Sector primario
Javier Santacruz, economista jefe del Instituto Agrícola Catalán de San Isidro y agricultor: "Recortar en fertilizantes reduce la producción por hectárea, y eso se paga"

Javier Santacruz, durante la entrevista, celebrada en el Gabinete Literario de la capital grancanaria. / J. PÉREZ CURBELO

Javier Santacruz participó este jueves en las Jornadas Canarias de Economía Circular, organizadas por Óscar Bermejo y dedicadas en su séptima edición a fiscalidad ambiental. En esta entrevista, el economista jefe del Instituto Agrícola Catalán de San Isidro y agricultor analiza el impacto que el conflicto del estrecho de Ormuz está teniendo para el mercado de los fertilizantes. La escasez de estos ha provocado incrementos de precios de entre el 50% y el 70%, con lo que los productores se ven obligados a reducir su uso. El resultado es una menor producción que acabará por trasladarse al precio final.
El campo alerta de la crisis de oferta de fertilizantes. ¿Alguien se está ocupando de esto? ¿Van a escasear las hortalizas?
Hace algo más de un mes, el Ministerio de Agricultura adoptó algunas medidas, básicamente fiscales, para reducir el coste de los fertilizantes. En realidad, se notará el año que viene al hacer la declaración. También se optó por medir inventarios y determinar la escasez que podría producirse de ciertos productos. El cuello de botella de Ormuz afecta, aparte de la energía, a los fertilizantes. No tanto porque los países de ese entorno sean productores, que hay zonas que lo son, sino porque es el área de tránsito de las principales materias primas con las que se fabrican, especialmente la urea, que es de las más afectadas, el nitrógeno y las potasas.
¿Qué capacidad de reacción tiene Europa?
No somos íntegramente dependientes, pero casi. Desde hace muchos años, la Unión Europea decidió deslocalizar la producción. Para los fertilizantes necesitas energía, fundamentalmente proveniente de combustibles fósiles, y minería. Nos hemos negado sistemáticamente a explotar esta última, a hacer algo sostenible y con sentido. A partir de esa dependencia, Bruselas ha venido a decir que los que puedan producir fertilizantes en Europa, lo hagan, pero los costes son elevados. Sí tiene sentido la apuesta por intentar generar fertilizantes orgánicos, pero existen tremendas limitaciones incluso normativas. Es el caso, por ejemplo, de los purines, problemáticos porque contaminan. Pero es que ni siquiera abundan en suficiente cantidad como para poder abastecer al mercado. El problema es muy serio y se está respondiendo con medidas muy tímidas.
Retomando. ¿Se prevén problemas de suministro?
No tanto de aquí a final de año. El problema es que el problema de Ormuz se prolongue y salte a las siguientes siembras.
"Se necesita al menos un año para solucionar los problemas que se han creado en Ormuz"
Seamos optimistas y pensemos en una resolución inminente. ¿Se despeja el panorama por completo también de manera inmediata?
No, hablamos de problemas que no se resuelven en un año.
¿Por qué?
Primero porque la mayor parte de los contratos están firmados a un año, aunque algunos, la minoría, también son a seis meses. Si ya hemos perdido tres meses desde el inicio del conflicto, ya se han incumplido compromisos de suministro. Es decir, ahora mismo tendrías que estar colocando el almacén para dentro de cuatro o cinco meses. Eso plantea un problema con el cereal de invierno y las oleaginosas; la soja y también el girasol tienen un problema serio porque necesitan una mayor fertilización, sobre todo de nitrógeno.
La reducción de la productividad de papa por hectárea alcanza en Canarias ya el 30%, según expertos a pie de campo.
Es que también para la papa y otras hortalizas son fundamentales el nitrógeno y la urea. El precio de los fertilizantes se ha incrementado entre un 50% y un 70%, hay que recortar su uso y eso conlleva una reducción del rendimiento por hectárea.

Javier Santacruz, en un momento de la entrevista. / J. PÉREZ CURBELO
¿Quién diría que son los grandes perdedores?
Todos perdemos, porque si hay una reducción de la oferta, de papa o cualquier otro producto, los precios que tenemos que pagar suben. Si hablamos en términos de grandes perjudicados, tenemos a EEUU entre ellos, pero diría que Brasil y la India son los que más acusan el golpe. Apenas tienen producción de fertilizantes. En el caso de la India y parte del Sudeste asiático, el arroz demanda muchos fosfatos. El recorte de la oferta ha generado ya incrementos de precio de los fertilizantes de entre el 50% y el 70%. Segunda cosa, no tenemos todavía un problema de suministro, pero potencialmente lo podemos tener, sobre todo cuando haya alguna ruptura de la cadena, tanto en América como especialmente en Asia, Extremo Oriente y la India.

El economista Javier Santacruz, durante la entrevista. / J. PÉREZ CURBELO
Estamos hablando de abonar, de fertilizar. ¿Qué pasa con las plagas?
Pues esa es otra parte del problema que en absoluto es menor. El mercado de los sulfatos también está afectado y China, que produce, ha cerrado ante el peligro de quedar desabastecida.
Cuando vamos a comprar, ¿qué golpe estamos asumiendo ya y qué tamaño puede adquirir este?
Donde se nota antes es en los alimentos frescos, frutas, hortalizas, verduras, carne también. Ahí es más difícil la contención. Y como pasó con la crisis inflacionista de 2022, se trata de productos que arrastran normalmente entre seis y ocho meses desde que comienza el incremento de precios, porque sus dinámicas de suministro y el encarecimiento de los costes de producción es un proceso que tarda ese tiempo en desplegar todos sus efectos. Es una de las cosas que más me preocupan. Es verdad que en esto en España es productora y exportadora, además con un superávit comercial bastante notable. El problema es que es posible que, incluso para el propio mercado nacional, tengamos problemas porque habrá que elegir cultivos que no demanden mucho fertilizante. Y como veníamos hablando con las papas, cuando sea inevitable utilizarlo, se hará en menor cantidad y caerán los rendimientos por hectárea.
Los precios del gas y el petróleo bailan al son de las proclamas de Trump. Ahora bajan pero el gas está más de un 80% más caro que al inicio del conflicto. ¿Acabaremos alegrándonos por una subida de ese tamaño?
Eso ya nos pasó en 2022 y tuvimos casi tres años de efecto escalón. Sube muchísimo y a poco que baja da la sensación de que estás mejor. Trump ha jugado muy bien esa carta porque la economía norteamericana necesita un petróleo que no esté más bajo de los 70 dólares. Ese es el umbral de rentabilidad del fracking, que junto al sector tecnológico son los que han creado empleo neto en los últimos quince años, desde que se levantó la prohibición de exportar petróleo y gas. Extraer el petróleo estadounidense cuesta mucho más que el de Arabia, Emiratos o Irán. Si Trump consigue dejar a los competidores por encima de los 70 dólares, garantiza la rentabilidad del fracking y el empleo, lo que se traducirá en votos para las elecciones de medio término que debe afrontar ahora.
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