La inteligencia artificial y la formación en Bellas Artes: un reto ineludible
La IA no aparece como un fin en sí mismo, sino como un medio dentro de un proceso más amplio de aprendizaje, servicio y responsabilidad social

Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna / La Provincia
Bernardo A. Candela
La inteligencia artificial ha entrado de lleno en nuestras vidas. Y, muchas veces, lo ha hecho de una forma imperceptible: cuando el email nos sugiere una respuesta, cuando una plataforma nos recomienda una película, cuando una aplicación traduce un texto, mejora una fotografía, organiza una ruta o nos ayuda a buscar información. Incluso este mismo artículo, o una parte de él, podría haber sido escrito, corregido o reformulado con ayuda de una de estas herramientas. En el ámbito de las artes no ha sido diferente. La IA ha llegado también a los talleres, a las aulas, a los estudios de diseño y a los laboratorios de conservación y restauración de bienes culturales. Lo ha hecho deprisa, con entusiasmo en algunos casos y con preocupación en otros. Pero, más allá del primer impacto, la pregunta importante no es si la IA formará parte del futuro de las artes, del diseño y de la conservación y restauración del patrimonio, sino cómo queremos que forme parte ya de este presente.
En Bellas Artes, una artista puede hoy dialogar con un sistema generativo para explorar imágenes, composiciones o variaciones formales que después deberá seleccionar, cuestionar y transformar desde una intención propia. En diseño, un profesional puede apoyarse en la IA para ordenar información, analizar referentes, generar primeras propuestas visuales o simular aplicaciones de una marca gráfica, aunque la decisión final siga dependiendo del criterio profesional, la responsabilidad comunicativa y la adecuación al contexto. En conservación y restauración de bienes culturales, estas tecnologías pueden contribuir al análisis de imágenes, la documentación de procesos, la identificación de patrones de deterioro o la organización de datos, siempre como apoyo al conocimiento técnico y nunca como sustitución del juicio experto.
No hablamos de escenarios futuristas. Forman parte ya del presente laboral de artistas, diseñadores y conservadores y restauradores. Por eso, desde la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna entendemos que esta transformación no puede abordarse sólo como una novedad tecnológica. Es, ante todo, un reto formativo y profesional. La IA no es únicamente un recurso capaz de generar imágenes, textos, modelos o soluciones visuales. Es también un fenómeno cultural, de impacto en los procesos de trabajo, que nos obliga a preguntarnos qué significa crear, cómo aprendemos, quién firma una obra, cómo se protege la propiedad intelectual, qué sesgos reproducen los sistemas digitales y de qué manera podemos poner estas tecnologías al servicio de la sociedad en la actualidad.
Nuestra posición no es la fascinación acrítica ni el rechazo defensivo. La IA puede mejorar procesos, ofrecer una enorme versatilidad, abrir nuevas posibilidades expresivas y convertirse incluso en un nuevo lenguaje artístico. Pero también plantea retos importantes sobre los derechos de autor, el uso de datos, la homogeneización de los imaginarios visuales y la responsabilidad de quienes la utilizan. Desde la Facultad sabemos que estas cuestiones no se resuelven con respuestas simples. Las vemos cada día en las aulas, en los talleres y en los laboratorios, cuando el estudiantado experimenta con nuevas herramientas y, al mismo tiempo, aprende a ponerlas en duda. Esa es, precisamente, una de las funciones de la universidad: ayudar a comprender estas tecnologías, utilizarlas con solvencia y cuestionarlas cuando sea necesario.
Para una universidad pública, atender a los avances científicos y tecnológicos no es una opción, sino una responsabilidad social. En este sentido, la Universidad de La Laguna impulsa proyectos de innovación educativa orientados a mejorar la calidad de sus enseñanzas, revisar las prácticas docentes y favorecer aprendizajes más activos, críticos y conectados con la realidad profesional.
Los proyectos de innovación docente que se están desarrollando en nuestra Facultad muestran una dirección clara. No se trata de incorporar la tecnología por moda, sino de integrarla allí donde pueda mejorar la formación, ampliar la experiencia educativa y preparar mejor al estudiantado para los desafíos de su tiempo.
Canarias necesita artistas capaces de imaginar nuevos lenguajes sin perder de vista su territorio; profesionales del diseño que respondan a las necesidades de su entorno con creatividad y responsabilidad social; y conservadores y restauradores preparados para preservar el patrimonio con conocimiento técnico, ética y apertura a los medios contemporáneos. Necesita, en definitiva, una universidad pública que forme a estos profesionales desde la innovación, el pensamiento crítico y el compromiso con la sociedad.
Nuevos lenguajes
La IA está modificando nuestra relación con las imágenes y con la representación. Permite explorar, construir escenarios, mezclar referencias, simular estilos y abrir caminos inesperados. Para algunos artistas puede funcionar como apoyo metodológico; para otros, como espacio de experimentación; y para otros, como un lenguaje en sí mismo. No es la primera vez que ocurre algo así. Salvando todas las distancias, también la fotografía, el vídeo, la imagen digital o la realidad virtual provocaron en su momento debates y resistencias, para hoy formar parte natural de la creación artística. Lo verdaderamente importante nunca ha sido la herramienta por sí sola, sino la capacidad artística de darle sentido.
En la Facultad trabajamos precisamente en ese encuentro entre tradición, tecnología y pensamiento crítico. Un ejemplo de ello es el proyecto Procesos de enseñanza y aprendizaje del dibujo asistidos por entornos digitales 3D e Inteligencia Artificial, desarrollado en el Grado en Bellas Artes por el profesor Esteban Manuel Amador García. Esta iniciativa explora cómo los entornos digitales 3D y la IA pueden acompañar el aprendizaje del dibujo, no para sustituir la observación directa, la práctica manual o el pensamiento visual, sino para ampliar los procesos de comprensión espacial, representación y experimentación.
