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Padylla: «Ibáñez es el mayor genio del cómic de este país, pero con diferencia”

La «mochilita» de Fernando Clavijo o los «tres pelos» de Ángel Víctor Torres forman parte de esos rasgos distintivos con los que Padylla construye sus personajes: más que el parecido exacto, el humorista busca que el lector los reconozca al instante y entienda lo que quiere transmitir con la viñeta humorística

Una viñeta de Mortadelo y Filemón.

Una viñeta de Mortadelo y Filemón. / La Provincia

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Mortadelo y Filemón, Superlópez, Zipi y Zape o Mafalda, fueron sus referentes iniciales. Con el tiempo, esa curiosidad infantil evolucionó hacia un interés más profesional, nutriéndose del trabajo de Gallego y Rey, El Roto, Forges, Peridis o Carlos, el histórico viñetista de LA PROVINCIA a quien José Luis Padilla, conocido como Padylla, terminó sustituyendo en 2015 tras su jubilación. Sus viñetas también se publican en EL DÍA.

El estilo de Padylla, Premio Canarias de Comunicación 2026, no nació de la nada, sino de una inmersión profunda en la Edad de Oro del cómic español. En su infancia, antes que los libros de texto, estuvieron los tebeos de la editorial Bruguera. El humorista canario confiesa que se nutría de personajes icónicos como Mortadelo y Filemón (Ibáñez), Superlópez (Jan) Zipi y Zape o Carpanta (ambos de Escobar) y, por supuesto, de la carga intelectual de Mafalda (de Quino), entre muchos otros.

Sin embargo, si hay un nombre que destaca sobre todos es el de Francisco Ibáñez. Para Padylla, Ibáñez no solo era una influencia, sino «el mayor genio del cómic español de este país, con diferencia». No solo creó Mortadelo y Filemón, sino a El botones Sacarino, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio o la fantástica 13, Rue del Percebe. De él aprendió la capacidad de llenar las viñetas de detalles y la narrativa visual frenética. Esa obsesión por el dibujo lo llevó incluso a realizar sus propias versiones de las mascotas del programa 1, 2, 3, como la calabaza Ruperta o El Chollo, con apenas ocho o diez años, recuerda.

También de niño cuando Padylla empezó a fijarse en el rincón de opinión de los periódicos que su padre traía a casa, colaborador de El Eco de Canarias, sus ojos buscaron ya las viñetas de la época, algo que hizo a lo largo de su juventud con los grandes maestros de la transición y la democracia. Entre sus referentes fundamentales cita a Forges, de quien admira la capacidad de retratar la idiosincrasia del pueblo, o El Roto, del que destaca su capacidad de síntesis intelectual, señalando que, aunque tiene un dibujo «simple», es un comunicador inmenso. Peridis es otro ejemplo de cómo la idea prima sobre la complejidad del trazo, puntualiza. También cita a Gallego y Rey y ala pareja Ricardo y Nacho, referentes de la caricatura política de trazo más elaborado y agudo. Por supuesto, nombra a Antonio Mingote, a quien menciona como el ejemplo máximo de «dibujos preciosos» que elevaban la viñeta a la categoría de cuadro. Y como no podía ser menos, la revista El Jueves, su ventana al humor más adulto y transgresor durante su juventud.

Una viñeta antigua de Mortadelo y Filemón.

Una viñeta antigua de Mortadelo y Filemón. / La Provincia

Padylla se siente heredero de una tradición canaria que suma más de un siglo de historia. En sus fuentes, menciona con respeto a los pioneros que abrieron camino en las islas y reivindica a los «padres de la profesión»: Eduardo Millares Sall (Cho-Juaá), pionero y creador del icónico personaje; Rafael Bethencourt (Rafaely), pintor y humorista clave en el Diario de Las Palmas; Juan Galarza, destacado caricaturista y dibujante; Harry Beuster, un referente histórico de la caricatura en Tenerife; o Padrón, otro de los nombres ilustres de la época dorada. Como contemporáneos y ‘colegas’ Padylla bebió del humor de Carlos, su referente directo en LA PROVINCIA, a quien sustituyó tras su jubilación; cita a Morgan, a Fernando Montecruz o a Eduardo González, a quien define como uno de los mejores «comiqueros» y autores de novela gráfica a nivel nacional. Mirando al presente y al futuro, Padylla destaca por tanto a sus compañeros de la Asociación Canaria de Humoristas Gráficos, pero curiosamente, pone el foco «en el talento femenino que viene pisando fuerte», como Carolina Bonino, cuya obra de denuncia social en temas de género y libros ilustrados representa, para él, el futuro necesario de la profesión, sostiene.

En su labor como humorista gráfico, saber dibujar no es lo más importante, ya que considera que el dibujo es un elemento secundario frente a la capacidad de comunicación. Afirma que el objetivo fundamental de una viñeta es comunicar una idea o un mensaje, la parte intelectual y creativa; el «cómo» se plasme ese dibujo es algo accesorio. Pone como ejemplo a grandes referentes como El Roto o Peridis, cuyos trazos son muy básicos pero logran transmitir mucho más que cuadros artísticamente complejos. Él no se define como un «gran caricaturista» en términos técnicos, sino como un viñetista de prensa o humorista gráfico. Explica que su meta no es la perfección del retrato, sino que el personaje sea reconocible (como los «tres pelos» de Ángel Víctor Torres o la «mochilita» de Fernando Clavijo) para que el mensaje llegue con claridad.

Padylla explica que el proceso de maduración de sus personajes es una combinación de evolución física, el uso de elementos distintivos y un profundo estudio psicológico de los políticos que retrata. Los dibujos no son estáticos sino que cambian según la realidad del político. Por ejemplo, recuerda que al principio dibujaba a Fernando Clavijo con un flequillo negro cuando era alcalde de La Laguna, pero con el tiempo su pelo se aclaró y finalmente se dejó barba, lo que, bromea Padylla, le «estropeó» el dibujo que ya tenía perfeccionado. Del mismo modo, asegura que el Ángel Víctor Torres que dibuja ahora no tiene nada que ver con el de sus inicios.

El autor confiesa que a menudo los primeros dibujos de un personaje no se parecen mucho al original. Es la frecuencia con la que los saca lo que le permite afinar el trazo. Un caso reciente es el de Jessica de León, a quien ha dibujado tanto por temas de turismo y vivienda que está logrando perfeccionar su caricatura hasta que se le dé «un aire», ironiza. Con esta constelación de nombres, Padylla ha construido un estilo propio que mezcla la agilidad de la escuela Bruguera con la profundidad crítica de los grandes analistas de la prensa española y la socarronería canaria.

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