Padylla, el activismo social hecho con humor diario
José Luis Padilla, aunque Canarias lo conoce por sus viñetas como Padylla (Las Palmas de Gran Canaria, 1976), es un profesional de dualidades fascinantes: ingeniero de organización en el Cabildo grancanario por la mañana y centrifugadora de sátira por la noche. El niño que en el colegio prefería un lápiz para dibujar a un balón ha terminado construyendo, durante más de tres décadas, una crónica ácida de las Islas con más de 10.000 viñetas a sus espaldas. Galardonado con el Premio Canarias de Comunicación 2026, Padylla no se limita a dibujar caricaturas, sino que ejerce un activismo social que transforma la actualidad en afiladas viñetas, una herramienta para tirar de las orejas al poder y despertar el espíritu crítico de la sociedad

El ilustrador José Luis Padylla / José Pérez Curbelo
José Luis Padilla, conocido como Padylla, ha sido galardonado este año con el Premio Canarias de Comunicación, el primer viñetista que recibe esta distinción. El humorista gráfico de LA PROVINCIA y EL DÍA, cabeceras de Prensa Ibérica, describe a sus viñetas como un artículo de opinión escrito, un activismo diario de denuncia social. Con su humor persigue generar un espíritu crítico en la sociedad y concienciar sobre problemas que considera injustos o insolidarios en Canarias.
La infancia de Padylla (Las Palmas de Gran Canaria en 1976) no se desarrolló en los campos de fútbol, pues se confiesa un «negado» total para los deportes, sino entre las páginas de los periódicos que su padre, José Luis Padilla, traía a casa. Aunque su progenitor no era periodista de profesión, colaboraba en El Eco de Canarias en la sección de deportes y realizando entrevistas. Ese contacto diario con la prensa impresa fue el caldo de cultivo donde Padylla empezó a «devorar» la actualidad, aunque siempre fijando su mirada en un rincón específico: la viñeta.
Mientras otros niños soñaban con ser futbolistas, Padylla pasaba horas con un lápiz en la mano, leyendo los cómics de la editorial Bruguera, entre otros. Su etapa escolar fue fundamental para forjar su estilo. En el colegio, Padylla ya demostraba su capacidad para captar la esencia de los demás a través del dibujo. Creaba composiciones con los motes de todos sus compañeros de clase, dibujos que hoy en día muchos conservan como tesoros de una época donde, según bromea el autor, no existía el riesgo de expedientes por tales ocurrencias. Pero no solo los alumnos eran blanco de su lápiz; los profesores también eran caricaturizados, en cómics «clandestinos» que circulaban por el instituto.
‘Súper Orlando’
Fue en el Colegio Claret donde Padylla encontró a una de las personas clave en su vida: su profesor de dibujo, Orlando Auyanet. A pesar de que la asignatura se centraba en el dibujo lineal, el docente supo ver el talento narrativo y satírico de aquel alumno que lo dibujaba como un personaje de un cómic: «Super Orlando». Este profesor fue uno de los que más le animó a seguir dibujando, un gesto que Padylla valora profundamente, especialmente después de que el maestro contactara con él décadas después tras el anuncio del Premio Canarias para recordarle aquellas primeras viñetas que aún conserva y de las que le envió copias de recuerdo.
Treinta años de crónica diaria, más de 10.000 viñetas, Padylla es una centrifugadora mental dedicada al activismo social y al artículo de opinión dibujado
Tras su paso por el Claret, terminó el bachillerato en el Instituto Pérez Galdós, donde continuó colaborando en revistas escolares de forma autodidacta. Al finalizar el instituto, la vocación creativa de Padylla se enfrentó al pragmatismo familiar. Aunque deseaba estudiar Publicidad, la carencia de esta carrera en las islas y el miedo de sus padres a que se «muriera de hambre» lo empujaron hacia un camino más técnico. Siguiendo los pasos de su mejor amigo, se matriculó en Ingeniería Industrial (rama de Organización).
