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Familias que conservan la canariedad en la diversidad: "Nada más llegar sentimos que era nuestra casa"

Las familias García Claverie, Dodi, Méndez Borges, Quintero Casañas y Pérez Pereyra comparten sus historias de arraigo y preservación cultural en las Islas

Familia Pérez Pereyra.

Familia Pérez Pereyra. / Andrés Gutiérrez

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Santa Cruz de Tenerife

Con ocho apellidos canarios o con raíces llegadas de otros puntos del mundo, las familias isleñas son hoy reflejo de la diversidad de un Archipiélago que ha construido su identidad a partir de las influencias recibidas durante más de cinco siglos. Las tradiciones siguen muy presentes en muchos hogares, aunque cada familia las vive a su manera, enriqueciendo así la canariedad.

La familia García Claverie

Tenerife

Por las venas de los García Claverie corre sangre canaria, pero también francesa, vasca, madrileña y gallega, entre otras procedencias. Los matrimonios de las siguientes generaciones han ido ampliando la mezcla de esta familia tinerfeña que aprovecha cualquier excusa para endulzarse la vida con las recetas tradicionales.

La familia García Claverie resume varias generaciones de mezclas culturales que terminaron formando parte de la identidad tinerfeña. En su árbol familiar conviven raíces francesas, madrileñas, gallegas, vascas y portuguesas que, con el paso de los años, acabaron integrándose por completo en Canarias. Mercedes García Claverie recuerda que su bisabuelo llegó desde un pueblo francés fronterizo con España para abrir en Tenerife un bazar. El padre de Mercedes, con raíces abulenses y madrileñas y militar de carrera, acabó destinado en la isla «de casualidad» y conoció, al ir a comprarse un reloj al local, a su madre.

La vida de la familia García Claverie siempre ha estado marcada por ese constante ir y venir. Dos de los hermanos de Mercedes nacieron en Tenerife; otra, en Segovia; y ella, en Gran Canaria. Y los matrimonios fueron ampliando la mezcla familiar entre canarios, portugueses y peninsulares. También los de sus hijas.

Aunque en casa no son de romerías, las tradiciones siempre han estado muy presentes alrededor de la mesa. Las recetas familiares, heredadas sobre todo de la época que vivieron en La Palma, siguen siendo parte esencial de cada encuentro. Cualquier excusa es buena para reunirse y compartir unos buenos huevos mole o un puchero canario casero.

Familia García Claverie

Familia García Claverie / Andrés Gutiérrez

Familia Dodi

Tenerife

De Bolonia a las Américas. La familia de Marcello Dodi encontró en Tenerife el lugar al que querían llamar hogar. Después de invertir en el sector inmobiliario y turístico, la familia también creció y se siente plenamente integrados en la isla. Algo a lo que asegura ha favorecido el respeto por Canarias y su propia cultura.

Marcello Dodi encontró en Tenerife un lugar donde construir un futuro sin sentirse demasiado lejos de casa. Llegó en 2011 desde Bolonia, en el norte de Italia, junto a su mujer, Lisa, y su hija Michele, que entonces apenas tenía un año. La idea inicial era invertir, pero también empezar una nueva etapa. No querían seguir en Italia y un amigo les habló de Canarias como un destino seguro, cercano y con la tranquilidad de contar con sanidad europea. «Nada más llegar sentimos que era nuestra futura casa», recuerda.

En apenas una semana ya habían comprado algunas propiedades y lo que comenzó como un proyecto de inversión fue creciendo con el tiempo. Marcello, que se define como un «alma inquieta», acabó desarrollando distintos negocios vinculados al sector inmobiliario y la hostelería.

En Tenerife también creció la familia. Hoy Michele tiene 16 años, mientras que Sophie 11 y Carlotta 9 nacieron en Tenerife. Las niñas han hecho del Archipiélago su lugar natural y sienten Canarias como parte de su identidad. «Hablan más español que italiano y entre ellas casi más canario que español», comenta. La familia participa en fiestas populares y celebraciones locales, muchas veces a través del colegio, al tiempo que conserva algunas costumbres italianas. Marcello asegura que siempre se han sentido bien acogidos y cree que el respeto por la tierra y por quienes la habitan ha sido fundamental para integrarse.

Familia Dodi

Familia Dodi / Andrés Gutiérrez

Familia Méndez Borges

La Gomera

Un proyecto familiar de cocina con arraigo que ha acabado convirtiéndose en emblema gastronómico de La Gomera. La familia Méndez Borges vive la canariedad a través de su restaurante Casa Efigenia, un lugar de peregrinación para todos los que quieren probar las auténticas comidas del recetario tradicional.

