REPORTAJE
El salto del pastor no es un circo: la tradición canaria que se entrena en los riscos y exige respeto
La Jurria Azamotan de Valsequillo practica en el barranco de Silva una técnica ancestral, declarada Bien de Interés Cultural, que nació para moverse por barrancos y seguir al ganado.

Adolfo Rodríguez
En el barranco de Silva no hay espectáculo, aunque desde fuera pueda parecerlo. Tampoco una ruta organizada para sacar fotos imposibles ni una exhibición pensada para las redes sociales. Lo que se ve sobre el terreno es un entrenamiento de salto del pastor canario, también conocido como brinco: saltos cortos, bastoneos, aprendizaje técnico y mucha prudencia. La jornada, realizada junto a la Jurria Azamotan de Valsequillo, sirve para entender una práctica que nació de una necesidad concreta y que hoy sobrevive entre la tradición, el deporte no competitivo y la divulgación cultural.
El salto del pastor hunde sus raíces en los primeros pobladores de Canarias. Su función original era práctica: permitir a los pastores desplazarse con mayor rapidez por una orografía marcada por riscos, laderas y barrancos, especialmente para seguir al ganado o acortar trayectos en terrenos de difícil acceso. Con una herramienta de madera rematada por una pieza metálica, el regatón, los pastores podían salvar desniveles y moverse por zonas donde caminar resultaba mucho más lento o directamente inviable.
De herramienta de trabajo a patrimonio protegido
La práctica fue declarada Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Canarias en 2018, dentro de la categoría de conocimientos y actividades tradicionales de ámbito de Canarias. El reconocimiento no protege solo una técnica física, sino una forma de relación con el territorio, con el pastoreo y con la memoria de las islas.
En Gran Canaria, la herramienta suele conocerse como garrote. En otras islas recibe nombres distintos: lanza, astia, asta, palo, regatón o lata, según el territorio. Su longitud puede variar, pero habitualmente se mueve entre los dos y los cuatro metros. La elección de la madera tampoco es casual: depende de la isla, del uso, de la disponibilidad y de la necesidad de cada saltador. En la parte inferior, el regatón permite clavar la herramienta en el terreno y convertirla en apoyo, freno y guía durante el desplazamiento.
La técnica no consiste únicamente en lanzarse. También incluye bastoneos, apoyos, control del cuerpo, lectura del terreno y conocimiento del risco. Por eso, quienes lo practican insisten en que no se aprende mirando un vídeo. El riesgo existe, pero se reduce con formación, sentido común y práctica progresiva.

Carmelo, componente de la jurria Azamotan, haciendo el salto del pastor / La Provincia
Una jurria para mantener viva la raíz canaria
La palabra jurria se utiliza en Canarias para referirse a un grupo. En el salto del pastor, muchas agrupaciones han adoptado ese término para nombrar a sus colectivos y reforzar el vínculo con la tradición. La Jurria Azamotan, creada en Valsequillo, forma parte de esa red de grupos que trabajan para conservar, enseñar y visibilizar el brinco canario.
Sus miembros explican que Azamotan es una palabra de raíz bereber o amazigh vinculada a la pella de gofio, una elección que busca conectar el nombre del colectivo con la identidad canaria. La agrupación no se limita a practicar: también divulga, organiza talleres y acerca esta disciplina a nuevas generaciones.
Esa transmisión es una de las claves. En el entrenamiento aparece un niño de nueve años que ya se interesa por el garrote y por los movimientos básicos. Para los veteranos, que los más jóvenes se acerquen al salto del pastor es fundamental. No solo porque garantiza continuidad, sino porque evita que la práctica quede reducida a una imagen folclórica o a un vídeo viral sin contexto.
Mujeres en una práctica aún masculinizada
La presencia femenina también forma parte del debate interno. Una de las practicantes recuerda que aproximadamente un 16% de quienes practican salto del pastor son mujeres. El dato refleja una realidad común a muchas actividades tradicionales y deportivas: la masculinización del espacio. “No es nada diferente con respecto al resto de prácticas y actividades en general; todo está supermasculinizado y necesitamos más”, resume.
La reivindicación no plantea diferencias técnicas, sino acceso, visibilidad y referentes. Que haya mujeres saltando, enseñando y participando en las jurrias ayuda a romper la idea de que esta tradición pertenece solo a los hombres o a una generación concreta de pastores.
El peligro de convertirlo en contenido de consumo rápido
El auge de las redes sociales ha dado una nueva visibilidad al salto del pastor. Vídeos en TikTok o Instagram muestran descensos vertiginosos, saltos espectaculares y movimientos que llaman la atención de quien no conoce la disciplina. Esa exposición puede despertar curiosidad, pero también preocupa a los colectivos.
Los saltadores rechazan que se presente como un circo o como una prueba de valentía. Insisten en que detrás de cada movimiento hay aprendizaje, respeto al entorno y una carga patrimonial. “Somos portadores de ese bien”, recuerdan quienes lo practican. La frase resume la responsabilidad que sienten: no se trata solo de conservar una técnica, sino de transmitirla sin banalizarla.
Una tradición que llegó a estar en riesgo
El salto del pastor estuvo cerca de desaparecer como práctica viva. La recuperación impulsada desde los años ochenta y noventa permitió que los colectivos se organizaran, que surgieran jurrias en distintas islas y que finalmente se consolidara una federación. Hoy, la Federación de Salto del Pastor Canario agrupa a las jurrias y mantiene una actividad regular en el archipiélago.
Los datos muestran una disciplina pequeña, pero viva. La Federación contabilizaba 455 saltadores federados en 2025 y 18 colectivos, jurrias o clubes federados. No es una actividad de masas, pero sí una práctica con estructura, calendario y presencia en talleres, encuentros y jornadas divulgativas.
En el barranco de Silva, lejos del ruido digital, el salto del pastor se entiende mejor: no como una temeridad, sino como una herencia. Un modo de moverse por la tierra que nació del pastoreo, sobrevivió al olvido y hoy busca seguir saltando de generación en generación.
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