Velocidad y criterio
En el ámbito del diseño, la IA acelera fases de investigación, facilita la generación de alternativas, permite visualizar posibilidades con rapidez, ayuda a adaptar mensajes y puede mejorar determinados procesos técnicos. Lo que antes requería una larga secuencia de pruebas puede resolverse ahora en menos tiempo. Pero esa velocidad no debe sustituir el análisis de los resultados. Y ahí conviene recordarlo: no todo vale.
El buen diseño gráfico no consiste en producir muchas opciones, sino en tomar buenas decisiones. Implica comprender necesidades, formular problemas, ordenar información, construir sistemas visuales, cuidar la legibilidad, atender a la accesibilidad y valorar el impacto social de las soluciones propuestas. La IA puede sugerir, combinar y acelerar, pero no conoce por sí misma la complejidad de una comunidad, la historia de una institución, los códigos culturales de un territorio o las implicaciones éticas de una decisión visual.
El diseño gráfico, por ejemplo, tiene una función profundamente social y cultural. Acompaña a empresas, instituciones, entidades sociales, culturales y educativas. Contribuye a construir identidad, mejorar la comunicación pública, hacer visibles causas y generar vínculos entre organizaciones y ciudadanía. Por eso, incorporar la IA al diseño no puede significar producir imágenes de forma automática o acrítica. Debe significar formar diseñadores y diseñadoras capaces de utilizar estos recursos con responsabilidad y conocimiento del entorno.
Un proyecto que ejemplifica esta orientación es Inteligencia Artificial y Aprendizaje-Servicio para la creación y desarrollo de marcas gráficas para entidades sociales de Canarias, desarrollado en el Grado en Diseño por la profesora Noa Real García. Esta iniciativa vincula la innovación tecnológica con el compromiso social. El estudiantado aprende a utilizar herramientas de IA en procesos de creación de identidad visual, pero lo hace en diálogo con entidades reales, atendiendo a sus necesidades, valores y contextos.
Este enfoque evita una enseñanza puramente instrumental e incide en una formación aplicada, con impacto en el territorio. La IA no aparece como un fin en sí mismo, sino como un medio dentro de un proceso más amplio de aprendizaje, servicio y responsabilidad social.
Patrimonio artístico
La conservación y restauración trabaja con bienes culturales únicos, frágiles y cargados de memoria. No se trata únicamente de aplicar una técnica eficaz. Se trata de respetar criterios de mínima intervención, reversibilidad, compatibilidad de materiales, autenticidad, documentación rigurosa y responsabilidad patrimonial. Una intervención sobre un bien artístico-cultural requiere juicio experto, conocimiento técnico y conciencia ética.
En este campo, la IA puede contribuir al análisis de imágenes, a la comparación de estados de conservación, a la identificación de patrones de deterioro, a la gestión documental, a la investigación de materiales o a la planificación de intervenciones. Ahora bien, este ámbito exige especial cautela. La IA debe entenderse siempre como un apoyo al criterio profesional, nunca como una instancia autónoma de decisión.
También aquí la Facultad desarrolla proyectos de innovación docente que incorporan tecnologías emergentes a la formación del estudiantado. Uno de ellos es Innovalia: diseño y ejecución autónoma de prácticas de laboratorio de química con IA, desarrollado en el Grado en Conservación y Restauración de Bienes Culturales por el profesor Alejandro Pérez Olivares. Esta iniciativa muestra cómo la IA puede incorporarse a la enseñanza de contenidos científicos aplicados a la conservación-restauración, especialmente en prácticas de laboratorio de química.
Otro ejemplo es Innovación docente mediante impresión 3D para el aprendizaje activo del soporte papelero, desarrollado en el mismo grado por la profesora Elisa María Díaz González. Aunque su eje principal es la impresión 3D, este proyecto se inscribe en un ecosistema más amplio de tecnologías digitales aplicadas a la docencia, la simulación, la comprensión material y el aprendizaje activo. Permite al estudiantado aproximarse de manera más tangible y experimental a la estructura de los soportes, sus características y posibles deterioros.
Formar profesionales
Como muestran estos ejemplos, nos encontramos ante un reto que ya no puede aplazarse. Desde nuestra Facultad entendemos que formar con IA no significa únicamente enseñar a utilizar aplicaciones. Significa aprovechar los avances tecnológicos para educar en un uso responsable, con capacidad de decisión. Significa ayudar al estudiantado a comprender las posibilidades de estas tecnologías, pero también sus límites, sus riesgos y sus implicaciones culturales, sociales y profesionales.
Las herramientas que hoy están, cambiarán. Y más aún en un mundo que avanza a gran velocidad. Algunas de las aplicaciones que hoy nos sorprenden quizá quedarán obsoletas en pocos años. Por eso, la formación universitaria no puede reducirse al aprendizaje de un programa, una aplicación, plataforma o técnica determinada. Debe centrarse en competencias más profundas: capacidad crítica, documentación e investigación, ética profesional, conocimiento y comprensión de los procesos y responsabilidad social hacia el entorno.
Sabemos que la IA puede ampliar nuestras capacidades, acelerar procesos y abrir nuevos lenguajes. Pero la tarea de resolver problemas, cuidar el patrimonio, crear arte y cultura e imaginar futuros sigue siendo profundamente humana. Ese es, precisamente, el compromiso de una Facultad de Bellas Artes pública: formar profesionales capaces de habitar su tiempo con creatividad, responsabilidad y una mirada crítica situada en Canarias.
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