Durante su primer año de carrera, en 1995, Padylla se encontró en una encrucijada. Tenía asignaturas pendientes para septiembre, pero en lugar de estudiar cálculo o física, su mente se convirtió en una «centrifugadora» de la realidad nacional. Era una época convulsa en España: los escándalos del GAL, Roldán y Filesa dominaban las portadas de periódicos nacionales. Aquel clima de corrupción y tensión política despertó en él una necesidad imperiosa de denuncia irónica, realizando cerca de 30 viñetas sobre la actualidad nacional.
Animado por sus amigos y su entorno, decidió presentar esos dibujos a un nuevo periódico que estaba naciendo en la avenida Marítima: La Gaceta de Las Palmas. Allí, bajo el padrinazgo de Nicolás Cruz, Padylla publicaría su primera viñeta, en septiembre -octubre de 1975, gestada con una temática local. En ella retrató al entonces alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, José Manuel Soria, aprovechando el enorme parecido físico, con el característico bigote y las formas de hablar, que este tenía con José María Aznar, y los presentó prácticamente como «clónicos». Esta viñeta tuvo mucho éxito gracias al «boca a boca» de la época, ya que en ese momento no existían las redes sociales para medir el impacto de otra manera, y ahí se percató que los temas locales tenían un gran potencial frente a los nacionales. Y fue entonces cuando nacieron sus ‘musas’, los políticos, y también sus ‘víctimas’, como remarca el humorista medio entre risas.
Musas y víctimas
Si hay algo que define la carrera de Padylla es su capacidad para captar la psicología del poder a través de un trazo que evoluciona con el personaje. No le importa tanto la precisión de sus dibujos como el humor irónico o ácido de denuncia, de activismo social. Con la viñeta que le hizo a José Manuel Soria se encontró con un filón de «animales políticos» canarios como Manuel Hermoso, José Carlos Mauricio, Jerónimo Saavedra, Lorenzo Olarte, Román Rodríguez o José Miguel Bravo de Laguna. Según el autor, eran mucho más divertidos que los actuales por el «compadreo» y las personalidades tan fuertes que daban un juego constante.
Sin embargo, su «musa preferida» fue Paulino Rivero. Padylla recuerda los años de Rivero como una época dorada en la que el presidente le regalaba noticias diarias, a veces descabelladas: desde su obsesión por la televisión autonómica hasta el uso del helicóptero para desplazarse entre islas, pasando por la famosa «guanchancha» o sus constantes pleitos con Madrid. Aquellas viñetas tenían un impacto enorme porque el personaje era cercano y generaba humor por sí solo.
El trato con los presidentes más recientes ha sido distinto pero igualmente fructífero. A Ángel Víctor Torres lo bautizó como el «presidente de las desgracias», debido a que su mandato estuvo marcado por el covid, el cero turístico, el volcán de La Palma o los incendios. Padylla lo dibuja con sus icónicos «tres pelos» y un aspecto algo desaliñado. Aunque a Torres no le gusta verse «feo», y así se lo dijo cuando lo felicitó por el Premio Canarias, el autor sostiene que termina siendo un personaje entrañable.
Con Fernando Clavijo, el elemento inseparable es su «mochilita». Padylla recuerda lo prolíficas que fueron sus viñetas durante la etapa del primer pacto de Clavijo con Patricia Hernández (PSOE), a los que describe como «el aceite y el vinagre», porque se notaba que no pegaban en absoluto. Clavijo es un apasionado de los cómics y las viñetas. Fue el que lo llamó para comunicarle el Premio Canarias y de paso decirle que no compartía una de las últimas, comenta con risas el dibujante. Sus ‘musas’ son por tanto los personajes que dan juego a su creatividad, y considera hay políticos un poco «sosos» que no le inspiran.
¿Se toman bien las bromas? «Sí, en general les gusta salir en las viñetas», afirma. Esta presencia en el humor gráfico parece funcionar como un indicador de su relevancia pública, ya que incluso cuando se les retrata de forma ácida, prefieren esa visibilidad a la inexistencia mediática, sostiene. Hasta algunas las han mostrado en el Parlamento canario.
