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“No tienes que verte guapo, tienes que verte auténtico”: el aviso antes del Día de Canarias

La tradición canaria se cose entre generaciones, pero también se desdibuja cuando se viste sin conocer el origen ni el sentido de cada prenda

Agrupación folclórica de Santa Lucía vestidos por Carmen Delia Carrasco, artesana grancanaria.

Agrupación folclórica de Santa Lucía vestidos por Carmen Delia Carrasco, artesana grancanaria. / LP/DLP

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Briseida Viera

Briseida Viera

Las Palmas de Gran Canaria

La historia de nuestra vestimenta tradicional no empieza en una romería ni en una foto subida a redes. La moda cuenta una historia; podemos intuir cómo es una persona por su forma de vestir, y esto no es algo nuevo.

Esta ropa, antes de convertirse en símbolo, hablaba del trabajo, del clima, de la isla, de la clase social y hasta del momento vital de quien la llevaba. Cada falda, cada justillo, cada pañuelo o cada sombrero tenía un sentido. Nuestra indumentaria no es una estética vacía, sino una forma de contar quiénes éramos.

Hoy, sin embargo, algo que durante generaciones formó parte de la vida cotidiana vuelve a ocupar un lugar protagonista en las fiestas populares. Las romerías, los bailes de magos y el Día de Canarias parecen haber reactivado el interés por vestirse de canario, especialmente entre los más jóvenes.

“Me duele que la gente pida referencias para vestirse a través de una foto y que no lean los libros para saber de dónde viene”

Carmen Delia Carrasco

— Artesana de ropa tradicional en Santa Lucía

¿Será por Quevedo o por amor a Canarias?

¿Ha sido Quevedo el culpable de esta reciente popularización de nuestra ropa? ¿O es que ahora está de moda ser canario? No sabemos si ha sido el nuevo disco del grancanario o la tendencia de TikTok de enseñar los trajes de flamenca y de fallera lo que ha empujado a los canarios a hacer lo mismo.

En esta oleada de canariedad muchos internautas utilizan las redes para grabarse mientras se preparan, se colocan la falda, el fajín, el pañuelo o las pisamierdas antes de acudir a una romería o baile de magos.

Esa visibilidad tiene una lectura positiva: muestra orgullo, pertenencia y ganas de reconocerse en lo propio. Pero también deja al descubierto un problema de fondo. En gran parte de esos vídeos se repiten combinaciones poco rigurosas: prendas mal colocadas, tops, camisas modernas, vaqueros blancos cortos, pañuelos mal colocados o mezclas de épocas e islas distintas. Se quiere vestir de canario o de mago, pero no siempre se sabe de qué forma se está haciendo.

“Me duele que la gente pida referencias para vestirse a través de una foto y que no lean los libros para saber de dónde viene”, dice Carmen Delia Carrasco, una artesana grancanaria de ropa tradicional con taller en Santa Lucía de Tirajana que se muestra en contra de lo que se visibiliza en redes. La artista critica con lo que se difunde en redes sociales y lamenta la poca coherencia histórica que hoy se tiene al vestir la ropa de nuestra tierra.

Vestimenta confeccionada por Carmen Delia Carrasco para la Agrupación Folclórica de Santa Lucía.

Vestimenta confeccionada por Carmen Delia Carrasco para la Agrupación Folclórica de Santa Lucía. / LP/DLP

Esta misma idea la comparte Ricardo Reguera Ramírez, profesor, investigador y especialista en indumentaria tradicional canaria, quien remarca la proliferación de supuestos expertos. "Hay personas que hablan de indumentaria sin conocimientos, igual que otros opinan de salud sin ser médicos y meten la pata hasta atrás”, explica.

Libros publicados de Ricardo Reguera Ramírez sobre vestimenta tradicional.

Libros publicados de Ricardo Reguera Ramírez sobre vestimenta tradicional. / LP/DLP

"Tienes que verte auténtico, no guapo"

Carrasco señala que el problema reside en que, a menudo, se prioriza la estética sobre el respeto a la tradición. La fiesta, la comodidad o las ganas de verse bien terminan imponiéndose al valor patrimonial de una indumentaria que no nació para adornar, sino para servir a una función. “Van a la fiesta para beber y pasarlo bien y se olvidan de lo que es tradición”, expresa. Su reflexión añade que, aunque entiende que lo importante es la participación, deberían existir ciertas normas.

