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Esther Nieto, viñetista canaria: «Hacer viñetas supone para mí una terapia»

Profesora de profesión y artista de vocación, Nieto lleva dos años plasmando la realidad, la crítica y el humor en sus diseños en donde a través del rojo, el negro da forma a la realidad insular

La viñetista Esther Nieto

La viñetista Esther Nieto / Andrés Cruz

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Elena Montesdeoca

Elena Montesdeoca

El rojo y el negro marcan el pulso visual de su obra. También una protagonista reconocible, sin nombre propio, que funciona casi como alter ego, espejo y personaje universal. Desde ahí, Esther Nieto construye viñetas atravesadas por el humor, la reflexión y la actualidad: a veces con una mirada crítica hacia la realidad que se vive en Canarias, como ocurre con el problema de la vivienda; otras, simplemente, con la voluntad luminosa de provocar una sonrisa en quien lee. Viñetista de Gran Canaria, aunque nacida en Córdoba, Nieto vive con el corazón partido y al mismo tiempo encontrado. Desde hace años compagina cada día sus dos grandes pasiones: dibujar y ejercer como maestra de plástica en un colegio. En ambas tareas hay algo común, que es la capacidad de observar, imaginar y enseñar a mirar. Para ella, dibujar -y más concretamente hacer humor gráfico- es una forma de desconectarse del ruido del mundo para conectar consigo misma.

El dibujo ha acompañado a Nieto durante toda su vida y en casi todas sus formas. Durante años, una de sus grandes vías de expresión fue versionar cuadros famosos que le llamaban la atención, llevándolos a su propio terreno creativo. «Las tres gracias las tengo, por ejemplo, versionadas a mi estilo», afirma. Aquellas reinterpretaciones no se quedaron solo en la intimidad de su despacho, sino que también formaron parte de exposiciones y, cada año, siguen encontrando una nueva vida en los calendarios que realiza con versiones de sus obras favoritas. Con el tiempo, sin embargo, sintió la necesidad de explorar otros lenguajes. Así llegó al humor gráfico, casi como quien abre una puerta nueva dentro de una casa conocida. Fue el 14 de febrero de 2024, con una primera viñeta titulada Amor. «Era la chica protagonista de mis viñetas, que llamaba al Cupido telefónico y él le daba varias opciones para teclear en el teléfono», recuerda.

El miedo y la incertidumbre también formaron parte de aquel salto. «No sabía si iba a ser capaz», reconoce. Sin embargo, la duda pronto dio paso a una rutina creativa que mantiene desde entonces: una viñeta a la semana, a veces incluso alguna más. En ese camino, Nieto ha ido construyendo una firma visual propia, reconocible a primera vista. El rojo, el negro y una protagonista de coleta que aparece en cada una de sus piezas. «No tiene nombre, porque a veces siento que soy yo, y otras veces quiero que se reflejen los demás», subraya. Esa figura, vestida siempre igual, se ha convertido en una especie de hilo conductor de su universo gráfico. Tanto, que ya hay quien bromea con ella sobre su escaso fondo de armario. «Hay gente que me pregunta que si no tiene más en el armario», cuenta entre risas. En esa repetición deliberada, Esther Nieto ha encontrado una identidad clara: un personaje sin nombre, pero con una voz capaz de representar a muchos.

Aunque disfruta enormemente de este camino creativo, Esther Nieto tiene claro que vivir únicamente de la viñeta en Canarias es una tarea complicada. «El porcentaje de gente que vive de hacer viñetas en las islas tiene que ser mínimo, es muy difícil», asegura. Lo sabe también por el contacto directo con otros profesionales del sector: forma parte de una asociación de viñetistas de la isla y, según cuenta, la mayoría compagina esta actividad con otros trabajos. En su caso, la difusión de su obra pasa por distintas vías, ya sea exposiciones, encargos, redes sociales y ese boca a boca que sigue siendo fundamental para abrirse camino. «A veces vendes algunas obras tras las exposiciones, o tienes encargos, pero eso no te da para vivir», subraya. Aun así, Nieto continúa dibujando, consciente de que la viñeta es una pasión exigente, pero también una forma de estar en el mundo.

Las redes sociales, sin embargo, funcionan para ella como un arma de doble filo. Por un lado le permiten mostrar su trabajo, llegar a nuevos públicos y abrir una ventana directa a sus viñetas. Por otro, la obligan a convivir con cierta autocensura: la duda sobre cómo recibirá el público determinados contenidos y, también, sobre cómo reaccionará la propia plataforma. «Dibujé un día a la protagonista con el pecho descubierto, portando la bandera de Francia y con la palabra liberté. Pensé que me la iban a censurar», recuerda la viñetista. No era un temor infundado. Según cuenta, varios compañeros han visto cómo las redes sociales retiraban viñetas que, a su juicio, tenían un contenido completamente inofensivo.

A ello se suma, además, una amenaza cada vez más presente para quienes viven el dibujo como oficio: la irrupción de la inteligencia artificial. Nieto se ha formado durante años de manera autodidacta, a base de esfuerzo, constancia y muchas horas de práctica, aunque con el tiempo, cuando ya tenía más soltura, también realizó algún curso para seguir perfeccionando su técnica. «He mejorado y avanzado a base de dibujar cada día», subraya. Por eso observa con preocupación el impacto de la IA en el sector. A su juicio, esta herramienta ha contribuido a que parte del público «haya dejado de valorar el trabajo del dibujante». La contradicción, señala, está en que la inteligencia artificial puede generar imágenes rápidas y sin coste, pero difícilmente puede sustituir lo que supone dibujar para quienes aman hacerlo. En su caso, como en el de tantos creadores, el dibujo no es solo un resultado final: es un proceso, una forma de concentración y también de cuidado personal. «Para muchos es como una terapia», afirma. Y para eso, entiende, no hay inteligencia artificial que sirva.

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