Los políticos son las «musas y víctimas» de sus ilustraciones cómicas, en las que busca «tirar de las orejas» al poder en temas sociales para que se pongan las pilas
Cuatro niños
El proceso creativo de Padylla es un acto de malabarismo diario. Por la mañana cumple con su faceta de funcionario en el Cabildo de Gran Canaria, donde trabaja en la organización de la corporación. Entre viñeta y viñeta, terminó la carrera de ingeniero industrial. Por cierto, también retrata a su ‘jefe’, el presidente de la corporación gracanaria, Antonio Morales, quien, en particular, no suele decirle nada negativo sobre sus dibujos, afirma el humorista. De hecho, le dio la enhorabuena personalmente tras recibir el Premio Canarias. Morales aparece de vez en cuando porque como sus viñetas se publican en medios de alcance regional (LA PROVINCIA y EL DÍA), suele centrarse más en temas de interés para todo el archipiélago que en asuntos locales de Gran Canaria, explica Padylla. Por ello, cuando Morales protagoniza alguna viñeta, suele ser por sus enfrentamientos con Fernando Clavijo o por cuestiones de política regional que lo involucran. Considera que su misión es denunciar la mala gestión de los políticos en general, sin que su condición de funcionario limite su capacidad crítica.
A primera hora antes de ir a trabajar ya empieza a nutrirse de la actualidad diaria con un repaso a los medios de comunicación, manteniendo la mente en alerta para detectar el tema del día. Al salir del Cabildo, comienza lo que él llama la «centrifugadora» mental: mientras cuida de sus cuatro hijos pequeños (la mayor de 12 años y la pequeña de 7), su cabeza no deja de dar vueltas a la noticia seleccionada para buscarle el enfoque más agudo e irónico.
Activismo social
Padylla confiesa que el reto en Canarias es que, a diferencia de la política nacional donde hay un tema único, en las islas cada medio abre sus portadas con una noticia distinta, lo que le obliga a estar muy atento para no perder el pulso de la calle. El dibujo final nace de noche, cuando el silencio vuelve a casa y puede volcar en el papel toda la opinión que ha ido «masticando» durante el día. Primero hace un boceto en lápiz y rotulador y luego lo acaba en el ordenador. Es un trabajo de resistencia; en 30 años ha producido más de 10.000 viñetas.
Para Padylla, la viñeta de prensa no es solo un dibujo satírico, sino una forma de activismo y denuncia social. Él mismo define su trabajo como un «artículo de opinión» donde utiliza el dibujo para señalar injusticias e insolidaridades que le parecen inaceptables. Aunque las viñetas políticas sobre presidentes generan mucha repercusión mediática, asegura que son los temas sociales los que realmente se vuelven virales y conectan con el pueblo.
Con una ironía amarga, se refiere a temas como la dependencia, las listas de espera en sanidad, la inmigración y el paro como sus «grandes éxitos», ya que Canarias suelen liderar «los rankings de lo peor» en estas materias, comenta.
No se limita a ilustrar el problema sino que , a menudo, busca «tirar de las orejas» al político responsable, como cuando retrató a la consejera de Sanidad como un vampiro tras el desmantelamiento del banco de sangre. Para él, si una viñeta incomoda al gestor público, significa que ha cumplido su función de generar espíritu crítico.
Amenazas e insultos
Padylla se declara totalmente en contra de la xenofobia, el machismo, la homofobia y los radicalismos. Ha sido especialmente crítico con formaciones como Vox y ha dibujado a Santiago Abascal «un montón de veces con el brazo alto», remarca.
Esto le ha acarreado insultos y amenazas directas en redes sociales. En una ocasión, usuarios de estas redes publicaron su foto llamándolo «idiota», pero él insiste en que su labor es defender los derechos humanos por encima de cualquier sigla.
Aclara que su crítica no es partidista, ya que también fue muy duro con el pacto de las Flores (gobierno de izquierdas del PSOE, Podemos, NC y ASG)) cuando las listas de dependencia estaban disparadas. Para Padylla, la verdadera división no es entre la izquierda y la derecha, sino entre «los políticos y el pueblo», y su lealtad siempre está «con el pueblo».
