Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Miguel Planas mira al futuro tras seis años ingresado en el Insular por una lesión medular: «Quiero empezar a vivir al nivel al que he vivido siempre»

La movilización ciudadana, las donaciones y los actos solidarios permiten adaptar una vivienda para el grancanario, que aprovecha su historia para visibilizar la situación de otras personas que continúan sin alternativas fuera de los centros sanitarios

Miguel Planas recibe el alta tras 6 años ingresado en el Insular.

La Provincia

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
María Alfonso Rodríguez

María Alfonso Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria

Lo primero que menciona Miguel Planas cuando habla de su nueva vida no es el hospital que deja atrás, tampoco los seis años de espera. Ni siquiera las dificultades que ha tenido que superar para llegar hasta el día de hoy. El grancanario, que llevaba seis años ingresado por una lesión medular, habla de viajar y de una enorme ilusión por todo lo que venga a partir de ahora.

«Tengo ambiciones de hacer muchas cosas, de viajar, de intentar recuperar estos seis años aquí», cuenta. Después de tanto tiempo viviendo en una habitación hospitalaria, Planas abandonó este lunes el Hospital Insular tras una prolongada batalla para conseguir una vivienda adaptada a sus necesidades. Atrás queda un largo periodo marcado por una lesión medular que le dejó tetrapléjico tras un accidente mientras practicaba acrobacias. Por delante, una nueva etapa en la que quiere recuperar proyectos aplazados durante demasiado tiempo y volver a construir una vida fuera de las paredes que han sido su hogar desde 2020.

Miguel Planas se despide de sus compañeros y personal sanitario del Insular.

Miguel Planas se despide de sus compañeros y personal sanitario del Insular. / La Provincia

La salida estuvo cargada de emociones compartidas junto a profesionales sanitarios y compañeros, quienes le esperaban en el pasillo con cariño. Entre abrazos, aplausos y despedidas, Miguel comenzaba por fin el camino hacia un hogar propio y adaptado.

«Ahora con muchísimas ganas, con muchísima ilusión de tener mi nueva casa, de empezar nuevos proyectos, nuevas metas también», compartía antes de abandonar el centro. «Quiero empezar a vivir al nivel al que he vivido siempre», concluye.

Una lucha más allá de la lesión

La historia de Miguel no se resume únicamente en una rehabilitación, durante estos años también ha tenido que enfrentarse a una compleja carrera de obstáculos administrativos para encontrar una alternativa que le permitiera abandonar el hospital. «Me ha costado mucho esfuerzo, me ha costado en principio intentar luchar por la burocracia y hacer las cosas como tenían que ser», explica.

La posibilidad de salir ya estuvo cerca en 2023, entonces se planteó una solución a través de una subvención del Gobierno de Canarias, pero las condiciones no se adaptaban a una situación tan compleja como la suya. «No solamente por lo físico, sino también por mis necesidades de atención», recuerda.

Mientras la espera se prolongaba durante años, Miguel defendió públicamente la necesidad de que existan más recursos para personas con grandes necesidades de apoyo que, como él, no pueden regresar a sus hogares sin una solución adecuada.

Miguel Planas se despide de sus compañeros y personal sanitario del Insular.

Miguel Planas se despide de sus compañeros y personal sanitario del Insular. / La Provincia

La fuerza de la solidaridad

Si hay algo que Miguel destaca al mirar atrás es la respuesta que encontró fuera del hospital. En todo este tiempo, cientos de personas se movilizaron para ayudarle a reunir fondos con los que adaptar una vivienda a sus menesteres. «Después acudí a la gente, que me ha brindado muchísimo, me ha ayudado muchísimo en toda esta etapa y gracias a la gente es que estoy en mi casa ahora», afirma.

Las muestras de apoyo llegaron de muchas formas, hubo incluso conciertos benéficos. Recuerda especialmente el primero celebrado en el edificio Miller de Las Palmas de Gran Canaria: «Fue brutal, fueron más de 200 personas», rememora.

Aquella movilización fue creciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en el impulso definitivo para hacer realidad un proyecto que durante años pareció inalcanzable. Por ello, cuando habla de su salida, evita presentarla como una victoria individual y prefiere comprenderla como el resultado de un esfuerzo colectivo.

Miguel Planas se despide de sus compañeros y personal sanitario del Insular.

Miguel Planas se despide de sus compañeros y personal sanitario del Insular. / La Provincia

De sanitarios a amigos

En estos seis años, el Hospital Insular fue mucho más que un centro sanitario para Miguel. Fue el lugar donde pasó la mayor parte de sus días, donde compartió experiencias con otros pacientes y donde construyó vínculos que hoy considera fundamentales.

Por eso una parte importante de su agradecimiento está dirigida a quienes le acompañaron durante todo este tiempo. «Tengo que agradecerles mucho al personal sanitario que ha estado aquí porque, más que enfermeros o auxiliares, muchos se han convertido casi que en amigos», asevera.

La convivencia diaria hizo que las relaciones trascendieran el ámbito estrictamente profesional. Entre habitaciones, terapias y largas estancias surgieron amistades difíciles de explicar a quien nunca ha vivido una situación similar. «Te entiendes con las personas que tienen sus problemas, sus situaciones, empatizas muchísimo y eso hace que hagas muchas amistades», relata.

Miguel Planas se despide del Insular tras seis años junto a su madre, Ana Fernández.

Miguel Planas se despide del Insular tras seis años junto a su madre, Ana Fernández. / La Provincia

Una realidad que sigue existiendo

Miguel insiste en que su caso no es una excepción. De hecho, una de las razones por las que decidió visibilizar su situación fue precisamente llamar la atención sobre una realidad que afecta a muchas más personas. Según denuncia, existen muchas más personas que continúan viviendo en centros sanitarios porque no disponen de recursos adecuados en el exterior.

«Sé que en Canarias hay cientos de personas que viven en hospitales porque no existe un recurso social que les permita vivir en un entorno menos hospitalario», afirma. Por eso considera necesario que su historia sirva también para abrir un debate sobre las alternativas existentes para quienes necesitan apoyos permanentes.

Miguel no esconde los momentos más difíciles que ha atravesado. Reconoce que hubo etapas marcadas por la desesperanza y el agotamiento emocional. «He pasado momentos en las que no quería seguir viviendo», admite. Sin embargo, asegura que el tiempo le permitió cambiar la perspectiva y encontrar razones para seguir adelante. En ese proceso, la ayuda de familiares, amigos, profesionales y personas anónimas resultó decisiva.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents