquierda en general, cuyo principal objetivo es la destrucción de España y el empobrecimiento de sus ciudadanos. En cambio, para Clavijo el Gobierno central ha cumplido cerca de los dos tercios de sus compromisos con la Comunidad autonómica. Pero también insistió en dos puntos: este año Madrid debe transferir unos 340 millones de euros para cumplir con objetivos y programas acordados – no pareció especialmente esperanzado al respecto el presidente – y en segundo lugar debe aprobarse el decreto Canarias para brindar la financiación de políticas en los próximos años. Es algo complejo porque hoy no siquiera Pedro Sámchez – que es el único que puede adelantar las elecciones – sabe si el Gobierno podrá resistir hasta junio del próximo año.

Por lo demás, y sin la salsa zapaterista, el pleno cumplió su misión primordial de aburrir hasta hacer sangre. Casimiro Curbelo preguntó por las pensiones no contributivas y Luis Campos insistió otra vez en el gasto en educación y proclamó a Clavijo como “el principal enemigo de la educación pública en Canarias”. Campos es uno de los mejores diputados que ha dado el Parlamento en la última década y quizás por eso mismo uno ignora las razones por ese gusto por la grandilocuencia. Esta hechicería performativa presupone que declarar a alguien inhumano en una tribuna parlamentaria lo convierte en inhumano o proclamar que es uno (el mismo) es el mayor enemigo de la educación pública lo metamorfosea en el mayor enemigo de la educación pública. Es necesario demostrarlo con argumentos, con datos, con ejemplos concretos dotados de valor general, con contextualizar esas acusaciones en una acción de gobierno más amplia. Lo otro es más bien gandulería parlamentaria o cansancio político. Y la oposición está desprendiendo señales de cansancio cuando la legislatura enfila su último año.

Lo más estremecedor del pleno matinal, sin embargo, llegó con la aprobación del cambio en la letra del himno oficial de Canarias – el que compuso Benito Cabrera – para introducir como isla a La Graciosa. Si usted no estuvo en el pleno –creo que no – le felicito porque pocas cosas tan estremecedoras como un diputado pronunciando con la dicción de un porrón un engrudo de prosa poética. Todos fueron terribles, despiadados, crueles, pero quizás Yone Caraballo superó a todos los demás describiendo a La Graciosa como un apelotonamiento de metáforas cursis. Al final votaron todos que sí. Incluso Vox. Como si hubieran recibido ex aequo el Adonais. Aplaudieron que daba gloria verlos.  

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