En la misma línea, Reguera sostiene que el debate no reside en si una persona se ve más o menos favorecida, sino en si respeta lo que lleva puesto. "Debemos hacer la reflexión de que no nos tenemos que ver guapos, tenemos que vernos auténticos", defiende.

Tradicional no es lo mismo que típico

Uno de los puntos clave es diferenciar entre traje tradicional y traje típico. Ambos profesionales insisten en que no son conceptos intercambiables. Reguera explica que "el traje tradicional se vincula a las formas históricas de vestir, a la ropa que usaban las personas según su época, oficio, isla, clase social o circunstancia".

En cuanto a materiales, Carrasco comenta que en el pasado primaban los tejidos de seda o de lana, las enaguas de lino y los colores sobrios, alejados de los tonos estridentes.

Vestimentas siglos XVIII y XIX de la isla de Gran Canaria.

Vestimentas siglos XVIII y XIX de la isla de Gran Canaria. / Fedac

El traje de Néstor: la frontera entre el arte y la historia

El traje típico, por el contrario, suele ser una reinterpretación posterior; un diseño nacido para convertirse en símbolo o representar a un colectivo, como ocurre con el vestuario de muchas agrupaciones folclóricas. El paradigma de esta distinción es el emblemático traje de Néstor en Gran Canaria. Esta pieza artesanal representa el ejemplo más nítido para entender que lo «típico» no siempre coincide con lo «tradicional»: aunque su valor identitario es indiscutible, no es una reproducción fiel de la vestimenta antigua de la isla.

De hecho, el Fondo para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía Canaria (FEDAC) aclara que a Néstor Martín-Fernández de la Torre “no le interesaba ser fiel a la realidad canaria", sino crear un modelo estético modernista que, con el tiempo, acabó consolidándose como la imagen representativa de Gran Canaria.

Este caso invita a una reflexión más profunda: no todo lo que hoy se etiqueta como traje típico refleja cómo vestía realmente la población canaria en el pasado. En el armario del patrimonio insular conviven prendas históricas con recreaciones, símbolos y reinterpretaciones posteriores que, aunque valiosas, responden a fines más estéticos que documentales.

Foto de Néstor con dos modelos llevando sus trajes.

Foto de Néstor con dos modelos llevando sus trajes. / LP/DLP

¿Por qué nos estamos poniendo mal los trajes?

Para Carmen Delia, la raíz del problema es el desconocimiento, y la solución es la educación. Considera necesario que colegios, instituciones y autoridades expliquen de dónde viene la ropa tradicional, cómo se coloca y qué sentido tiene cada prenda. No se trata de imponer, sino de transmitir.

Reguera coincide y reclama “un mayor esfuerzo, empezando por las instituciones”. Propone charlas en colegios, asociaciones vecinales y agrupaciones folclóricas para que la ciudadanía entienda que vestir de canario no consiste simplemente en ponerse una falda o un chaleco.

La tradición vuelve a las calles y a las redes, pero no basta con llevarla con orgullo; hay que hacerlo con respeto y conocimiento

¿Qué no debe faltarnos al vestirnos con el traje de romero o de mago?

Todo es importante a la hora de ponernos la ropa que nos identifica, además que eso nos ayuda a darle valor al trabajo artesanal que hay detrás de muchas piezas confeccionadas a mano. "Una falda son 30 horas de trabajo", aclara Carmen Delia, por lo que se debe cuidar el detalle para no desprestigiar el oficio.

Ricardo cuenta que para él no pueden faltar los tocados y todo lo que se lleve en la cabeza, ya que ahí es donde se aprecian las mayores diferencias entre las islas y lo que aporta mayor valor al traje completo. No obstante, también coincide con la artesana en que todo es necesario.

Vestirse de canario no es solo recuperar una imagen del pasado, sino entender la historia que hay detrás de cada tejido. En un momento en el que la tradición vuelve a las calles y a las redes no basta con llevarla con orgullo; hay que hacerlo con respeto, conocimiento y autenticidad.

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