El humorista gráfico es un firme defensor del futuro de la profesión, aunque el soporte de papel sea en pocos años cosa de «nostálgicos». Como miembro de la Asociación Canaria de Humoristas Gráficos, destaca con orgullo que el relevo tiene nombre de mujer. Menciona que las nuevas incorporaciones a la asociación son mayoritariamente viñetistas, como Carolina Bonino.
La IA no hace chistes
Respecto a que la Inteligencia Artificial (IA) pueda quitarles trabajo, el humorista es escéptico y crítico. Considera que la IA es un «plagio» que se alimenta del trabajo de artistas reales, pero que carece de lo más importante: la capacidad de hacer chistes, la ironía y la chispa intelectual. Reflexiona que un viñetista no necesita ser un gran dibujante -citando a maestros como El Roto o Peridis cuyos trazos son simples-, sino un gran comunicador de ideas, algo que una máquina que solo copia nunca podrá replicar. «La IA es muy torpe haciendo chistes, no tiene ironía... Lo importante en una viñeta es la idea, y ahí la máquina no puede competir», enfatiza. Para Padylla, recibir el Premio Canarias de Comunicación en 2024 no es solo un logro personal, sino un respaldo institucional al humor gráfico en las islas.
Al enterarse del galardón, su primera reacción fue de sorpresa. En cualquier caso, lo interpreta como un homenaje a una trayectoria de 30 años de esfuerzo diario, pero sobre todo como un reconocimiento a la rica tradición centenaria de caricaturistas canarios como Cho-Juaá (Eduardo Millares Sall), Harry Beuster, Padrón o Carlos -este último fue al que sustituyó en LA PROVINCIA- entre muchos otros viñetistas isleños, que durante más de un siglo han puesto imagen a la realidad del Archipiélago.
Lejos de la autocomplacencia, aprovecha el premio para reivindicar el espacio del humorista en los medios, defendiendo que la viñeta es un espacio de libertad de expresión y denuncia necesario para la salud democrática. Su intención es usar el altavoz del galardón para pedir que los medios de comunicación vuelvan a apostar «de verdad» por los humoristas gráficos e, incluso, que contengan las viñetas de «varios» profesionales, como antaño, para ofrecer una visión satírica que complemente a la noticia y al artículo de opinión.
10.000 viñetas
Haciendo balance de estas tres décadas, Padylla estima que ha dibujado más de 10.000 viñetas. Es una producción ingente que ha seguido el ritmo de la actualidad canaria de forma casi ininterrumpida. Sin embargo, entre tanto análisis político y denuncia social, hay un grupo de dibujos que guarda con especial cariño: las viñetas que anuncian el nacimiento de sus hijos. Cada vez que nacía uno, Padylla dedicaba su espacio en el periódico para darles la bienvenida.
Su carrera ha sido, en sus propias palabras, un «viaje del héroe» a través de los medios: desde sus inicios en La Gaceta de las Palmas, pasando por La Tribuna, La Gaceta de Canarias, una edición que llevaba el diario El Mundo «embuchada» en su interior y en La Opinión de Tenerife, también de Prensa Canaria, periódico al que se incorporó en 2009 de la mano de su director Joaquín Catalán, que fue posteriormente director de EL DÍA y, al que Padylla agradece que apostara por él y por su humor gráfico. Todo un trasiego hasta que en 2015 llegó a LA PROVINCIA, para sustituir a Carlos, al que admiraba.
A Padylla le preocupa la polarización y el desinterés de la juventud, pero cree firmemente que el humor gráfico «es un enganche para generar espíritu crítico», y para que los jóvenes entren en la noticia en los medios de comunicación en las redes sociales y empiecen a cuestionar el mundo que les rodea. De hecho sus viñetas tienen mucho éxito en las redes. Hay personas que incluso le comentan que se enteran de lo que pasa en Canarias gracias a sus historias, cuenta.
Con el Premio Canarias bajo el brazo, Padylla sigue adelante, convencido de que, mientras haya una injusticia que señalar, su «centrifugadora» mental seguirá girando cada noche en busca de una viñeta que la retrate.
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