La familia de Sergio Méndez Borges siempre ha estado profundamente arraigada a la zona de medianías de La Gomera. Su madre nació en Arure y su padre en Las Hayas, un enclave donde la vida siempre ha estado ligada al campo y a la tradición rural y se acabó estableciendo el matrimonio para criar a sus cuatro hijos. En la casa familiar existía una pequeña ventita donde se vendía de todo: desde productos básicos hasta tabaco a granel, petróleo o alpargatas de esparto. Con el tiempo, aquel espacio fue evolucionando cuando su madre comenzó a ayudar en el negocio tras casarse con su padre, agricultor y ganadero, incorporando también pequeñas comidas caseras.

Ese fue el origen de lo que hoy es Casa Efigenia, emblemático restaurante de La Gomera y lugar de peregrinación para quienes quieren probar la auténtica cocina tradicional de la Isla. Detrás de este legado está Efigenia, madre de Sergio, y figura clave en la conservación de la cocina tradicional gomera, y una historia familiar marcada por el esfuerzo y el arraigo. Hoy, Sergio –el menor de sus cuatro hijos– es quien lleva las riendas del restaurante y de Efigenia Natural, dando continuidad a un proyecto que nació de una pequeña tienda de pueblo y que se ha convertido en uno de los referentes gastronómicos de La Gomera.

Familia Méndez Borges

Familia Méndez Borges / Andrés Gutiérrez

Familia Quintero Casañas

El Hierro

La familia Quintero Casañas tiene una larga tradición artesana que se ha perpetuado hasta las nuevas generaciones. Naturales de Sabinosa, en El Hierro, siempre reivindican la esencia de la Isla del Meridiano, porque han sido testigos de los cambios que se han ido produciendo con el paso de los años.

La historia de esta familia herreña de Sabinosa está profundamente ligada a la vida rural y a la artesanía tradicional. Los Quintero Casañas han mantenido durante generaciones un vínculo estrecho con el campo y los oficios artesanos. Los padres de Blanca se han dedicado toda la vida a la artesanía y a las labores del campo. Su padre trabajaba la madera, las chácaras y otros elementos tradicionales, mientras que su madre es tejedora, herencia directa de una familia en la que su abuela hacía traperas y su abuelo era cestero. Blanca también ha heredado este espíritu artesano y hace macramé. Su vida se ha desarrollado entre el trabajo, el cuidado de su madre y la crianza de sus tres hijos, a los que sacó adelante sola. «Hemos sido una familia humilde, pero honrada», resume.

Salió con 18 años a Tenerife para buscarse la vida, se casó con un gomero y más tarde regresó a El Hierro, donde ha vivido la mayor parte de su vida. Asegura que son una familia muy vinculada a las tradiciones y se ha encargado de transmitirles estos mismos valores a sus hijos. En la cocina defiende lo canario: potaje, puchero o papas con costillas, además de su mojo de queso casero, receta heredada de su abuela. Su vida, marcada por el esfuerzo y el cambio, refleja también la transformación de El Hierro, donde han desaparecido prácticas como el trueque y han cambiado las relaciones vecinales.

Familia Quintero Casañas.

Familia Quintero Casañas. / Andrés Gutiérrez

Familia Pérez Pereyra

La Palma

La vida de barrio, la cercanía y la sencillez es lo que más añora la familia Pérez Pereyra de La Palma de décadas atrás. Naturales de El Paso son una familia pequeña para aquella época en la que María del Cristo fue hija única. Son defensores de la canariedad a través de la lucha canaria y el recetario tradicional

La familia Pérez Pereyra ha vivido muy ligada al municipio palmero de El Paso. María del Cristo –o solo Cristo como la conoce todo el mundo– es hija única, una realidad familiar no demasiado habitual durante su infancia. Y como tantos palmeros la suya es una historia de ida y vuelta. Se trasladó a Tenerife con la intención de estudiar Derecho, aunque volvió sin finalizar la carrera. Desde muy pequeña atiende y convive con su madre invidente y creció en un entorno humilde y muy familiar.

Casada desde hace 33 años, tiene tres hijos y un nieto al que define como «la alegría de la casa». Compaginó durante años la vida familiar con una empresa vinculada al sector primario junto a su marido, técnico agrícola, y más tarde retomó la vida laboral con trabajos en el Ayuntamiento.

Defensora de la vida de barrio y de las tradiciones, recuerda una infancia de juegos en la calle y estudios en una escuela unitaria, en la que también matriculó a sus hijos para evitar su desaparición.

Asegura que la familia siempre ha estado muy vinculada a la cultura canaria. Su marido fue luchador, afición que inculcó a alguno de sus hijos. En la cocina, siempre lo tradicional: gofio escaldado, mojo y papas, piñas y costillas no faltan en su mesa. De la Canarias de antes echa de menos la tranquilidad de los barrios, la vida sencilla, la cercanía de las tiendas de siempre. «Siempre les digo a mis hijos que compren lo de aquí y no tanto por internet», alega.

Familia Pérez Pereyra.

Familia Pérez Pereyra. / Andrés Gutiérrez

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